Recibió ese beso sin poder hacer nada en absoluto, lo único que hizo fue cerrar los ojos como si fuese algo que estuviese esperando, pero no era precisamente lo que quería o lo que esperaba de él.
—Oye ya basta déjame, no pienso formar parte de tus juegos esto ya es pasarse de la raya conmigo deberías respetarme al menos —Astrid se notaba y hacía evidente su enfado, pero, aunque intente pensar diferente ese beso le hizo sentir algo que no había experimentado nunca, por lo que decidió limitarse al hablar o decir algo que se pueda expresar mal.
—Qué raro que no me golpeaste —respondió él con esa sonrisa segura de todo. —Pero bueno quizá te gustó.
—Bueno no… sólo que no voy a hacer escándalos y menos por algo tan insignificante como eso —gira un poco la cabeza para no dejarse ver la timidez. —Además de que supuestamente estamos casados, así que hay que fingir que lo estamos y qué clase de esposos seríamos si no nos besamos.
—No quieres admitir nada, pero bueno allá tú —dijo Nathan. —Yo voy a ducharme y a cambiarme regreso en un momento, señorita McCarthy —sonrió.
Luego de que Nathan fue a bañarse ella se recostó un rato en el sofá que para ser un sofá costosísimo era incómodo pero que más se podía hacer.
Se puso a revisar unos documentos y algunas cosas de la empresa del señor Harrison para así estar al tanto de todo luego de eso le dio hambre así que caminó a la nevera la cual estaba repleta de muchas cosas ricas para comer y tomar, cogió varias golosinas y empezó a comer, luego olvidó que no había traído nada de tomar así que fue de nuevo a la nevera para agarrar una soda normal, cogió hielo y un vaso de vidrio y colocó dentro el hielo y la soda, empezó a tomar mientras iba al cuarto y en eso sale Nathan del baño con una toalla muy cortita en su cintura, prácticamente todo encuerado y pues ella quedó paralizada viéndolo ya que su cuerpo era muy esbelto y musculoso nunca había tenido tiempo para verlo así detenidamente y se le caía la baba con solo imaginarse tocando ese perfecto y entrenado abdomen.
—¿Por qué me miras tanto? ¿Será que te gusto? —le dice Nathan al darse cuenta de las miradas que le dirigía Astrid a su cuerpo. Nathan comienza a caminar hacia dónde ella esta, pero en una de esas se resbala y cae encima de Astrid, parecía como si fuesen a hacer el amor, pero lo peor era que su toalla se había caído y pudo verlo desnudo, le miró la salchicha y ni siquiera tuvo intenciones de cerrar los ojos al menos durante unos segundos. Fue tan incómodo que intentó ir al cuarto rápidamente, pero se llevó por delante una de las puertas y se golpeó la cabeza fuertemente, tuvo que recostarse en su cama porque estaba toda mareada.
—Auch mi cabeza —se dijo a sí misma. —¿Qué pasó? —se pregunta.
—Te tropezaste al verme el fierro ¿Recuerdas? —dijo Nathan.
—Ya recuerdo —dijo mientras se sonrojaba por no haber cerrado los ojos cuando debía hacerlo.
—Te ves tan hermosa cuando te sonrojas, me encantas —dijo él con una sonrisa muy tierna.
—Bueno… gracias y a todo esto ¿Tú qué haces en la cama aquí al lado de mí acostado sin camisa? —estaba un poco asustada. —No me digas que…
Él se ríe a carcajadas y dice:
—No para nada, no haría eso tranquila yo prefiero que estés en óptimas condiciones y disfrutes todo mientras suspiras profundamente —respondió mientras se subía encima de ella. Esto se salía de control, sentía que estaba acorralada, como una gatita perseguida por un gran perro, incluso podría sentir su m*****o rozándole la pierna. —Tienes unos hermosos labios, a veces solo quiero besarlos hasta que los míos se desgasten con los tuyos —dijo Nathan mientras mordía sus labios de una forma muy sexi.
Nathan empieza a besarla en el cuello mientras le dice al oído: —“Eres mía pequeña, solo mía”.
Ella estaba paralizada nunca le había pasado esto era algo tan extraño e inexplicable, era incómodo, y le provocaba darle una fuerte bofetada, pero a la vez se sentía tan bien era algo que nunca había sentido así que solo cerró sus ojos.
Luego tocaron la puerta y Nathan se levantó para ir a abrirla, le me miró a los ojos y sin nada que decir, simplemente fue a atender mientras ella se quedaba en la cama muy pensativa y sin saber qué era lo que estaba pasando. Había ido por trabajo y estaba terminando en una aventura erótica con su joven y guapo jefe, tal vez estaba soñando o se empezaba a volver loca, pero de algo estaba segura, ya no volvería a verlo igual después de ese beso.