CAPÍTULO 10: EL LLAMADO DE LA SANGRE Y EL DESTIERRO DEL ÁNGEL

1690 Words
El despacho de Alaric, una estancia que antes exhalaba frialdad y negocios turbios, se había transformado en un cuartel de interrogatorios. Alaric estaba sentado en su sillón de cuero n***o, observando con una mezcla de fascinación y orgullo a los dos pequeños que lo vigilaban desde el otro lado del escritorio. Demián, su mano derecha, estaba de pie junto a la ventana, intentando disimular una sonrisa. —Señor Vontobel —dijo Demián en un tono bajo para que los niños no lo oyeran—, los "mini-agentes" están interrogando a todo el personal. Han preguntado hasta por el tipo de sangre que tienes y si duermes con los ojos abiertos. ¿Quieres que detenga el flujo de información? Alaric miró a Evans y Edans, quienes anotaban cosas en una libreta con el ceño fruncido. —No —respondió Alaric con voz firme—. Deja que sigan investigando. Son como yo: desconfiados, territoriales. Están protegiendo su reino. —En eso tienes toda la razón, son tu vivo retrato —rio Demián—. ¿Qué órdenes doy? —Avisa a todos en la empresa —ordenó Alaric, cruzando sus dedos largos sobre la mesa—. Que respondan a todas las preguntas de los niños. Si quieren saber a qué hora llego, diles. Si quieren saber qué como, diles. Quiero que sepan que no tengo secretos, porque no me voy a ir a ninguna parte. En ese momento, Thiago entró al despacho, escoltando a los niños como un comandante aliado. Se sentó en el borde del escritorio de Alaric, cruzándose de brazos. —Bien, Vontobel. Los peques tienen unas dudas y yo estoy aquí para asegurar que las respuestas sean... satisfactorias —dijo Thiago con una mirada de pocos amigos. Evans dio un paso adelante, ajustándose la corbata imaginaria. —Casado no eres porque no tienes anillo —sentenció el niño, escaneando las manos de Alaric—. ¿Eres soltero? —Lo soy —respondió Alaric, sosteniendo la mirada del niño con respeto. —¿Eres gay? —preguntó Edans de golpe, con la inocencia brutal de los siete años. Alaric, que justo estaba tomando un sorbo de agua, se atoró, tosiendo ligeramente mientras Demián soltaba una carcajada sonora que resonó en toda la oficina. —No —respondió Alaric, recuperando la compostura—. No soy gay. Edans arrugó la nariz, analizando al gigante frente a él. —Eso es raro. Eres guapo, eres alto y pareces rico. Si estás soltero es por dos razones: o eres gay y tu familia no lo sabe, o eres un tipo muy raro. Alaric soltó una risa ronca, una que venía desde lo más profundo de su pecho. —Estoy soltero porque aún tengo que conquistar el corazón de mi ángel. Hay una sola mujer en este mundo para mí, y me ha tomado ocho años volver a encontrarla. Los niños intercambiaron una mirada de alivio, soltando el aire que contenían. —Entonces no estás detrás de mi mami —dijo Evans, un poco más relajado. —Siempre hay tipos detrás de ella, pero ella los echa a todos —añadió Edans con orgullo—. Dice que no tiene tiempo para perder con "principiantes". Angelina, que acababa de entrar al despacho para buscar a sus hijos, se quedó petrificada en la puerta. Estaba roja como un tomate, sintiendo la mirada penetrante de Alaric recorriéndola de arriba abajo sin necesidad de mirarlo directamente. El calor que emanaba de él parecía llenar cada rincón de la habitación. Mientras los hermanos planeaban su próximo movimiento, la pequeña Bea estaba sentada sobre la alfombra, justo a los pies de Alaric. Tenía una tablet en sus manos y tiró del pantalón del traje de Alaric para llamar su atención. —Mira, señor Leo —susurró la niña con esa voz dulce que derretía cualquier defensa—. Esta es mami cuando estábamos en su panza. Estaba muy redondita, parecía que se iba a romper. Alaric se inclinó, tomando la tablet con manos temblorosas. Allí estaba ella: Angelina, con el cabello despeinado, una sonrisa cansada pero hermosa, y un vientre inmenso que albergaba a sus tres hijos. Había fotos de ellos de recién nacidos, pequeñas criaturas arrugadas con esos ojos esmeralda que ahora lo miraban con desconfianza. —Era preciosa... —murmuró Alaric, y el dolor de haberse perdido esos momentos fue como un puñal en su orgullo—. Eres muy afortunada de tener una mamá así, Bea. La niña le sonrió y apoyó su cabecita en la rodilla de Alaric. Angelina observaba la escena desde la puerta y sintió que el corazón se le oprimía. Bea nunca era así con los extraños. Era desconfiada por naturaleza, pero con Alaric... con él había una conexión eléctrica. La sangre llama, pensó Angelina, recordando las palabras de su abuelo. Thiago, viendo que la situación se ablandaba demasiado para su gusto, se llevó a los niños. —Vamos, fieras. Dejen que el "señor raro" trabaje. Vamos a comer pizza. En cuanto el despacho quedó vacío y Demián se retiró cerrando la puerta, Alaric se levantó como un resorte. Antes de que Angelina pudiera reaccionar, la tenía acorralada contra la pared, junto a la estantería de libros de leyes. El cuerpo de Alaric era una muralla de calor y músculo que la presionaba suave pero firmemente. —¿Así que los echas a todos, eh? —susurró él, su aliento rozándole el oído—. ¿Ningún "principiante" ha sido capaz de tocar lo que es mío? —No soy tuya, Alaric —balbuceó ella, aunque su cuerpo se derretía, pegándose instintivamente al suyo—. Suéltame. —Mientes tan mal, ángel... —Alaric bajó la mano hasta su cintura, apretando la seda de su vestido—. Te he visto mirar mis manos. Sé que recuerdas cómo se sentían sobre ti. Me muero de celos de solo pensar que alguien más pudo haber visto esa panza que me mostraron tus hijos. Si supiera que alguien te tocó... quemaría este edificio contigo dentro. Angelina cerró los ojos, sintiendo la erección de él presionando contra su vientre. Era una tortura deliciosa. "Dios, si me pones el pecado enfrente, sería imposible no pecar", pensó ella en un susurro mental que casi escapa de sus labios. Alaric sonrió, pero no era una sonrisa amable; era una mueca peligrosa de victoria. La tomó de la barbilla, obligándola a mirarlo, y la besó. No fue un beso de cortesía; fue un reclamo. Fue pasión, años de hambre acumulada y el deseo violento de marcarla de nuevo. Angelina gimió contra su boca, entregándose al beso, sus manos enredándose en el cabello de él. —¡Mami! —El grito de Bea desde el pasillo hizo que se separaran bruscamente. Alaric respiraba con dificultad, sus ojos de tigre brillando con una promesa oscura. —Esto aún no termina, Angelina. Mañana, tarde y noche... voy a recordarte a quién perteneces. Él salió del despacho con paso firme, dejándola temblando, con los labios hinchados y el corazón galopando. FLASHBACK: EL DESTIERRO (HACE 8 AÑOS) Angelina regresó al presente mientras miraba a sus hijos jugar con el abuelo Silas en el jardín de la empresa. Pero su mente viajó al momento en que el sueño del crucero se convirtió en la pesadilla de su vida: el día que su padre, Robert Black, se enteró de todo. La mansión Black estaba sumida en un silencio sepulcral. El despacho de su padre olía a alcohol y a fracaso. Robert estaba de pie, con una fotografía que sus informantes habían tomado en el puerto: Angelina bajando del barco, desaliñada y con una marca de beso visible en su cuello. —¡Zorra! —rugió Robert, lanzando un vaso de cristal contra la pared, justo al lado de la cabeza de Angelina—. ¡Te envié a ese barco para asegurar el futuro de esta familia con Víctor, y te revolcaste con un desconocido como una puta de puerto! —¡No hables así! —gritó Angelina, las lágrimas quemándole los ojos—. Fui feliz por primera vez en mi vida. —¡Feliz! —Robert se acercó y la abofeteó con tanta fuerza que ella cayó al suelo—. Eres una vergüenza. Las putas por lo menos cobran y mantienen la decencia frente a sus clientes. Tú te entregaste por nada, arruinaste mi moneda de cambio. Ya no eres virgen, ya no vales nada para los contratos que tenía firmados. Angelina miró hacia la puerta. Su madre, Margaret, estaba allí apoyada. Sus ojos estaban fríos, vacíos. No hizo nada. No dijo nada. Solo observaba cómo su marido humillaba a su propia hija. —Fuera de mi casa —sentenció Robert, señalando la puerta con asco—. No quiero volver a ver tu cara. Te vas sin nada. Ni un centavo, ni un vestido, ni el apellido Black. Lárgate con tu "recuerdo" y pudrete en la calle. Eres basura, Angelina. Basura usada. Esa noche, Angelina salió a la lluvia con solo la ropa que llevaba puesta y un corazón destrozado. No tenía dinero, no tenía familia, y semanas después descubriría que tampoco estaba sola: llevaba tres vidas creciendo en su interior. PRESENTE Angelina parpadeó, alejando las lágrimas del pasado. Miró hacia la sala común de la empresa. Allí estaba Alaric, sentado en el suelo con Bea, ayudándola a encajar unas piezas de un juego, mientras Evans y Edans lo observaban con una mezcla de sospecha y curiosidad creciente. La pequeña Bea lo miraba con una adoración que dolía. Ella, que siempre había sido la más temerosa, ahora reía ante las bromas de aquel hombre peligroso. —La sangre llama, hermanita —dijo Thiago, apareciendo a su lado y mirando la escena con amargura—. Ese hombre es un monstruo, pero es su monstruo. Angelina no respondió. Sabía que Alaric no era como su padre. Alaric no la quería para venderla; la quería para poseerla, para amarla y, quizás, para quemar el mundo con ella. Pero el miedo a ser "basura usada" ante los ojos de un hombre tan poderoso seguía ahí, latente, como una herida que nunca cerró.
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