Narra Christine
—Christine, deja de jugar con tu vestido y presta atención —dice mi madre manoteando mis manos por no prestar atención a lo que dice el sacerdote.
—Sí mamá, lo siento.
—Son los más importantes, no digas a tu prójimo: “Anda y vuelve, y mañana te daré. Cuando tienes en el momento como ayudarle”
Las personas levantas sus manos al cielo y cierran los ojos, miraba hacia mi derecha y veía a mi madre hacerlo, luego miraba a la izquierda y todos hacían lo mismo.
—Ama a tu prójimo como a ti mismo, no hay un mandamiento más importante que este.
—¿Escuchas hija? Eso es lo que todo el tiempo tu padre y yo te decimos en casa —susurra mamá tomando mi mano.
No comprendo porque pasa por mi mente ese recuerdo de mi infancia, era cuando mi madre me llevaba los domingos a la iglesia.
Aquel zumbido en mis oídos se fue desapareciendo y escuchaba con más claridad el ruido de las personas, autos y a lo lejos unas sirenas.
—Señora, ¿señora me escucha?
Un hombre de traje elegante se acerca a la mujer que está tendida muy cerca de mí, en cuestión de segundos todo se convierte en un completo caos, más de esos hombres aparecen y la acorralan; me arrastré más hacia atrás hasta que alguien me ayuda a parar.
—¿Estás bien?
Asentía limpiando mi ropa.
Una ambulancia llega y los paramédicos actúan con rapidez, la zona empieza a ser despejada y más y más autos llegaban con esos hombres de traje elegante.
—Esa mujer estuvo a punto de morir, de no ser por usted, el final de esa mujer fuera otro.
No decía nada, solo miraba el completo caos que había, hasta un camión de bomberos estaba allí para apagar las llamas que quedaban.
—¡Oiga, esta mujer también necesita ayuda! —dice una mujer a un paramédico.
—No, estoy bien, de verdad. No tienen que revisarme.
—¿Segura?
Asentí con una sonrisa mientras presionaba mi mano que dolía, realmente estaba bien, no necesito ayuda; toda la atención debe estar sobre esta mujer, está ahora inconsciente, pero al menos podrá recuperarse.
Aparté a un par de personas para poder salir de ese punto que estaba congestionado; hice camino entre los espectadores y fui por mi bolso que gracias a Dios seguía donde lo había dejado tirado, caminé un par de metro más y justo cuando llego a la estación, mi bus cruzaba, justo a tiempo.
Subí al bus notando que algunos me miraban con rareza, seguro por mi ropa arrastrada o los rastros de sangre que tengo en mi abrigo. Me hice a un lado y volví a mi casa, volví con una extraña sensación en mi pecho.
—Me pregunto si esa mujer estará bien, no supe su nombre ni tampoco pude repararla bien por toda esa sangre en su rostro. Pero al menos tengo esa satisfacción de que está a salvo ahora.
Entré a mi baño y empecé a quitarme la ropa, mis brazos y espalda dolía, con cuidado quité el abrigo y lo dejé caer en el piso, me di cuenta que mi camisa blanca estaba muy sucia y tenía rastros de sangre, no sé si estas manchas sean mías o de la señora. Me quité la camisa y vi aruños, raspaduras y golpes en mi piel. No se ve tan mal, pensé.
Busqué mi bolsito de primeros auxilios y limpié las pequeñas heridas que tenía en mi cuerpo, parece que la más grave es la que tengo en mi mano, pero no es nada que no se pueda curar con algo de alcohol y una venda.
Después de bañarme y curarme, recogí la ropa del piso para lavarla, revisé que en los bolsillos del abrigo no hubiese nada, ni un billete, ahora mismo si pierdo un solo dólar me descuadro.
—Oh, ¿Dónde está? —pregunté para mí misma.
Revisé todos los bolsillos del abrigo y no estaba, miré en mi pantalón y tampoco. Salí del baño y fui directo a mi bolso, lo volteé para mirar que estuviera allí y nada, parece que se ha caído.
—Oh, perdí el carnet de esa joven.
Es una lástima, espero que no tenga problemas por eso, no debí tomarlo de la mesa, en la cafetería estaría más seguro.
Me fui a dormir sintiendo como si un camión me hubiese atropellado, me dolía absolutamente todo. al recostarme en mi cama, salto de repente al escuchar mi móvil; miré la pantalla y era mi madre, me olvidé de llamarla.
—¿Hola?
—Cariño, llevo enviándote mensajes todo el día ¿Por qué no me has respondido? ¿estás bien? ¿estás enferma?
—Oh, mamá, lamento mucho no responder; te iba a llamar antes, pero olvidé por completo. No te preocupes, estoy bien, es que hoy…
Estuve por decirle lo que pasó, miré mi mano vendada y creo que lo mejor es reservarme lo que sucedió, no quiero generarle preocupaciones.
—Hoy tuve una entrevista bastante larga, tuve que tomar un bus para llegar al lugar de la entrevista y volví agotada.
—Oh, ¿y cómo te fue?
—Bien, igual debo esperar a que me llamen.
—Te irá bien, cariño, ya verás. Bueno, me alegro de saber que estás bien, tu padre estuvo todo el día alterado, tuvo un mal sueño contigo; cuando no respondiste a los mensajes, me contagié de preocupación.
—Estaré bien, mamá.
Me sorprende como ese instinto paternal puede predecir cosas.
Cortamos la llamada y pude irme a dormir, en cuestión de minutos quedé completamente dormida, mi cuerpo no podía más.
La mañana siguiente el dolor era aún más intenso, puse en duda si debía pararme o no, pero por alguna razón me forcé a ponerme de pie y bañarme para despertar por completo. En el preciso instante que puse un pie fuera del baño, recibo una llamada que me devuelve la esperanza.
—Buen día, ¿hablo con Christine German?
—Sí, con ella ¿con quién hablo?
—Habla con Brittany Thompson, secretaria del señor Nicolay Grey. Usted estuvo aquí hace dos semanas dejando su currículo, nos preguntamos si puede acercarse a la empresa F&G Corporation.
—¡Claro! si, claro que puedo ¿a qué hora?
—¿A las ocho en punto podría venir?
Miré la hora y eso sería en treinta minutos.
—Sí, a esa hora estaré.
Corté la llamada y corrí a mi cuarto, bueno, no es que haya tenido que correr una larga trayectoria porque mi apartamento es muy pequeño, tengo solo lo esencial en este lugar.
Me cambié por unos pantalones oscuros clásicos, una camisa de color blanco y un bléiser oscuro, acompañé mi atuendo de un abrigo marrón, tacones de punta delgada y mi cartera; recogí mi cabello en una coleta y retoqué un poco mis cejas, pestañas y labios. Para el poco tiempo que tuve, no quedé tan mal.
Casi que corrí hasta la estación de buses, es increíble, pero por el afán del momento no me ha quedado tiempo ni de sentir dolor en mi cuerpo por lo de ayer.
Eran las ocho y cinco minutos cuando llegué a la empresa, limpiaba mi sudor con el respaldo de mi mano. La secretaria de nombre Brittany, me recibe y me lleva hasta la oficina del señor Nicolay.
—Sí, es la madre de Anthony Lancaster, ayer tuvo un ac…
—Buen día, señor Nicolay ¿lo interrumpo? —la secretaria estaba delante de mí mirando hacia el interior de la oficina del hombre.
—Oh, no, por favor entre.
La secretaria se hace a un lado y me pide entrar.
—Señor, ella es Christine German, la joven que me pidió llamar.
—Señorita German, bienvenida, por favor tome asiento.
Di un par de pasos al interior, vi que el hombre cortó la llamada que tenía y me extiende su mano.
—Gracias.
Acomodé mi bléiser y me senté con la espalda perfectamente recta frente al hombre.
—Debe preguntarse por qué la he llamado.
—Así es, señor.
—Bien, hace unas semanas contraté a una asistente, pero debe hacerse una pequeña cirugía y estará incapacitada hasta el final del mes. No es nada grave, pero es el tiempo que los médicos le han dado para su completa recuperación. Así que, al no poder sin una asistente, revisamos en la base de datos y encontramos su currículo. ¿está usted en disposición para ser mi asistente por el tiempo que le he comentado?
—Sí, claro que sí, señor Nicolay.
No será el tiempo que me gustaría, pero al menos tengo una oportunidad, es casi un mes de trabajo; si hago muy bien las cosas, quizás me puedan recomendar o darme otro tipo de cargo en la empresa. Así que, mostraré mis mejores habilidades.