Prólogo
Camila llegó corriendo a las puertas de aquel orfanato con una bebé en brazos. Toco a la puerta y esperó pacientemente a que le abrieran. Una monja le abrió y al verla la dejó entrar, sabía quien era, había venido estando embarazada, era una mujer que a leguas se veía que venia de una familia con dinero, no era muy alta, pero era hermosa, rubia, con ojos verdes aguamarina y facciones delicadas. Se veía angustiada.
Llegaron a la puerta del despacho de la madre superiora y la dejo entrar. Camila se acerco a una silla dejo una pequeña maleta en el suelo y un sobre encima de la mesa.
-Madre Lucia, aquí estoy, como acordamos. Recuerde que debe protegerla, no debe decirle a nadie quien es, si alguien de mi familia o la de su padre se enteran, estará en peligro. La niña se llama Elena, debe darle esta carta cuando cumpla la mayoría de edad, ahí hay instrucciones de a donde debe ir. Estaré al pendiente de que se cumpla a cabalidad con todo, mientras esté cuidada, recibirá cada mes una jugosa donación como le prometí. Si llegara a pasarme algo, un amigo intimo, que figura como su padre en su acta, se hará cargo de todo en mi ausencia. Este es su numero si es el caso de que yo no responda a ningún mensaje o llamada de su parte. Si le llega a pasar algo a mi hija usted sufrirá las consecuencias. No me gusta amenazar a nadie, pero por mi hija estoy dispuesta a todo, y recuerde, no debe ser adoptada.
La madre superiora escuchó atentamente todo lo que la mujer le decía. Ella no era una mala mujer y de verdad quería proteger a esa niña, así que con toda seguridad le contesto:
-No se preocupe Sra. Camila, la cuidaré con mi vida, de hecho, le tendré especial cuidado. Entréguemela para que pueda irse. Estaremos al tanto.
Camila asintió, le entregó los papeles de Elena junto con la carta, le puso un collar en su cuello con un relicario y una foto de ambas en ella, le dio un beso en la frente y se fue con su corazón roto, convencida de que hacía lo que debía para salvarle la vida a su hija.
Y así Elena creció en ese orfanato con la certeza de que su madre la había dejado ahí por alguna razón que no entendía, pero dentro de su corazón, incluso cuando apenas empezaba a entender donde vivía, sabia que su madre la amaba, sino no le hubiese dejado ese collar con su foto.
Elena era una niña especial, con una intuición y un don particular que le permitía saber si alguien estaba en peligro, mientras más involucrada estaba con la persona, más fácil era para ella sentirlo. Sin embargo, había una persona que siempre veía en sueños, no sabía quien era, pero sabía que un día lo conocería y que además estaban destinados a estar juntos, cada tanto soñaba con sus hermosos ojos café profundo que la miraban directamente a sus ojos verdes con amor.
Un día despertó llorando, tenia tan solo 5 años y le dijo a la madre superiora que había tenido una pesadilla en donde veía a su madre morir en un auto que explotaba y la devoraban las llamas. 2 días después recibió una llamada.
-Madre Lucía, soy Lincoln, el esposo de Camila, lamento informarle que ayer hubo un atentado y ella murió.
-¿Cómo fue?
-Su auto explotó cuando lo encendió ayer en la mañana para ir al trabajo.
Lucia se sentó de golpe, no podía creer la precisión de la visión de Elena.
-De ahora en adelante me encargaré de las donaciones y que la persona que protegemos este a salvo, yo me comunicaré con usted y le daré una línea segura, mientras tanto espere mi llamada cada semana.
-De acuerdo, pierda cuidado Sr. Lincoln, así será.
Y sin más, la llamada finalizó.
Los años pasaron y muchas cosas sucedieron dentro de ese orfanato que Lincoln nunca supo por el miedo de Lucia a una represalia, pero es que la situación se le salió de las manos, afortunadamente logro llegar a tiempo ante de que sucediera una tragedia mayor, pero ya el daño estaba hecho. Luego de haber acertado en la manera en como su madre murió, los episodios en donde vaticinaba la muerte o el daño a la salud de alguien se hizo más común, la niña no sabía como evitarlo, hasta que un día le dijo a una de las señoras que trabajaba en el orfanato en el área de la cocina que tuviera cuidado con su bebé, que podría de un momento a otro dejar de respirar, la señora no le dio importancia, que podría saber una niña de 8 años sobre sus hija, ella estaba en perfecto estado, así que cuando sucedió, la mujer simplemente se trastornó, se metió de noche al orfanato y la llevo una parte apartada del patio y decidió que la quemaría viva como la bruja que era, Elena no entendía que sucedía, solo estaba muy asustada por como había reaccionado aquella señora por la muerte repentina de su hija. Cuando comenzó el fuego, Lucia estaba en su despacho, llamo a los bomberos y corrió lo más rápido que pudo, y el horror la hizo reaccionar de inmediato, como pudo saco a Elena de la hoguera no si antes quemarse un poco la ropa, se llevaron a la mujer a un psiquiátrico y a ellas directo al hospital. Y aunque Elena recibió ayuda psicológica después de eso, nunca más quiso hablar de sus visiones, aun las tenia, pero ya no estaba segura de querer compartirlas con el mundo.
Elene era una niña dulce, educada y siempre dispuesta ayudar a otros, era la hermana mayor de todos los niños que iban llegando al orfanato, ella hacia sus vidas un poco menos tortuosa y triste de lo que eran. Ella era hermosa, era igual a su madre incluso en sus ojos que iban del verde al azul según su estado de animo, nadie se daba cuenta de ese detalle, ella lo noto al llegar a la adolescencia, era un rasgo que le encantaba. Cuando estaba extremadamente alegre sus ojos eran verdes cual esmeraldas, cuando esta enojada era verde oscuro oliva, pero cuando estaba triste se ponían de azul agua marina intenso que reflejaba la profundidad de su aflicción.
Sus años en el orfanato después de ese incidente no fueron tan malos, sin embargo, cada tanto tenía pesadillas donde sentía que la quemaban viva, a lo largo de los años se iban distanciando las veces en que ocurría, hasta que solo pasaba una vez al mes.
Cuando cumplió los 18 años, luego de una linda fiesta, la madre Lucia le pidió que la acompañara a su despacho, era el momento de que supiera la verdad sobre su origen.