CAPÍTULO DIECINUEVE: RECONCILIACIÓN Camino por el pasillo nerviosa. Estará ahí; en la puerta esperándome. Lo ha hecho cada tarde durante toda la semana. No sé si quiero verle. No sé si quiero escucharle. La plática con Eloy me ha dado mucho que pensar, pero aún sigo muy confundida. >, recuerdo las palabras de mi jefe. Como siempre, mi sexto sentido advierte su presencia antes de siquiera observarle. No me ha decepcionado. Como cada tarde, se encuentra parado frente a mi puerta. Continúa tan guapo e imponente como siempre. Aunque las sombras oscuras bajo sus ojos grises —ahora apagados— delatan sus noches sin dormir. Bien. Al menos, no soy la única atormentada en sueños. Las pesadillas apenas me dejan dormir. Las heridas del pasado se mezclan con mi presente y se hace insoportable

