Capítulo 5: La respuesta que necesitaba

2023 Words
Narra Anthony Estuve en Pekín una semana, esos días mi madre fue internada en una de las mejores clínicas, en una habitación VIP bajo la supervisión de los mejores especialistas. Mi padre se sentía más tranquilo al tenerla allá con él, al igual que mi familia materna; quise quedarme con ellos, pero tenía obligaciones en New York, no podía frenar el trabajo por más tiempo. Volví con el corazón en las manos, hasta ahora nos indican que es cuestión de tiempo para que mi madre vuelva con nosotros, tengo la fe de que eso será pronto. Llegué a mi apartamento agotado, no me alimenté bien en los últimos días, hasta me olvidaba de comer con tantos afanes; tengo a mi madre todo el tiempo en la cabeza. Empecé a desempacar mis cosas, organizaba mis trajes y mis documentos, me senté en el borde de la cama para ubicar algunas cosas en el cajón de la mesa noche. Saqué uno de mis sacos y los tiré a un lado, debía ser llevado a la lavandería, saqué el otro y revisé que no llevara nada en sus bolsillos, tanteé y sentí en los bolsillos internos algo; al sacar lo que había, me encontré con el carnet de la chica que salvó a mi madre. Lo miré unos segundos y agradecí mentalmente por lo que hizo, prometo encontrarla y agradecerle personalmente por ese acto de valentía. Como me gustaría que mi madre estuviera despierta para que le agradeciera personalmente por lo que hizo. Abrí el cajón de mi mesa de noche y dejé el carnet en su interior, tan pronto tenga un espacio libre pediré a mi secretaria que la contacte; es necesario extenderle mi gratitud. Con el paso de los días, volví a retomar el ritmo de mi trabajo, valoré que mi equipo me ayudara; había cosas que olvidaba, era como si estuviese desubicado. Me esforzaba día a día, tenía que continuar mis proyectos, aunque me costara. —Apenas supe que regresaste a la ciudad, no dudé en visitarte ¿Cómo te sientes? —Estoy con el cuerpo aquí y mi mente en China, no sabes lo duro que ha sido esto para mí. —Oh, puedo imaginarlo. De verdad admiro lo fuerte que eres. Nicolay le da un sorbo a su taza de café y la deja en la mesa de centro. —Me hace bien ver a un amigo —respondí con sinceridad—. Desde que empecé a dedicarme a solo el trabajo me alejé de la gente, creo que puedo contar a mis amigos cercanos con la palma de mi mano. —Anthony, también tengo una empresa por la cual responder, entiendo perfectamente lo que dices; es por eso que tengo la madurez de saber cómo llevar las pocas amistades que tengo hoy día, puede que no tenga mucho tiempo, que no te llame o escriba todos los días, pero sabes que estoy siempre para lo que necesites. No olvido la última vez que me tendiste la mano, por eso vine a decirte que estoy para ti; si necesitas algo, lo que sea. No dudes en llamarme sin importar la hora. —Muchas gracias, Nicolay, valoro mucho que hayas sacado un tiempo para venir. —Oye, ¿Cómo vas con lo de la política? ¿eso se mantiene en pie? —Sí, mis asesores vendrán más tarde para hablar conmigo. Tenemos la intención de hacer público de mis futuras aspiraciones, pero esperaremos un tiempo hasta confirmarlo a la prensa, quiero tener un pie adentro antes de alardear sobre eso. Necesito recolectar un par de firmas, tengo propuestas para hacer parte de algunos partidos, pero seguimos estudiando todo eso; quiero avanzar con calma. —Te irá bien, sé cuánto anhelas esto. Desde siempre me ha gustado la política, nunca me decidí a seguir un sueño, digamos que me concentré en otras cosas; pero a mi edad, sentí que era mi momento, quizás estoy siendo algo ambicioso, pero es algo que quiero y por lo que me he preparado por mucho. En las horas de la tarde, mi asesora de imagen llega a mi oficina, hace más de una semana que no la veo. —Oh, luces terrible, Anthony; se nota en tu rostro cuan afectado estás. Lamento mucho lo de tu madre —dice la mujer tomando mi mano. —Natasha, no solo me veo terrible, así mismo me siento. Ella abre su bolsa y saca muchas cosas de su interior, documentos, su tableta, revistas. —¿Qué es todo eso? —Trabajo, tenemos mucho trabajo. Mis demás asesores ingresan y se unen a la reunión. —Puedes estar tranquilo con el proceso, las cosas han avanzado bien a pesar de la pausa forzosa a la que te viste obligado. —Eso me alivia un poco —respondí mirando algunos documentos. —El tiempo sigue avanzando, Anthony, aun tienes tiempo para seguir con tus labores como un funcionario o empresario en tu propia compañía —dice la asesora de imagen. —Sí, eso lo sé ¿Por qué lo recalcas? —Por esto, mira, ellos son los próximos posibles candidatos; algunos ya confirmados, otros aún no, pero según algunas estadísticas internas, es lo más seguro. —¿Por qué me los muestras? —Todos son hombres mayores, eres el más joven del grupo. Estos hombres que ves en la tableta, son hombres casados, empresarios con mayor trayectoria, algunos con hijos ya universitarios. —¿Y eso que? No comprendo aun lo que quieres decir. —Me refiero en que debemos trabajar en algo, algo que solo podemos hacer ahora que aun sigues trabajando en la compañía, algo que debes hacer antes de tener que alejarte de tu empresa y otorgar tu puesto a su tío Frederick para que la dirija. Anthony, eres un hombre joven ante los ojos de los demás, lo que te da cierta desventaja porque podrían inducir a interpretar que careces de experiencias para dirigir cargos tan importantes como el que esperas sea suyo en los próximos años. —Natasha, ¿de verdad la edad es importante? —Un hombre con apariencia más madura, casado e incluso con una familia, da más confianza que un hombre joven, soltero y millonario —comenta mi asesora—. Si tienes una novia oculta y deseas pedirle matrimonio, creo que es hora de que lo hagas. Estamos en el tiempo prudente de que algo así pasé en tu vida. —Sabes que no tengo a nadie, tampoco podría pensar en una mujer ahora que mi madre atraviesa por todo esto. No puedo pensar en una boda, hijos, ni nada de esas tonterías; mi madre está en coma Natasha, solo puedo pensar en ella. Mi asesora me observa directamente a los ojos y me dice: —Señor Lancaster, mi trabajo es ser realista, me pediste el día que me contrataste que te ayudara a lograr tu objetivo; sabes la importancia de tu imagen en este proceso que apenas arranca, conoces mi trayectoria y gracias a mis resultados con otros candidatos, confías en mi trabajo. Lo de tu madre es algo lamentable, de verdad siento mucho que pases por algo tan difícil, y admiro lo valiente que has sido porque se requiere de mucha fortaleza, siento por ti que tu madre esté en ese terrible estado, pero debes ser consciente que el día que la señora Chen despierte puede ser incierto para todos. Ahora, si deseas hacer una pausa a este proceso que necesita el cien por ciento de ti, lo vamos a respetar porque es tu madre y tu deber de hijo es cuidarla; todos lo vamos a entender e incluso las personas que te siguen también; podemos hacer un comunicado a la prensa en el que se comente lo que ha pasado y que para las próximas elecciones en años futuros continuarás el proceso porque por claras razones no estás en condiciones. Si ahora no puedes dar todo lo que se necesita, lo mejor es no intentarlo porque podemos fallar en ese intento. —No sé qué decir —fue todo lo que dije. —Toma un tiempo y piénsalo con calma, ¿de acuerdo? Para esto que quieres necesitas dar más, se requiere de mucho y si no es lo que ahora puedes ofrecer por claras razones, será mejor que sigas mi consejo; tengo demasiada experiencia, lo que digo es de corazón porque pienso en tu bienestar. Mis asesores toman sus cosas, se ponen de pie y salen de la oficina. Cerré mis ojos y bajé mi cabeza, ella tiene razón; no tengo la estabilidad, concentración, no tengo nada que dar en este momento. Debo reconocer que no me encuentro bien, sigo afectado y eso lo puedo reflejar, ¿debo darle una pausa a mi proyecto? Esto es lo más grande por lo que he trabajo, ¿una pausa es lo que debo hacer? Quizás si espero a los próximos años, mi madre ya esté recuperada y pueda sentirme más tranquilo; aunque, ese pensamiento negativo planta otra duda en mi cabeza ¿y si no despierta en el tiempo que espere? —Oh, qué cosas estoy pensando. Cerré mi laptop y recogí mis cosas, necesito volver a casa y descansar. Salí de mi oficina y me dispuse a ir hasta el ascensor. —Señor, ¿A dónde va? —pregunta mi asistente. —Ali, cancela la reunión que tengo, debo hacer algo urgente. —Como diga, señor Lancaster. Volví a mi apartamento y dejé todo en el piso, mi maletín, mi saco y me lancé a la cama aun con mi traje puesto; hundí mi rostro en la almohada y cerré mis ojos con fuerza, las lágrimas volvieron a salir y en medio de mi llanto me quedé dormido. —Mi amor, mi hijo, quiero que sepas que te amo, estoy tan orgullosa del hombre en el que te has convertido que no me cambio por nadie. Por favor, sigue trabajando en tus sueños, dile a tu padre que lo amo, que no llore por mí. No pares hasta que te conviertas en lo que deseas, ¿me escuchas? —¿Mamá? ¿Mamá eres tú? Reconocía esas palabras, fueron las palabras de despedida que usó el día del accidente. —Mamá, quiero que sigas conduciendo, no te detengas; mantén tus ojos en la vía, usa la bocina para que los autos se aparten, no te despidas de mí. —Mi amor, mi hijo, quiero que sepas que te amo, estoy tan orgullosa del hombre en el que te has convertido que no me cambio por nadie. Por favor, sigue trabajando en tus sueños, dile a tu padre que lo amo, que no llore por mí. No pares hasta que te conviertas en lo que deseas, ¿me escuchas? Esas palabras las volvía a repetir. —Mamá, escucha lo que te digo, controla el auto lo más que puedas; si chocas no podremos volver a vernos, ¡Sigue conduciendo el auto! —grité—. ¡Mamá! No escuchaba más nada, no la escuchaba a ella. —Mamá ¿mamá?¡mamá! Salté abriendo mis ojos de repente, mi respiración estaba agitada y mi corazón acelerado. Miré el reloj y eran las tres de la mañana, el tiempo pasó volando. —Carajo, tuve una pesadilla —pensé en voz alta frotando mis ojos. Me senté en el borde de mi cama recordando esas palabras, quizás esa sea la respuesta que necesitaba en este momento. Pienso en mi madre y al tiempo sé y soy consciente de lo que los médicos dicen, el día que mi madre despierte es incierto, ¿será oportuno continuar? Dios, esto no es fácil, seguir mi vida sabiendo que mamá está así me hace sentir como un egoísta. —¿Qué es lo que ella hubiese querido? Es obvio, ella quiere que continúe, pero una boda, un compromiso es apresurado. Al menos que pueda esperar al menos un mes, un mes será el tiempo necesario para buscar a una mujer, una que sea apta para ser mi esposa y cuando mi madre despierte, volveré a celebrar la boda si es necesario. Sí, eso es lo que haré.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD