—Pe... pero ¿Qué fue lo que pasó? —se dijo a sí misma y se colocó las manos en la cara de la vergüenza. —¿Y de cuando acá yo soy así?
Él regresó y se miraron mutuamente.
—Cámbiate iremos a dar un paseo —dijo mientras se ponía una camisa que había sacado de una de sus maletas que estaban en la sala.
—Bueno está bien —responde ella. “¿En serio es lo único que puedo decir? —pensó. No tenía nada más que expresar, nada que comentar solo acceder a lo que él le dijera”.
Luego de estar listos para irse.
—Oye Nathan…—dijo Astrid para tener su atención justo antes de irse.
—¿Qué pasó? —contestó Nathan mientras doblaba las mangas de su camisa.
—¿Qué fue eso de allá? —preguntó refiriéndose a lo que acababa de suceder entre ambos. —Por qué lo hiciste, acaso te gus...
—No te confundas —interrumpió en seco. —No es lo que crees, solo fue una práctica no tengo que explicarte para qué.
—Entonces, ¿No sentiste nada? —preguntó con mas interés, ni siquiera ella sabía la razón por la cual lo hacía pero las palabras seguían saliendo de su boca.
—No sé —dijo Nathan y luego terminó de salir.
—Yo tampoco —se dijo a sí misma Astrid, sintiéndose un poco rara y a la vez triste por alguna razón. Ella no paraba de darle vueltas al asunto, lo tomaba realmente en serio, pero luego de darse cuenta del error que esto suponía decidió no pensar más en ello y centrarse en lo que era realmente importante, trabajar y hacerlo bien. —¿Y a dónde vamos? —le preguntó al cabo de unos minutos.
—Ya verás solo ten paciencia —respondió Nathan mientras miraba a un lado de la calle, y luego al otro.
—¿Esperas a alguien? —le interrogó Astrid.
—No, pero… no ya olvídalo —y se quedó con las palabras a medio decir.
Llegó una camioneta último modelo, parecía de la empresa de los Harrison, pero al subirse se dio cuenta de que era una camioneta particular la cual al parecer era de Nathan.
Durante unos minutos trató de que Nathan le dijera a dónde iban, pero no dijo nada, así que ella sólo se calló y esperó a ver a dónde la estaba llevando.
Unos treinta minutos después llegaron a un lindo restaurante, Nathan le llevó adentro, ya había una reservación hecha así que directamente fueron hasta la mesa reservada para sentarse.
—¿Y por qué me traes aquí? —preguntó confusa. Mirar a los alrededores del lugar le daba una extraña sensación de intranquilidad en el cuerpo.
—Pues si quieres nos vamos —dijo mientras se levantaba del asiento.
—¡Oye! ¡¿Acaso no puedo preguntar?! —le dijo ella con seriedad. —Solo quería saber.
—Creí que te gustaría salir conmigo, pero quizá no sea así —expresó Nathan. —Así como una...
—¿Una cita? —interrogó. Tal vez le debía seguir el juego para evitar disgustos y problemas.
—No… sí, bueno no sé tal vez estoy confundido ahora —dijo y parecía que iba en serio, hasta se le notaba que estaba nervioso cosa que a Astrid le pareció tierno considerando su actitud normal.
—Te noto nervioso —le dijo para hacérselo evidente e incomodarlo un poco como paga por todas las que le ha hecho. —¿Todo bien?
—No lo creo, está todo bien —afirmó haciéndose el tonto.
—¿Y por qué tiemblas? —pregunta nuevamente. Jugueteaba de manera muy extraña con las servilletas del lugar —Además de que no dejas de jugar desesperadamente con las servilletas.
—Hay mucho frío en este lugar lo siento de verdad —dijo Nathan. —Nunca había tenido una cita con una chica como tú es más ni siquiera sé si es una cita.
—Pues puede ser una cita de amigos ¿No? —inquirió, incluso sabiendo el tipo de cita que pretendía tener con ella. —Oye me he dado cuenta de que has cambiado, pero, soy mayor que tú eso que pasó en el hotel ni siquiera sé por qué me dejé —intentaba parecer mayor y responsable ante él, pretendía que se diera cuenta de que no es una de esas con las que viene a jugar cuando se le da la gana.
—No importa, sabía que dirías algo así —dijo con la mirada un poco decaída. De repente un chico se acerca a la mesa.
—¿Astrid eres tú?
—Soy yo —dijo mientras tomaba un poco de agua, pero al mirar al chico a la cara supo que le que era alguien conocido. Sin darse cuenta soltó el vaso dejándolo impactar contra el piso. —¡¿Sam?!