CAPÍTULO VEINTINUEVE: FUEGO CONTRA FUEGO. Matthew atravesó el living mientras llevaba a Alice en sus brazos. Su corazón latía con fuerza, golpeando su pecho y resonando en el oído de Alice, que reposaba sobre él. Ella sintió sus latidos fuertes. «Igual que los míos», pensó. Ambos subieron en silencio. Solo ellos sentían sus suspiros, como si uno prestase y el otro repitiese. No había urgencia desmedida en los pasos de Matt, pero tampoco quietud. Mientras ascendían las gradas, el deseo seguía intacto. Llegaron a la habitación. Como pudo, Matt giró el pomo de la puerta y la empujó con el pie, cruzando el umbral. Con su futura esposa aún en sus brazos, la puerta se cerró con un golpe seco. —Llegamos, cielo —dijo. Ella abrió los ojos, levantó la cabeza, y con la mirada brillante, asintió.

