El vestíbulo de Tri-Heart Empire parecía haber sido invadido por una unidad de inteligencia en miniatura. Evans y Edans, vestidos con sus bermudas de sastre y camisas impecables, caminaban con una determinación que intimidaba a los empleados. Detrás de ellos, la nana, una mujer robusta y paciente, y el chofer, intentaban seguirles el ritmo sin éxito.
—Objetivo a la vista —susurró Evans, ajustándose unas gafas de sol de juguete mientras observaba el mostrador de recepción.
—Entendido. Yo interrogo, tú anotas —respondió Edans con el rostro contraído en un gesto de absoluta seriedad.
Se acercaron a la secretaria de la planta principal, quien los miró con ternura.
—Hola, pequeños. ¿Buscan a su mami?
—Negativo —soltó Evans con voz firme—. Queremos información sobre el sujeto alto de traje gris que entró a la empresa, ese hombre que todos le dicen el guapo. Nombre completo, historial de multas y, sobre todo, ¿a qué hora se va de aquí?
—Y si come mucho —añadió Edans—. Los villanos siempre comen mucho.
La secretaria parpadeó confundida. —Bueno... el señor Vontobel es un socio. No sé su horario exacto, pero...
—Anotado: "Sujeto sospechoso con horario irregular" —dictó Evans a un cuaderno imaginario.
Siguieron su camino hacia la oficina de su tío Thiago, quien los recibió con los brazos cruzados y una mueca de fastidio.
—Tío —dijo Edans—, ese hombre... ¿es de los malos?
—Es un dolor de cabeza, niños —gruñó Thiago, con el celo destilando en cada palabra—. Es un intruso que cree que puede mandar aquí. No le quiten el ojo de encima. Si intenta algo raro, muerdan sus zapatos caros.
—¡Recibido! —exclamaron ambos, haciendo un saludo militar.
Luego interceptaron a su tía Sienna, que caminaba con elegancia por el pasillo.
—Tía, ¿por qué ese señor mira a mamá como si fuera un postre? —preguntó Evans.
Sienna soltó una carcajada vibrante. —Porque su madre es el postre más caro del mundo, tesoros. Y ese hombre tiene mucha hambre. Deberían ser amables, quizá les traiga juguetes de Italia.
—¡No aceptamos sobornos de la competencia! —sentenció Edans, marchándose con paso marcial mientras su tía negaba con la cabeza, divertida.
Mientras sus hermanos montaban un operativo de vigilancia, la pequeña Bea había decidido que el "gigante de ojos bonitos" no era tan aterrador. Entró en la oficina asignada a Alaric sin llamar. Él estaba concentrado en su laptop, pero en cuanto la vio, sus facciones se suavizaron de inmediato.
—Hola, pequeña princesa —dijo Alaric, dejando de lado un contrato millonario—. ¿Te perdiste?
—No. Vine a ver qué haces —respondió Bea, subiéndose a una silla frente a él—. ¿Te gusta trabajar?
—Me gusta ganar —respondió él con una sonrisa honesta—. ¿Y a ti qué te gusta, Bea?
—Pintar y los gatitos. ¿A ti te gustan los dulces?
—No mucho —respondió Alaric, entrando en el juego de preguntas inocentes—. No me gusta el maní, y soy muy alérgico a la miel. Me pone la cara roja y no puedo respirar.
Bea abrió mucho los ojos, sorprendida.
—¡Igual que nosotros! —exclamó señalándose—. Evans, Edans y yo no podemos comer miel. Mami dice que es un "veneno familiar". Y a Evans no le gusta el maní porque dice que huele feo.
Alaric sintió un vuelco en el corazón. La genética no solo les había dado sus ojos, sino también sus debilidades. Miró a la niña, tan dulce y parecida a la mujer que amaba, y sintió una punzada de ternura pura. Nada que ver con sus hermanos, esos "pequeños demonios" que seguramente estaban planeando incendiar su coche en ese mismo instante.
—Entonces tendré que tener cuidado con lo que merendamos —murmuró Alaric, mientras Bea sacaba sus lápices y comenzaba a pintar en un rincón de su escritorio, sintiéndose extrañamente segura a su lado.
En otra parte de la empresa, Angelina intentaba tomar un café con sus amigas, pero el interrogatorio era implacable.
—¿Qué piensas hacer, Angi? —preguntó Carla—. Es obvio que es el padre. ¡Esos niños son sus clones!
—Vaya suerte la tuya —suspiró Sofía—. Si fuera yo, estaría feliz de tener a ese hombre reclamándome.
—Incluso los "demonios" tienen su mismo temperamento —añadió Valeria—. ¿Has visto cómo caminan? Igual de arrogantes.
Angelina sonreía con tristeza, mirando el fondo de su taza.
—Sé que es el padre. Es imposible cuestionarlo —admitió en voz baja—. Pero... ¿qué quiere realmente? Un hombre como Alaric lo tiene todo. ¿Por qué ahora? ¿Es solo obsesión? ¿Es una trampa para quedarse con la empresa?
Ella sabía que nunca había podido sacárselo del sistema. Alaric aparecía en sus sueños, en cada aroma a sándalo, en cada sombra. Y luego llegaron los tres niños para recordárselo cada mañana.
FLASHBACK: EL REGRESO DE UNA MUJER (HACE 8 AÑOS)
Angelina cruzó el umbral de la mansión Black días después del crucero. Caminaba diferente. Sus hombros estaban más rectos, su mirada tenía un brillo de secreto guardado bajo llave. Ya no era la niña virgen que su padre planeaba subastar; era una mujer que conocía el fuego.
Esa noche durmió como nunca en su propia cama, agotada por el viaje, pero sobre todo por el hombre que había dejado su nombre tatuado en cada rincón de su cuerpo.
—Serás solo un recuerdo... —se dijo a sí misma frente al espejo, tocando una marca casi invisible en su hombro—. El mejor de mis recuerdos.
Se sentía liberada. Alaric la había tratado como nadie lo había hecho: la vio, la valoró y la hizo mujer. Respiró hondo, sabiendo que su padre estallaría cuando descubriera que su "moneda de cambio" ya no era pura, y esa era su mayor victoria. Ella ya no le pertenecía a nadie... o eso creía ella, sin saber que el dueño de su noche ya estaba buscándola.
PRESENTE
—Él lo sabe, y yo lo sé —dijo Angelina a sus amigas, volviendo a la realidad—. Pero no sé qué es lo que busca.
—Más que obvio: te busca a ti —respondió Carla con firmeza.
—Eso es indiscutible —asintió Sofía—. Ese hombre vino con todo, Angi. Te aseguro que no te soltará.
Angelina suspiró, sintiendo un nudo en la garganta.
—Es lo mismo de siempre... obsesión —murmuró, y eso era lo que más le dolía. El miedo a que ella fuera solo un trofeo más que el Capo no estaba dispuesto a perder.