Capítulo 3: Lauren Hoffman

1742 Words
Narra Anthony Esto es algo nuevo para mí, es nuevo y al tiempo lo mejor que me he propuesto cumplir. —Familia, gracias por estar aquí; gracias a mis amigos más cercanos y, sobre todo, gracias a mi madre por estar aquí. Ella hizo un largo viaje, lástima que mi padre no pudo acompañarla. Por favor, denle un aplauso a la mujer que me ha convertido en el hombre que soy hoy en día, Azumi Chen. Mi madre se pone de pie entre los invitados y me lanza un beso. —Bien, creo que hay demasiado suspenso, les diré por qué los he reunido en esta oportunidad. La noticia, es que hace un tiempo he empezado un gran proyecto, es un sueño que me falta por cumplir y ahora es algo oficial. Iniciaré el proceso para convertirme en uno de los próximos candidatos a la alcaldía de New York. —¡Oh, por Dios! ¡Bravo, hijo! Todos se ponen de pie y celebran mi noticia, esto que iniciaré, será mi proyecto de vida más grande, es algo que me llevará a exigirme más de mí, a trabajar más y sacrificar muchas cosas; pero ya hemos armado a todo un equipo que trabajará a mi lado para que ese sueño se haga una realidad. Recibí abrazos, felicitaciones y apoyo de las personas que son especiales para mí. —Oh, cariño, eso que has dicho es increíble; no sabes cuan orgullosa estoy de ti. Que mi hijo sea un futuro alcalde; ¡Dios, me lleno de felicidad! —Gracias, mamá. De verdad, estoy tan entregado a esto que prometo cumplirlo. No voy a descansar hasta obtener ese título. —Cuentas con nuestro apoyo cariño, tan pronto puedas llamar a tu padre, lo haces; me gustaría que tú le dieras la noticia directamente. Mi padre también es empresario, realmente toda la familia lo es, solo que mi padre decidió hace unos años radicar varias sedes de sus empresas en China, lugar de donde es mi madre; así que, yo me quedé en New York dirigiendo las sedes principales de Lancaster Corporation. —¿Ahora qué harán? Digo, quiero saber si me queda tiempo de ir a un lugar antes de tener que volver al aeropuerto. —Mamá, te dije que te quedaras más tiempo, puedes volver a final de mes. —No cariño, sabes que a tu padre no le gusta estar solo, no tardará mucho en llamar y pedir que regrese. —¿A dónde tienes que ir? Digo, puedo pedirle a alguien que te lleve. —Quiero comprar un par de cosas que no consigo cerca de nuestra cosa, sabes que soy golosa y no volví a comer aquellas tortas de chocolate y esas galletas que preparan en el Rousé Palace. —Bien, ya mismo le diré a mis hombres que te lleven. —No, eso no es necesario; iré y volveré de inmediato. —Insisto, sabes que no me gusta que andes sola, si contratamos un esquema de seguridad; es porque es necesario. Así que, espera aquí y ya pediré que alguien te lleve. —Está bien. Me di la vuelta para ir por el jefe de seguridad, tan pronto les di la orden, el hombre va con mi madre. —Anthony, hagamos un brindis, traje la mejor champaña para ti. —Oh, muchas gracias. Sirven las copas de champaña y todos levantan sus copas. —Por el futuro alcalde de New York ¡Salud! —¡Salud! Iba a darle mi primer trago a la bebida cuando sentí que alguien toca mi hombro. —Señor, disculpe que lo interrumpa, pero su madre se ha ido antes de que… —Dios, por qué mi madre es tan terca. Búsquenla y escóltenla hasta donde tiene que ir. —Sí señor, ya mismo rastreamos su teléfono para encontrarla. Mis hombres se van por ella mientras termino de atender a las personas que he invitado, algunos hasta se ofrecieron a apoyar la campaña, algo que agradezco porque el inicio del camino es el más duro. Casi media hora más tarde, despedí a alguno de mis amigos y esperé a que mi madre volviera para irnos todos a cenar a un lugar especial que reservé. —Por favor, que alguien llame al jefe de seguridad, quiero saber si tardan en volver con mi madre. —Sí señor —responde mi asistente. Ali, una mujer que ha trabajado para mí desde hace unos años, busca su móvil para hablar con mis hombres. Ella se aleja para hacer la llamada, pero no lo suficiente como para no escuchar que algo sucede. —Dios, eso es terrible, ya mismo le informo al señor Lancaster. —¿Qué sucede? —Me informan que algo pasa con el auto de su madre, dicen que parece que ha perdido el control que la están siguiendo por la vía, pero no logran comunicarse con ella para saber que ocurre exactamente. Mi corazón salta de impresión. —¿Dónde están? Iré tras ellos. Corrí hacia la salida y pedí que me dieran un auto, estaba tan nervioso que ni siquiera podía encender el auto. Mi madre es lo más preciado que tengo, ella es mi vida entera y si algo le llega a suceder moriría de inmediato. Me puse en contacto con el jefe de seguridad, este se escuchaba agitado y algo preocupado. —Señor, no sabemos qué pasa, está sobrepasando los autos que van delante en su máxima seguridad; creemos que ha perdido el control, pero no estamos completamente seguros, no he logrado comunicarme con ella. —No la pierdan de vista, iré tras de ustedes, yo intentaré llamarla. Corté la llamada y mirando la carretera y al tiempo mi móvil, marqué a mi madre para saber que ocurría, escuché a la operadora un par de veces, pero no me resistí; intenté e intenté hasta que por fin responde. —Hola —responde con su voz en un hilo. —Mamá, mamá, dime que pasa ¿estás bien? —Mi amor, mi hijo, quiero que sepas que te amo, estoy tan orgullosa del hombre en el que te has convertido que no me cambio por nadie. Por favor, sigue trabajando en tus sueños, dile a tu padre que lo amo, que no llore por mí. No pares hasta que te conviertas en lo que deseas, ¿me escuchas? Sus palabras de despedida no era lo que yo quería escuchar. —Mamá, mamá no… no digas eso, tu estarás bien, dime que pasa y podemos ayudarte. —El auto ya no responde no puedo parar —responde con ese tono de angustia que me destroza el corazón. La bocina de su auto sonaba, dejé de escucharla con claridad, de la nada un ruido aún más fuerte aparece y se corta la llamada. —¿Mamá? ¿Mamá estás bien? ¡¿Mamá?! Seguí manejando como loco, no sabía que había pasado, mis hombres aun no llegaban al punto donde marca el GPS, unos diez o quizás quince minutos después; recibo una llamada que me quita el aliento. —Señor, señor Lancaster, el auto de su madre se volcó. Uno de mis temores más grandes, se hacía una realidad. No estoy listo para perder a mi madre, eso no puede ser cierto. Seguí conduciendo hasta donde se me fue permitido, cuando me acercaba, me daba cuenta que el tranco no me permitiría llegar en auto por lo que bajé del vehículo y corrí como loco. Ese temblor en mis rodillas por el miedo y los nervios, era algo que nunca había experimentado. Así que, cuando llegué a ese punto, abrí espacio entre la gente. —Permiso, denme permiso, por favor ¡Abran paso! —Señor, no puede cruzar, hay un accidente. —Es mi madre —le digo al oficial—. Esa mujer es mi madre. El oficial se hace a un lado y me ayuda con las personas para que pueda pasar, en el preciso instante que llego, veo todo el caos que hay; era como una escena de terror de una película que nadie quiere vivir. —¿Dónde está mi madre? El jefe de seguridad corre hacia mí y me indica que está siendo llevada a la ambulancia. —Quiero ir con ella, ¿Cómo está? ¿está viva? —Sí señor, su madre está viva. Corrí a la ambulancia y pedí que me permitieran ir con ella, verla llena de sangre y en ese estado, me partía el alma, mis lágrimas no debían ser forzadas, salían por si solas como una llave sin poderse cerrar. Tomé su mano y le dije: —Estarás bien, mamá. Estarás bien. Llegamos a la clínica más cercana, tuve que dejar que se la llevaran, quedé allí con el corazón en la mano por querer estar con ella y no poder. Mi cuerpo que había soportado más de lo que imaginé, se siente débil; mis piernas flaquean y tengo que apoyarme de las sillas de la sala de espera. —¡Por Dios! ¡Señor Lancaster! El jefe de seguridad y otro de sus hombres me sostienen para no caer. —Por favor, tome asiento, su madre estará bien. —¿Qué pasó? Quiero que alguien me dé una respuesta de lo que acaba de ocurrir. —Señor, ya el auto será revisado; la grúa está llevándolo con los investigadores, descubriremos que fallas han ocurrido. —Esto no puede estar pasando ahora, mi madre ella… No pude seguir, el nudo en mi garganta no me lo permitió. —Señor, está viva, eso es lo importante. Según lo que escuché entre las personas que comentaban sobre el accidente; su madre fue salvada por una joven, esa mujer logró sacarla antes de que el auto explotara, es un milagro que esté aun con nosotros. —¿De qué habla? ¿Quién es esa mujer? —Señor, no sé —responde el jefe de seguridad—. En el momento que llegué al lugar no me fijé en nadie más; fui directo a su madre. No recuerdo a ver visto a una mujer con ella, quizás sí, pero no tengo un recuerdo claro de cómo es o como se llame al menos, no me dieron más información. —Señor, yo… —interrumpe otro de los hombres—. Creo que tengo algo que puede ayudar. Al lado de su madre encontré este carnet, puede pertenecer a la mujer que la ha salvado, se llama Lauren Hoffman Bale.
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