3. EL MEJOR SEXO DE MI VIDA

2456 Words
Capítulo tres: El mejor sexo de mi vida De: Daniel Gold. Para: Amanda Roldan. Fecha: 2 de marzo de 2018. 9:03 a.m. Asunto: Nuevo vocabulario. Señorita Roldan: Esta mañana luce encantadora. Adoré nuestra conversación en el ascensor. Le doy me eterna gratitud. Gracias a usted es descubierto que el elevador para trabajadores es más divertido que el privado. Una vez dicho esto, ¿debemos añadir prepotente y asno a mi larga lista de cualidades? Atte, Daniel Gold. Presidente de Golden Publishing Company. Volteo la mirada una vez más. Llevamos dos semanas enfrentándonos cada vez que nos vemos. Ahora el jefe mayor utiliza el ascensor para trabajadores y visitas, en las mañanas y por las tardes, solo para enfrentarme. No siendo suficiente, me envía correos todos los días. Creo que ambos nos estamos divirtiendo con este juego. De: Amanda Roldan. Para: Daniel Gold. Fecha: 2 de marzo de 2018. 9:05 a.m. Asunto: Mi jefe idiota. Estimado señor Gold: Le pediría por favor que dejara de enviar correos que no sean sobre asuntos de trabajo. Tengo un jefe patán arrogante, que no admite distracciones en la empresa. Nuestro enfrentamiento de esta mañana no ha sido más que la punta del iceberg. Sus comentarios y sus correos, solo me hacen reafirmar mi opinión sobre usted. PD: puede añadir las palabras a la lista. Le quedan como anillo al dedo, junto con ACOSADOR. Atte, Amy Roldan. Asistente de Eloy Gold, Golden Publishing Company. Sonrío mientras envío el correo. > Su respuesta no tarda en llegar. De: Daniel Gold. Para: Amanda Roldan. Fecha: 2 de marzo de 2018. 9:08 a.m. Asunto: Re: mi jefe idiota. Señorita Roldan: Creo que tendré que adoptar otro método para hacerle cambiar de opinión. No dude que este será efectivo. Nos vemos en el ascensor privado a las 12:00 m. Ni un minuto más. Ya veremos si le parezco acosador después de este enfrentamiento. PD: Cabe aclarar que es OBLIGATORIA su asistencia a la cita o no me quedará más remedio de tomar medidas drásticas. PDD: adoro el asunto de su anterior correo. Su jefe idiota, Daniel Gold. Presidente de Golden Publishing Company. > Creo que lo he provocado demasiado. Una cita en el ascensor privado; me huele a sexo. No me parece tan buena idea ahora. >, alenta mi subconsciente. >, insiste. >, replico. Ya me he acostumbrado a estas absurdas conversaciones. >, agrega. >, le ordeno. > — ¡Calla de una maldita vez! —grito. Creo que lo he dicho en voz alta, cuando veo a Eloy mirarme preocupado. — ¿Amy, estás bien? —Indaga. — Sí —contesto—. Estaba leyendo un manuscrito. Supongo que me emocioné demasiado. Mi jefe asiente y vuelve a lo suyo. > Respiro profundamente. Estoy indecisa—. Vamos, Amy. Tú puedes. Eres una mujer independiente y segura de ti misma. Te lo follarás y este hombre dejará de excitarte. Nadie tiene que saberlo. Mi decido y envío un corto mensaje. De: Amanda Roldan. Para: Daniel Gold. Fecha: 2 de marzo de 2018. 9:15 a.m. Asunto: Cita. Ciertamente lo dudo. Pero lo daré el beneficio de la duda. Ahí estaré. Atte, Amy Roldan. Asistente de Eloy Gold, Golden Publishing Company. Las cartas están echadas. Solo queda esperar mi destino. Me remuevo inquieta frente al ascensor. No sé si es de los nervios, la excitación, o tal vez ambos. Creo que he enloquecido. >, repito para mis adentros. El sonido de las puertas abriéndose detiene mis movimientos. La imponente figura de Daniel Gold aparece frente a mí. — Señorita Roldan —utiliza su habitual cortesía—, creo que tenemos una cita pendiente. Me hace señas para que entre. Respiro profundamente y me dirijo hacia él—. Señor Gold. Tan puntual como siempre. — Vaya, ¿acabo de escuchar un cumplido? —pregunta sonriente. ¡Oh, por Dios! Su sonrisa es demasiado atractiva. — Si quiere, puede agregarlo a la lista —contesto sarcásticamente, mientras lo observo bloquear el ascensor con una llave. — Estoy a punto de borrar esa lista, señorita Roldan —asegura acercándose a mí. — No ve cómo podrá lograrlo, señor —logro decir sin tartamudear. Me encuentro más nerviosa de lo que esperaba—. Soy muy difícil de convencer. Mi voz es apenas un susurro. Él ya se encuentra sobre mí. Puedo sentir su aliento acariciarme el rostro. — Y yo soy muy bueno convenciendo gente, Amanda —susurra en mi oído, acariciándolo suavemente con sus labios—. De ello vivo. Sus labios recorren desde mi oreja hasta la comisura de mi boca con suavidad y lentitud. Sus manos se posicionan en mis caderas y su tacto me estremece. >> Esto es lo que querías, Amanda. Me has provocado y ahora conocerás al verdadero Daniel Gold. Antes de poder contestarle, sus labios atrapan los míos en un apasionado beso. Un gemido involuntario escapa de mi boca, acto que él aprovecha para introducir su lengua. Siento mi cuerpo chocar fuertemente contra la pared y ya estoy perdida en un mundo de sensaciones. >, grita mi fuero interno. Nuca había experimentado algo así. Solo me está besando y me tiene rendida a sus pies. A estas alturas mis bragas son un desastre. Sus manos me acarician la cintura y logran meterse dentro de mi blusa. Me recorren lentamente hasta llegar a mis senos y acariciarme por encima del sujetador. Mis manos se dirigen hacia su torso e imitan las suyas. Cuando deshace el broche del sujetador, ya mis dedos aprietan el agarre sobre su espalada. No sé de qué forma logré introducirlos dentro de su ropa, ya que lleva saco y camisa. Siento su tacto en mi trasero y creo que es mi señal para envolver mis piernas en sus caderas. Cuando acaricia mi muslo interno, me aplaudo a mí misma por usar una falda hoy. Se abre camino entre mis piernas, mientras yo desabotono su camisa. Quiero ver su pecho, su torso completamente y cuando lo logro, jadeo; es mejor que en mis fantasías. Daniel se percata y me sonríe. — ¿Te gusta lo que ves? —pregunta. — No está nada mal —no reconozco mi propia voz. La lujuria me ha poseído completamente. Siento el sonido de la tela rasgándose. Unos segundos más tarde, me percato de que son mis bragas. — Eran nuevas, señor Gold —protesto. — Te compraré unas mejores —comenta y no me da tiempo a protestar cuando sus dedos están en mi interior. Soy toda gemidos. Nunca me consideré alguien ruidosa en el sexo. Pero Daniel Gold ha cruzado todos mis límites y logrado que desconozca mi propio cuerpo. Y lo ha hecho en tiempo récord. Protesto cuando sus dedos abandonan mi sexo. Me hace mirarlo fijamente. >> Dime que quieres esto, Amanda —ordena—. Dime que lo deseas tanto como yo. Asiento—. Sí. Te deseo, Daniel —le tuteo por primera vez y se siente genial. No termino de hablar, cuando lo siento introducirse en mí. Un millón de sensaciones me embargan. Él se mueve con fuerza, dentro y fuera, mientras yo lo impulso apoyándome en sus caderas. Cierro los ojos ante el placer de cada embestida. Mi cuerpo se contrae como anticipación al orgasmo inminente. Siento a Daniel gruñir y embestirme con más fuerza. Somos un vaivén de caderas y mi cuerpo choca contra la pared una y otra vez. Cuando acelera sus acometidas, mi cuerpo explota de placer en el acto; dando paso al orgasmo más asombroso e intenso de mi vida. Segundos después, lo siento llegar al éxtasis también. Nunca había experimentado algo así de intenso. No había tenido muchas relaciones, pero las suficientes como para explorar y disfrutar del ámbito s****l. Sin embargo, las sensaciones y el placer que acabo de experimentar, no los había sentido nunca. Sonrío mientras apoyamos nuestras frentes en el hombro del otro. He tenido el mejor sexo de mi vida. ¡Y ha sido en un elevador! No sé cuánto tiempo transcurre hasta que nuestras respiraciones se normalizan. En algún punto, mis piernas se encuentran nuevamente en el suelo y Daniel fuera de mí. Le observo limpiarse con un pañuelo y cederme otro para mí. — Gracias —murmuro tomando la delicada seda. Un hombre muy bien preparado. Me pregunto cuántas veces habrá utilizado el ascensor de esta forma. — Un placer —responde. Nos recolocamos la ropa y tratamos de arreglarnos en silencio. Peino mi cabello con mis dedos mientras contemplo mi reflejo de la pared. Al terminar, Daniel saca la llave y el ascensor reinicia su trayectoria habitual. — Entonces —rompe el silencio—, ¿ha cambiado de opinión, señorita Roldan? — No —niego, adoptando una actitud contundente—. Me temo que permanezco fiel a mis ideales —hago una pausa para sonreír posteriormente—. Pero puede añadir virtuoso a su lista de cualidades. El desconcierto asoma por su rostro por unos segundos, luego sonríe maliciosamente. El sonido del timbre anuncia el fin de nuestra travesía. — Buenas tardes, señor Gold —salgo automáticamente del ascensor, dejándole nuevamente con la palabra en la boca. Sí. Definitivamente he enloquecido. Pero por los besos y caricias de Daniel Gold, estoy dispuesta a arriesgar mi salud mental. *** De: Daniel Gold. Para: Amanda Roldan. Fecha: 8 de marzo de 2018. 8:15 a.m. Asunto: Buenos días. Querida señorita Roldan: Luce usted radiante esta mañana. ¿Tal vez se deba a cierta cita ayer en la tarde en el ascensor? Se le veía totalmente satisfecha. Ya que hablamos del tema, ¿podemos añadir resistente y caliente a la lista? Creo que me lo he ganado. PD: ¿Recibió mis flores? Esperando respuesta, Daniel Gold. Presidente de Golden Publishing Company. Sonrío nuevamente al leer el correo. Ha pasado una semana desde nuestro primer encuentro en el ascensor, el cual se ha multiplicando. Oficialmente, tengo sexo con mi jefe. Al principio estaba un poco reacia respecto al tema —hay demasiado en juego—, pero tuvimos una conversación seria en donde acordamos ciertos términos. Ambos tenemos claro dos cosas: es solo sexo y nadie puede saber de nuestros encuentros. Observo las hermosas azucenas. El primer día me envió unas rosas rojas y le contesté que no le funcionaría; las rosas no eran mis flores favoritas. Desde entonces, me envía flores todas las mañanas, esperando acertar con las indicadas. De: Amanda Roldan. Para: Daniel Gold. Fecha: 8 de marzo de 2018 8:21 a.m. Asunto: Buenos días, señor. Estimado señor Gold: Gracias por el cumplido. Tal vez su impresión se deba al atuendo que llevaba hoy. Me han dicho que los vestidos me quedan muy bien. ¿Satisfecha? Le queda mucho camino por recorrer para llegar a ese punto, señor. ¿Resistente? Tal vez. ¿Caliente? No tanto. Si pretende que le haga enaltecer su ego, se quedará esperando, señor. PD: Sí las recibí. Muy bonitas, pero no son mis favoritas tampoco. Radiante e insatisfecha, Amy Roldan. Asistente de Eloy Gold, Golden Publishing Company. Me pongo a redactar el informe sobre las lecturas en el sitio web, del libro feminista por el cual debatimos en la junta hace unas semanas. Estaré encantada de arrojarle a la cara los resultados al señor Gold. El sonido anuncia un nuevo correo en mi bandeja. De: Daniel Gold. Para: Amanda Roldan. Fecha: 8 de marzo de 2018. 8:23 a.m. Asunto: Asistente provocadora. Ya veremos si queda satisfecha o no esta noche, señorita. Hoy me dirá cuán caliente soy. Lo prometo. PD: Seguiré intentándolo. Muy, muy caliente, Daniel Gold. Presidente de Golden Publishing Company Suspiro. Debo reconocer que solo le escribo estas palabras para provocarle. Me gusta hacerlo. Daniel Gold va mucho más allá de lo caliente. De: Amanda Roldan. Para: Daniel Gold. Fecha: 8 de marzo de 2018. 8: 25 a.m. Asunto: Promesas, promesas… Me encantaría hacerle tragarle sus palabras, señor. Pero hoy no podrá ser. Debo informarle que tengo una vida fuera de la editorial. Hoy saldré con mis amigos por una copa en la tarde. De manos atadas, Amy Roldan. Asistente de Elioy Gold, Golden Publishing Company. Me encantaría acudir a esa cita, pero no puedo posponer mi vida y mis amigos por él. Es solo sexo. Es mejor poner distancias. Un minuto después me llega su respuesta. De: Daniel Gold. Para: Amanda Roldan. Fecha: 8 de marzo de 2018. 8: 26 a.m. Asunto: Lo que prometo, lo cumplo… Jamás le impediría que saliera y se divirtiera con sus amigos. ¿Tal vez podamos mover la cita a mi departamento, en la noche? Ansioso por cumplir su promesa, Daniel Gold. Presidente de Golden Publishing Company. Releo una vez más el correo. ¡Me ha invitado a su casa! No sé si sea buena idea. >, mi subconsciente hace acto de presencia. >, insiste. >, concuerdo. >, internamente aplaudo. >, aclara. ¿Es que nunca se puede quedar callada? Decido aceptar la oferta. Estaría muy bien tener sexo en la cama, para variar. Aunque el ascensor siempre será mi lugar favorito. De: Amanda Roldan. Para: Daniel Gold. Fecha: 8 de marzo de 2018. 8: 30 a.m. Asunto: Cita postergada. Mi jefe ordena y yo cumplo. Su mejor trabajadora, Amy roldan. Asistente de Eloy Gold, Golden Publishing Company. No tarda en llegar su respuesta: De: Daniel Gold. Para: Amanda Roldan. Fecha: 8 de marzo de 2018. 8: 32 a.m. Asunto: Re: Cita postergada. Tendré que nombrarla empleada del mes. PD: Envíeme un mensaje cuando esté libre y el bar en que se encuentre y mi chofer irá a recogerla. Su jefe más servicial, Daniel Gold. Presidente de Golden Publishing Company. Alucino. Iré a su casa y me enviará a su chofer. Le contesto brevemente: De: Amanda Roldan. Para: Daniel Gold. Fecha: 8 de marzo de 2018. 8: 35 a.m. Asunto: Complaciendo peticiones. Hecho. Tenga un buen día, señor Gold. Empleada del mes, Amy Roldan. Asistente de Eloy Gold, Golden Publishing Company. Cierro mi bandeja de correo y me pongo con el informe. Este día promete y la noche estará movidita.
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