5: El presente te golpea

1634 Words
El aroma a desinfectante, alcohol antiséptico y medicamentos, cosquilleo en su nariz, vio fijamente el techo, ese sueño lo hacía sentir tan miserable qué hubiera sido mejor no despertar, siendo tampoco una opción si iba a estar en ese limbo donde se sumerge cada vez que cierra los ojos. Donde se pregunta por qué no él, porque no lo amaron y porque no puede olvidarlo cuando a él ya lo dejaron en el más doloroso olvidó. Miró hacia el lado dando con el cuerpo de una mujer vestida de blanco qué sujetaba una bolsa de líquido al costado de su cabeza, el respirador artificial impidió qué se expresará bien pero los ojos de la enfermera saltaron sobre él. Rápidamente se movió y salió de detrás de la camilla. Su cabeza giró y encontró a su padre, el secretario y un par de guardias a una distancia considerable de la cama. Miró hacia el frente nuevamente para enfocar el techo y sintió que su conciencia nuevamente se desvanecía. -No hay peligro alguno, viendo su ficha médica puedo asegurar que esto sanará muy rápido así que puede estar tranquilo, fue una suerte que lo encontrarán a tiempo- esa voz resonó y dejó un eco con cada palabra en sus oídos. -escuché que fue tú hija quien lo encontró, debe haber estado muy asustada¿Qué edad tiene? - -cinco este año, es pequeña pero tiene una personalidad fuerte, además no vio nada más que alguien que necesitaba ayuda- -es una niña grandiosa - - lo es... los alfas extremos tienen una cicatrización rápida, no deben preocuparse- Roma apretó los párpados y dobló el rostro pero ya no había nadie, nuevamente estaba solo con el secretario sentado a un costado. No entendía muy bien porque su conciencia jugaba así con sus emociones, ya no eran solo alucinaciones, ahora también solía escucharlo, también podía sentir su fragancia y a veces le parecía que todos olían como él. El secretario se puso de pie y salió por un café al pensarlo dormido. Sus ojos pesaban, no lograba abrirlos pero su mente estaba despierta. En algún momento, la habitación en absoluto silencio le dio a entender que después de eso todos se marcharon. Sin embargo, unos pasos aparecieron continuos, dieron vueltas algunas veces hasta acoplar el sonido más cerca de él. "eres un idiota… ¿cómo terminaste así de herido? Esta no es la manera en que esperaba verte otra vez" una mano fría se deslizó por el puente de su nariz, acarició su cabello con familiaridad. Los pasos sonaron en el suelo de baldosas, las ruedas deslizándose de la puerta, el silencio y perdió nuevamente la conciencia. . . . Aran pasó varias noches en vela después del último ingreso de emergencia hace unos días, no solo porque tuviera pacientes si no por la presencia qué estaba a solo unos pasos de él y hacia qué su corazón se apretara de dolor, trabajó durante largas horas en esa cirugía y después volvió para cumplir con cuidar a min, le prohibió estrictamente a todos que llevarán a la niña al hospital durante un tiempo, al menos hasta que la presencia tan polémica se esfumara. -quiero que después de esto te tomes dos o tres días libres, estas jornadas no son normales y necesitas pasar más tiempo con ella- Samantha regaño a su hermanito mientras miraba a la pequeña que ahora dormía contra su hombro. - mirate, si sigues adelgazando tanto, tu hija tendrá que cargarte a ti- -ya, ya, si lo haré - -¡pero ya! Y escúchame aran, si se acerca a ti lo mataré, piensa en los recursos desperdiciados si muere después de esa cirugía tan cara, si fuera de su familia nunca pagaría por salvarlo - sus colmillos brillaron pero la sonrisa preocupada de su hermano la tranquilizó - no merecía qué le salvarás la vida, si supiera ese maldito perro…- expresó molesta mirando a la niña en brazos de su hermano. Las enfermeras pasaron frente a ellos e hicieron una breve reverencia. -lo que quiero decir es que… Si supiera que le salvó la vida su - -¡ya! - por primera vez en mucho tiempo aran alzó la voz como para que se volteen a verlo quienes estaban en el pasillo, dio la vuelta rápidamente para hacer un gesto de disculpa en lo que su pequeña soltó un quejido por perturbar el sueño - te dije que jamás digas eso, ella no lo sabrá, él no lo sabrá, nadie nunca los va a relacionar, detesto a ese tipo, lo que hice fue una obligación ética y en cuanto despierte haré qué lo saquen de aquí y se lo lleven a otro hospital, será mañana en la mañana - -¿si? ¿Lo odias? Y entonces, ¿qué eran esos cariñitos en el cuarto? ¿Tú mano cayó de casualidad en su cabello? - Samantha se cruzó de brazos y suspiró con bastante enojo. - recuerda lo que te hizo, ni ezra se atrevió a tanto y el tipo es bastante tonto… Solo recuerda lo que te hizo, te usó, te abandonó, se burló de ti y te humilló, no solo eso, luego desapareció de la nada…no lo quiero en mi hospital, habla con su familia mañana y lleva a nico contigo, no sabemos cómo reacciona, tu sabes que clase de familia tiene - -Su familia no es mala, él no es malo... Su vida- -no, claro, solo que hacen cosas malas a otros pero no son malos, deja de justificarlo aran, recuerda lo que te hizo, pusimos toda nuestra confianza en él, siempre estamos confiando en las personas incorrectas, recuerda como termino todo con Daniel y con roma... -dijo con tono irónico. La mañana después de la charla con su hermana, llegó más tarde que de costumbre a su turno, las noches sin dormir le pasaron la cuenta y esa feromona amaderado con aroma a whisky qué expedía el alfa lo hizo sentir repentinamente el peso del trabajo. Se paró al costado de la cama, Nicola y otro guardia lo acompañaron esa mañana, Nicola se quedó fuera de la puerta esperando su salida ya qué habían sido muy certeros en sus órdenes esa mañana cuando Samantha lo llamó y él no se resistió. Su parte favorita siempre ha sido estar con min y aran. Además; el anciano podría descuartizarlo si algo le ocurría a su nieto. Dejando de lado qué nicola podría dar su vida por aran. El omega revisó la herida con mucho cuidado, el paciente continuaba dormido pero necesitaba ver el estado de la herida. La enfermera del otro lado le entregó un par de pinzas y luego las gasas para vendar la herida nuevamente, cubrió el cuerpo del hombre, tocaba revisar las otras perforaciones qué tenía en el lado contrarío. Un anciano familiar que estaba internado en el hospital hace muchos días sin razón parecía especialmente interesado en el estado de Roma y no se atrevieron a cuestionar la familiaridad entre los presentes, aran jamás conoció a la familia de Roma pero si conocía al viejo hace ya varios años. El alfa despertó con un quejido sonoro mientras la enfermera terminaba de cerrar los bordes de las vendas, sintió el tiro del enorme cuerpo en la camilla y se detuvo. La enfermera puso una mano sobre su pecho buscando dar tranquilidad al alfa pero este abrió los ojos y enfocó enseguida su mirada en el omega qué estaba de pie a su costado. Empuño su mano y con un movimiento torpe qué barrió con las agujas y máquinas qué lo mantenían en cama, agarró la ropa del omega. -¡sale de aquí! - la mirada de aran no cambió, su temple fue imperturbable, parecía preparado para cualquier cosa o simplemente no se veía afectado por el alfa. Roma rechino los dientes cuando vio la forma despectiva en que lo miraba. El secretario se apresuró a quitar las manos del alfa del pecho del doctor. -¿Está bien? Perdón, él está aún conmocionado - -¡saca a ese maldito omega de aquí! - volvió a gritar, esta vez fue intencional, empujó con su brazo qué goteaba sangre por haber sido cortado por las agujas, todo aquello que estaba sobre la mesa de noche. Su abuelo también intervino. -¡roma! ¡Qué demonios sucede contigo! - -saca a ese omega - bajó un poco sus revoluciones, la herida en su costado comenzó a sangrar por los movimientos torpes y su temperatura bajó nuevamente, todo comenzó a dar vueltas. Logró enfocar a Aran dando indicaciones, el guardaespaldas qué estaba en la habitación obedeció a lo que dijo el secretario y cada uno sujetó sus brazos con mucha dificultad. -¡sueltenme! Llamen a otro doctor… Llamen al dueño de este maldito lugar pero sáquenlo de aquí - La enfermera estaba encogida en un rincón. - si no quieres que te pongamos a dormir es mejor que te tranquilices, así acabaremos con esto antes - Roma lo miró con ira y repitió - llama al director de este hospital, no me gusta que me toquen los omegas - Los espectadores se asombraron de la aversión con la que comenzó a hablar roma, si era verdad que a roma no le gustaban los omegas, esto se aplicaba al sexo, no a las relaciones cotidianas. Nadie comprendía porque ahora actuaba tan quisquilloso y violento. -¿en serio? Hasta donde recuerdo te gustaba bastante qué te tocará, es más, ¿no te dormías cada cinco minutos solo con estar cerca? - sonrió con malicia y bastante cabreado. La ira aumentó. - ¡llama a tu maldito jefe! - -¡roma! - gritó el anciano - ¡qué demonios sucede contigo! - Golpeó el extremo de su bastón contra el piso.
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