Capítulo 6: Necesito una esposa

1610 Words
Narra Anthony —¿Cómo está? —Sus lesiones están sanas en un setenta por ciento, eso me lo dijeron los especialistas esta mañana. —No te han dado alguna señal de que… pues ya sabes, ella pueda despertar pronto. —No, hijo, me han dicho lo mismo de siempre; que seamos pacientes, tenemos que esperar. Bajé mi cabeza y alejé el móvil de mí unos segundos para soltar un bocado de aliento lleno de decepción. —Papá, ha pasado más de un mes del accidente, le han hecho cientos de prueba ¿Cómo que no hay respuestas? —Hijo, entiendo cómo te sientes, también yo he hecho esas preguntas muchas veces a todos esos hombres de batas blancas que llegan aquí; pero ¿Qué más puedo hacer? Todos dicen lo mismo, empiezo a creer que solo hay que darle tiempo a tu madre. —¡Dios! el tiempo, tiempo, todos hablan de tiempo. Ese es el que se me empieza a acabar de solo pensar que puedo perder a mi madre, ¿buscamos a otros especialistas? ¿la llevamos a otro lugar? —¿Moverla? No hijo, sabes lo riesgoso que fue traerla desde New York a Pekín, aquí está bien, han mejorado sus lesiones, físicamente luce mejor, su piel vuelve a ser la misma; su familia está cerca de ella, sus hermanas y tu abuela están todo el tiempo con ella; aquí está bien. La voz de mi padre se escucha más calmada, lo que me da serenidad. —¿Seguro? —Sí, vamos a darle tiempo, dentro de mí sé y puedo sentir que ella despertará. No te preocupes, sigue con tus trabajos y prepara todo para cuando ella despierte, y se lleve la mejor noticia, serás el próximo alcalde, tal como se lo prometiste. —Volveré a llamarte, papá. —Claro hijo, te amo. —También te amo, padre. Esta situación nos ha unido más, siento que luego de ver los días pasar con tanta prisa, no soy tan paciente como pensaba; esta es la prueba más dura, sin dudas lo puedo confirmar. Durante este mes intenté encontrar a una persona apta, una mujer capaz de involucrarse en mi vida y cumplir con muchas de las expectativas que tengo, una que sea consciente de mis proyectos y también invierta tiempo en ellos. Le hablé a una antigua novia que tuve cuando estaba en la universidad, fue mi relación más seria y duradera, pero tan pronto terminó la carrera, también la relación; yo regresé a New York y ella a su ciudad, la distancia nos llevó a la decisión de separarnos. Tan pronto encontré una respuesta a lo que haría de ahora en adelante, consideré en que Danna podría ser esa persona que necesito en mi vida en este momento, es alguien que ya conozco, que sé de su familia, todo sería cuestión de retomar la comunicación y listo, pero para mí mala suerte, ella se ha comprometido hace unas semanas, perdí parte del tiempo intentando localizarla, buscando la manera correcta de volver a hablarle; y no me sirvió de nada, tenía un novio que le pidió matrimonio, en sus redes no había una sola foto que diera indicio a que tenía una relación, invertí tiempo importante que se perdió. Danna hubiese sido una mujer perfecta, ella conoce mi familia, sabe parte de mis proyectos a futuro y si le explicaba lo que pasaba con mi madre y mi actual situación, estaría dispuesta a ayudarme; pero es claro que, con una sortija en su dedo, todas las posibilidades de reducen en cero. —Ali, cancela por favor la reservación que hice para el restaurante de comida española. —Sí señor, ya mismo lo hago. Estuve planeando una cena para volver a vernos, pero todo lo estoy echando para atrás ¿Qué se supone que haga ahora? Un mes, un mes es poco tiempo para todo, incluso para una boda; en un solo mes traté de hacer tiempo para encontrar a una persona que diera la talla, pero ni eso logré. Quizás Natasha tenga razón y deba hacer una pausa a lo de mi candidatura, “Is que ti vis muy jivin” un hombre de treinta y cinco años no es un joven, estoy liderando una importante empresa que se ha sido exitosa; también puedo manejar una ciudad, ¿Por qué debe ser importante que tenga una esposa? ¿desde cuándo la madurez se mide de esa manera? ¿y si solo despido a Natasha y me busco otra asesora de imagen? —No, que cosas estoy pensando, ella es la mejor en lo que hace ¡Aish, carajo! —solté en un momento de desespero. —¿Me llamó señor Lancaster? —pregunta Ali asomándose en la puerta. —No, Ali, yo hablaba con… hablaba conmigo, lo siento, siga en lo que hace. Al final de mi jornada, recogí mis cosas para ir a casa, tengo que pensar las cosas por milésima vez y luego llamar a Natasha, ella sabrá cómo ayudar, algunas veces es tan directa con lo que dice que cambia el rumbo de mis pensamientos con un par de palabras. Terminaba de organizar mi maletín cuando alguien toca la puerta. —Adelante —dije abrochando los lados del maletín. —Señor Lancaster, ¿podría regalarme un minuto? Ali entra con una sonrisa forzada. —Claro, ¿pasa algo? —Señor, vengo a entregarle mi carta de renuncia. En automático dejé lo que estaba haciendo y la miré, mi asistente de años tenía la carta de renuncia extendida hacia mí. —¿Renunciar? —cuestioné preguntándole a la vida que más quiere de mí—. ¿Cómo que renunciar? —Señor, debo volver a mi ciudad. —¿Por qué? ¿te han ofrecido otro empleo? ¿eh? Si es por dinero, Ali, yo puedo ofrecerte más si eso es lo que te preocupa. —No es eso, señor. —¿Qué es? ¿he sido muy duro contigo? —No señor, no tiene que ver con usted. Ali ha hecho un gran trabajo, no me sirve encontrar a otra persona en este momento, no tengo tiempo para volver a capacitar a una persona que sepa y conozca todos los afanes de mi vida. —¿Entonces? Si es que necesitas algo, puedes decirme, puedo resolverlo, ¿Qué es? —Es mi madre, señor. Se ha enfermado, tengo que volver a la ciudad para cuidar de ella, mi padre está algo viejo, no puedo dejarlo solo con esto. Mi hermana tiene un bebé de solo meses y demasiado para ella, tengo que volver. Créame, estoy muy agradecida por la oportunidad que me ha dado y por la manera en la que fui tratada estos años; me voy por fuerzas mayores. Ante eso no hay nada que pueda hacer, no puedo atajarla. —Está bien, Ali. Gracias a ti por estos años de buen servicio —respondía recibiendo la carta de renuncia—. Enviaré tu liquidación la próxima semana, espero que tu madre mejore. —Gracias, señor Lancaster, pronto espero verlo en las noticias anunciando su postulación a próximo alcalde. —Oh, espero lo mismo. La chica se dio la vuelta y se retiró. Aquella sonrisa que tenía en mi rostro, se fue desapareciendo lentamente, tiene que ser un chiste; un pésimo chiste. Ahora no solo necesito a una esposa, sino una asistente. Regresé a cada con la cabeza aún más llena de dudas, no sé qué hacer, no sé qué más puedo hacer. Tiré el maletín a un sillón tan pronto regresé a casa, me senté en el borde de la cama y busqué mi móvil para llamar a Natasha, creo que es hora de que piense en otra estrategia porque fracasé en el intento. Miré la pantalla del móvil y es algo tarde, ¿será prudente llamar a una señora tan ocupada e irritable a esta hora? No, mejor lo haré mañana, de pronto con el rocío del día me reciba de buena manera y tenga ideas más frescas, mejor descansaré; eso es lo que necesito, tener la mente lúcida para saber qué haré de ahora en adelante, en estos momentos puedo optar por ideas algo absurdas y eso no lo queremos por ninguna circunstancia. Abrí el cajón de mi mesa de noche para guardar el móvil, cuando lo hago, volví a ver ese carnet; el carnet de la mujer que salvó la vida de mi madre. No me he puesto en la tarea de buscarla y agradecerle por lo que hizo, eso es muy malo de mi parte, que falta de gratitud con esta mujer que por su acto de valentía merece el cielo, pocas personas hacen lo que ella hizo; debería buscarla y… por mi mente pasó algo que podría funcionar. —Eso es, parece que esta era la señal que yo estaba esperando. Necesito encontrarla, necesito saber dónde localizarla, debo saber todo sobre Lauren Hoffman. Tomé el móvil y le marqué a uno de los hombres de mi equipo de seguridad. —¿Hola? —Necesito que hagas algo por mí —solté de inmediato—. ¿Recuerdas el carnet que me diste el día del accidente de mi madre? —Sí, lo recuerdo, señor Lancaster. —Necesito que encuentres todo sobre la mujer, su nombre es Lauren Hoffman Bale, encuéntrala lo antes posible. —Sí señor, ya me pongo en eso. Que mejor manera de agradecerle que así, ella merece el título de mi esposa, estoy dispuesto a cambiar por completo la vida de esta mujer; la convertiré en mi esposa y si las cosas marchan bien, en la próxima primera dama de la ciudad.
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