CAPÍTULO TREINTA Y TRES: UNA PIEZA DEL ROMPECABEZA. Matthew Vaughn. —Déjame salir, Matt —exclama Alice con una risita divertida. La tengo sobre mi regazo, comiéndole la boca. Agradezco que los cristales de mi auto sean polarizados y que nadie pueda vernos desde allá dentro de su casa. —No me imaginaba que fueras tan intenso —dice, y sus ojos claros no dejan de mirarme. Sus manos suaves están sobre mi pecho. —Eso no lo pensabas anoche —replico divertido—, cuando me pedías más. Me golpea suavemente el hombro. Su rostro cambia de color por mi respuesta. Verla de ese modo avergonzada me divierte y me fascina a partes iguales. —Cállate —dice con el rostro colorado—. Esas cosas no se dicen, no se recuerdan —declara—. Me da vergüenza —confiesa. —¿Y por qué no? —manifiesto—. Es normal que

