CAPITULO 24 Cuando Neriam iba camino a su oficina, se topó con Ángel, quien al verla se asustó y le tomó la mano para ver si estaba bien. —¿Qué haces aquí, Alfa Neriam? Deberías estar en cama. Cuando tocó su mano, una corriente se transmitió entre ambos, pero él ignoró esos sentimientos y trató de tomarle el pulso. Luego puso su mano en la frente de Neriam, quien estaba quieta y no decía una sola palabra. —No tienes fiebre y tu pulso está estable, son buenas señales —dijo mirando el rostro de Neriam. —Ah, qué bueno, es que ya me siento mucho mejor y tengo mucho que hacer. Neriam retiró su mano y siguió caminando hasta su oficina, sintiendo que todo su cuerpo vibraba por la caricia y los toques de Ángel. Ángel caminó a su lado y le dijo: —Tengo algo que hablarle, si me lo permite.

