CAPÍTULO SIETE: REVELACIONES Y DECLARACIONES INESPERADAS. Alice Collins. El aire de Londres siempre había tenido un olor a hogar, a historia y a obligación. Pero esta vez, traía consigo el olor a culpa, a miedo y a algo más… a un futuro inminente que no podía controlar. La mansión Collins no era solo una casa; era una fortaleza. Mientras la camioneta de James se acercaba a las imponentes puertas de hierro forjado, un sensor biométrico en la entrada escaneó el rostro del chófer, autorizando el paso con un suave clic automatizado. Las verjas se abrieron en un movimiento silencioso y preciso. El camino de gravilla nos llevó a la entrada principal. La puerta de roble, una pieza de arte en sí misma, se deslizó hacia un lado por sí sola. Un sistema de reconocimiento inteligente me había dete

