Destino, Argelia

1405 Words
Delfina se sentía emocionada y acojonada a la vez, según llegó a su y casa se puso a preparar una maleta con todo lo indispensable. —Un momento, ¿Qué temperatura habrá allí? —se pregunta a si misma cuando se da cuenta que la llena sin pensar. Coge el móvil de encima de la cama, donde lo había tirado efusivamente un rato antes, y busca la información meteorológica, esto le lleva a otra pregunta, exactamente, ¿En qué parte de Argelia se encuentra su estafador? Sonríe, se dirige a su escritorio donde tiene el ordenador portátil, lo enciende y mientras este ejecuta la orden, tamborilea nerviosa con los dedos en la mesa. Contempla alegre el logo de su software y trabaja, como ella bien sabe, para hackear la cuenta de i********: de su víctima. —Um, así, sí, ¡Bien!, ¡Mierda! —va hablando sola mientras entra y sale de diferentes programas. En una hora, observa orgullosa la localización exacta del estafador, el cual dice llamarse Alzo, sonríe llena de deseo de estar allí ya, de imaginar su cara cuando le diga quién es y que está pillado. —Debo seguir hablando con él, saber qué hace, dónde está, que crea que estoy interesada —piensa en voz alta. "Hola, cómo estás?", le escribe entonces. Él no responde, Delfina se impacienta, vuelve a tamborilear mientras mira la pantalla, suspira, expira, se arquea, se estira, y por fin, cambia la imagen, teniendo un pequeño texto más. "Hola, bebé, yo bien, y tú?, qué alegría que me escribas, no puedo parar de pensar en ti". Delfina sonríe ante lo estúpido y cursi de su forma de hablar, ella ya no cree en esas cosas, se da cuenta de que dejó de hacerlo hace mucho. "Bien, sí, echaba de menos tu forma de hablarme", decide escribir, diciendo una verdad a medias. "Me excitas con solo escribirme", le contesta él. "Mándame una foto tuya, por favor, quiero verte, no me importa donde estés", le ordena. Recibe su foto, en ella sale un selfie del hombre que se supone que es, y la última foto que ella le mando, no tarda en llegar un texto posterior. "Estoy en el hospital, hoy tengo guardia, pero mi cabeza solo está contigo, tus labios, tus ojos, tus senos..." "En qué hospital trabajas?", decide preguntar. "En el general, tú no me has dicho de que trabajas". Delfina piensa rápido una mentira que contarle, por nada del mundo debe saber que es hacker. "Soy cocinera", responde, riéndose de su propia persona, curioso que eligiese esa profesión cuando, precisamente la cocina, no es su punto fuerte. "Cocinera?, qué es lo que mejor se te da hacer?, me encantaría probar tu comida, seguro que eres muy buena". "Cocino la pasta de muchas maneras diferentes", contesta pensando en que, en cierto modo, así es, igual le echa tómate frito, que ketchup, que queso, a los macarrones. La conversación continua, no como ella esperaba, siente cierta rabia porque él no es real, hablar con ese desconocido es agradable, excitante y misterioso. Una llamada la saca del chat. —Dime, jefe —responde Delfina al ver el nombre en la pantalla. —Necesito que vengas, un cliente importante ha sido hackeado. —Está bien, pero en cuanto acabe me cogeré unas vacaciones, iba a llamarte en un rato. —¡Vale, vale!, ¡Sabes que por mí no hay problema!, ¡Pero, por favor, ven antes de que esto empeore! —Ok, en diez minutos estoy allí —le contesta colgando y mirando la pantalla un segundo en la cual está su último mensaje —.Justo cuando se ponía interesante —dice el voz alta leyendo en silencio. Como había dicho, en diez minutos llega, piensa que el cliente debe de ser de los más importantes, ya que da vueltas de un lado a otro nervioso. —¡Por fin! —exclama al verla. —No he tardado nada..., cuéntame. —Se trata de Razif Teiyan, el jeque tan amigo del ministro, se encuentra en España haciendo ciertos pactos con nuestro gobierno, y alguien ha entrado en su cuenta privada, están sacando información clasificada. —Me imaginé que era grave, bueno, pues vamos a ello —le dice señalando con la mano hacía su despacho. Se acomoda en su silla mientras enciende el ordenador, coloca un boli y un papel a su derecha y empieza con la búsqueda. Una hora más tarde no logra alcanzar la codificación que necesita para dar con el hacker, algo falla, está segura, algo se le está escapando. —¿Cómo vas? —le pregunta su jefe entrando con un café en la mano mientras se lo deja en la mesa. —Solo me falta una cosa, sea quien sea es realmente bueno —responde apoyándose entre sus manos y mirando la pantalla con números repetitivos —¡Claro! —exclama reincorporándose. —¿Claro? —pregunta su jefe confuso. —Yo me entiendo —le responde Delfina sin mirarlo, tecleando una serie de números que para él no significan nada. Tras unos minutos, se echa hacia atrás, lo mira y sonríe. —¿Ya está? —Sí, ya está, le he cortado la entrada, y además, sé quién es. —¿Quién? —Es un tipo que trabaja para el gobierno de Marruecos, pero está aquí, en España. —¿Y por qué alguien de Marruecos vendría hasta aquí para hackearle la cuenta a Razif? —No lo sé, me imagino que será algo muy goloso, y ahora, me tengo que ir, me debes unas vacaciones —le sonrió ella levantándose. —Te las has ganado desde luego, me has salvado el pellejo —le agradece su jefe mientras pasa una mano por las canas que dejan entre ver su edad. Según salen del despacho chocan de frente con un hombre vestido con turbante y túnica, y cuatro hombres que lo siguen. —¿Puedo ayudarlo en algo? —le pregunta el jefe de Delfina. —Me llamo Razif Teiyan, creo que mi nombre les sonará de algo. —¡Oh, sí!, ¡Ahora mismo acaba de resolver su problema! —le cuenta orgulloso. —Ya, lo sé, me ha llegado la notificación al móvil, pero no vengo solo por eso. —¿Y por qué? —La necesito —dice mirando fijamente a Delfina. —Lo siento, pero acabo de empezar mis vacaciones —le responde cruzándose de brazos, a Delfina nunca la intimidó o se sintió menos por alguien con dinero o poder. —¿No puedo hacer algo para convencerla? —Lo siento, pero no creo que haya algo en lo que me pueda ayudar a mí —se queda pensativa un momento —¿De dónde es usted? —De Argelia, aunque tengo sedes y propiedades en Casablanca, Israel, Egipto, Paris... —No necesito que me cuente su vida, pero sí hay algo que me vendría bien... —Dígamelo y se lo daré a cambio de esto. —Necesito hospedaje y tal vez protección en Argelia. —Está hecho, es más, es perfecto, porque este trabajo requiere que viajes hasta allí. —¿De qué se trata? —pregunta con curiosidad el jefe de Delfina, completamente seguro de que a la joven se le ha ido la cabeza. —Hay un tipo, Gabriel Pescan, se enteró de que venía a hacer ciertos tratos con España y no le gusta mucho la idea, está muy protegido, es un pez gordo de Argelia, necesito que lo encuentre, con la ayuda de un equipo que tengo allí y entre en su disco duro. —Eso lo puedo hacer desde aquí. —No, no puede, para entrar necesita estar en su oficina, cuenta con su propio software, no es hackeable desde fuera. —Ella es informática, no espía, o de la C.I.A. —le responde el jefe. —Lo haré —contesta en cambio Delfina dejándolo a cuadros. —¿Qué?, ¿Pero tú lo has escuchado? —Sí, claro que sí, pero quiero hacerlo, tarde o temprano debía salir de esta ratonera, y no hay mejor momento que ahora —piensa emocionada. Nunca ha corrido ningún riesgo, su vida cómoda no lo ha necesitado, pero siente ganas de empezar a hacerlo, de ver hasta dónde es capaz de llegar, y como ha dicho, ¿Qué mejor momento que ahora?, y en Argelia, justo donde quiere ir, no podría ser más perfecto.
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