SEBASTIÁN
Hoy fue un día de locos, arreglando mil asuntos, antes de la llegada de la protegida de mi tío, la he visto de lejos, es hermosa, me da mucha curiosidad, pero mi tío me prohibió acercarme hasta que no llegara a casa, además no puedo conquistarla a menos que quiera algo serio con ella. Yo no soy de enamorarme y ni de matrimonio mucho menos, me gusta demasiado mi libertad para encadenarme a alguien el resto de mi vida, y menos después de lo de Caty. Aunque no voy a negar que verla desde lejos me causa una extraña fascinación.
Las veces que fui al orfanato a acompañar a mi tío Linc nunca nos llegamos a cruzar, pero la veía interactuar con los niños y se veía realmente hermosa, feliz de compartir con ello, había cierto misterio en su mirada que no podía descifrar por estar muy lejos, pero me propuse averiguarlo, por eso estaba tan ansioso de volver a casa, ella ya debe de estar allá y yo aquí en esta reunión que me parecía eterna. Nada como algo prohibido para despertar mi interés, seguro cuando la tuviera en mis brazos ya pasaría de la novedad, solo que no iba a ser tan fácil, de verdad mi tío la protegería incluso de mi, así que iba a tener que ser cuidadoso con todo lo que a ella se refiere.
Llegué a casa ya eran las 11:30, fui a ver a mi tío a su habitación.
-Hola tío Linc, aun despierto.
-Te estaba esperando.
-¿Ya llegó? – Le pregunté tratando de sonar despreocupado, pero él me conocía muy bien, desde que murieron mis padres cuando tenia 10 años en un accidente de avión, él había cuidado de mí, así que 15 años eran suficiente para el conocer cada una de mis mañas.
-Te lo advierto Bastian, si la vas a conquistar que sea para casarte con ella, si no, déjala en paz.
-Linc por favor, no digas tonterías, ¡yo casado!, me conoces más que eso.
-Porque te conozco, te quiero lejos de ella, y ahora que la vi de cerca con más razón.
-¿A qué te refieres?
Lo vi resoplar, indeciso en si decirme o no, él sabia exactamente como me gustaban las mujeres y que pusiera esa cara me llamaba a saber más de ella.
-Es realmente hermosa, y tiene un cierto aire de misterio…
-Que me encantaría, ¿No es así?
Resignado, asentó con la cabeza, estaba realmente preocupado. Sentí algo en mi pecho que no supe describir, que se estuviera dando esta conversación solo me daba más ansiedad.
-¿Dónde esta ahora?
-Esta durmiendo, Margaret me dijo que estaba cansada. Mañana te la presentaré.
-De acuerdo, buenas noches. Tranquilo tío, de verdad intentaré comportarme.
Lo dije no muy convencido, pero si con la intención de no querer hacerle daño. Fui hasta mi habitación y en el camino estaba la de ella. Me paré frente a su puerta no se por qué y luego seguí mi camino. Me di un largo baño y me puse un pantalón de pijama n***o y deje mi torso desnudo, se que era otoño, pero la casa se mantenía bastante caliente y a mi me gustaba dormir sin camisa, así que, así como estaba baje por un vaso de agua. Una de las luces de la cocina estaba encendida, entre y ahí estaba, me sentí extraño y atraído por esa hermosa mujer que estaba ante mis ojos, y como un imán, mi cuerpo caminó hasta ella, ella levanto su mirada y se encontró con la mía, tenia los ojos tristes, eran azules o verdes, no sabría definirlos lo que si sé es que solo quería protegerla de lo que sea que la estaba haciendo sufrir, sin embargo, al verme levanto sus manos para acariciar mi rostro y dijo en un susurro que apenas pude oír.
-Eres tu, al fin ten encontré.
ELENA
Me desperté con la pesadilla de siempre, el fuego, la hoguera y el miedo. Me lavé la cara en el baño y decidí ir a la cocina a hacerme un té, no sabia donde estaba, pero por la hora no me atrevía a molestar a nadie, encontraría la forma, o al menos me tomaría un vaso de agua.
Llegue a la cocina y prendí una de las luces, comencé a buscar y conseguí todo lo necesario estaba ahí esperando que el hervidor terminara de calentar el agua cuando lo sentí llegar, se paró frente a mi y yo subí mi rostro, era alto, con el cabello oscuro, piel blanca y ojos cafés, esos mismos ojos cafés que había visto tantas veces en mis sueños y que me hacían amarlo sin siquiera habernos conocido.
Sin poderlo evitar levanté mis manos para acariciar su rostro y dije muy bajo.
-Eres tú, al fin te encontré.
El cerro sus ojos como disfrutando de mis caricias y de repente sus manos estabas en mi cintura y me atrajo hasta él para abrazarme. Nos quedamos así un buen rato, luego él se separó de mí y solo se fue corriendo de la cocina y yo me quedé ahí sin entender nada, primero me había abrazado y luego solo se fue.
El hervidor sonó, me serví el té y me fui a mi habitación, ya lo vería mañana y le preguntaría que era lo que había pasado, luego de tomarme el té volví a dormir con la certeza de que mañana lo vería de nuevo.