—Pero ¿Qué pasa? —preguntó Nathan un poco confuso mientras observaba a Astrid, y luego ponía su mirada hacia ese extraño chico delgado de cabello obscuro.
—No sabía que vivías aquí —dijo Astrid. —De hecho no te había visto en años.
—Sí, lo sé yo tampoco sabía que te encontraría aquí éste fue el último lugar en el que creí poder encontrarte —dijo Sam.
—¿Pueden explicarme lo que está pasando? —dijo Nathan posando su mirada en Astrid. —No estoy pintado en la pared.
—Sí lo siento Nathan —respondió mientras lo miraba un poco nerviosa. —Él es Sam un amigo...
—Su ex novio —interrumpió aquel chico. De repente ella soltó una pequeña risa nerviosa con la voz quebrada, las manos le sudaban frío y sentía el corazón latiendo fuerte pero no era por Sam, era por lo que Nathan sería capaz de hacer.
—Bu... bueno eso fue hace mucho tiempo, y fue por Internet eso no cuenta —intentaba mejorar la situación.
—El amor no tiene ni sabe de distancia —dijo Sam. —Tú me amabas.
—¡Ay por dios!, tenía como catorce o quince años eso que hice fue una tontería —dejó que sus nervios e inseguridades hablaran por ella en ese momento. —Hubiese sido mejor nunca encontrarnos, vámonos Nathan —lo cogió del brazo y lo hizo poner de pie para poder dirigirse hasta la salida, Sam los siguió y le tocó el hombro a Astrid antes de que pudiese alejarse del restaurante.
—Podemos ser eso que no pudimos ser hace tiempo —dijo como si de verdad pretendiera recuperar esos años.
—Como ves tengo novio —besó a Nathan. —Lástima Sam, busca otra hay muchas en Nueva York.
De regreso en el hotel.
—No preguntes por qué te besé —le dice a Nathan, pero estaba tan apenada que salió corriendo directo a la habitación.
—¿Qué le pasa? —se pregunta Nathan a sí mismo. —Se ve que está triste o algo así, mejor iré para hablarle no quiero que se sienta mal, esto no hubiese pasado si no la hubiese hecho salir —él toca la puerta para ver si ella está bien y si lo puede dejar entrar, se siente culpable a pesar de todo y ese era un sentimiento que era nuevo para él.
—No quiero hablar —dice Astrid a medias por estar boca abajo en la cama con su cara en la almohada.
—Pues hasta donde sé somos los únicos en la habitación si no te hablo yo nadie más vendrá a consolarte anda déjame pasar, charlemos un rato te traje helado y sé que nadie rechazaría un helado —dice Nathan mientras se recuesta en la puerta esperando una respuesta.
—Déjame sola por favor, necesito estarlo, además no me gusta el sabor de helado que está en la nevera —responde Astrid. Pero Nathan no es de esos de cumplir órdenes además se sentía culpable así que abrió la puerta y entró, vio a Astrid en la cama arropada y se escuchaba como si estuviese llorando, Nathan se sentó al lado de ella y comenzaron a charlar. Ella tenía vergüenza de que él estuviese en su habitación escuchando sus llantos, pero al mismo tiempo se sentía acompañada, era lindo saber que había alguien para ti. Alguien que jamás había estado en su vida desde que que entendió lo que era el amor.
Con el padre de Nathan (Oficina Principal)
—No sabía que eras tú la madre de esa chica —dice el padre de Nathan sorprendido.
—Pues sí, yo soy la madre de Astrid —afirmó aquella mujer sin mucho orgullo de eso.
—¿Y que buscas aquí conmigo? —interroga considerando que la respuesta de aquella mujer puede ser algo de no desear.
—Lo sabrás cuando sea necesario.