Llegó el día acordado con mi papá, cuando llegué, él ya estaba sentado, me detuve desde unos metros antes de interrumpirlo, me fijé en su postura, parecía haber envejecido más rápido últimamente, me dio un dolor agudo en el corazón, él estaba cabizbajo, parecía sufrir en silencio.
—¡Papá, pero... —dije en tono de no estar de acuerdo.
Levantó la cabeza para mirarme, vi un brillo en sus ojos.
—Ya hace un tiempo que quería decirte esto, pero no hallé el momento adecuado, para decirlo, Jess.
Asentí, pues al notar ese gesto y ese tono en mi padre, ya suponía que era algo grave, lo suficientemente chocante para que él me sobara antes de tirar la bomba.
—Siéntate, come primero. —dijo empezando a comer el primero para que le siga su paso.
—Todos son tus platos favoritos, los elegí para ti —dice sin más señas de hablar del tema.
—Esta bien papá, pero dime, ¿la verdadera razón de que me hayas llamado aquí?
—¿Ahora no puedo pedirte que vengas a comer conmigo? Crees que es por alguna otra razón? —bromea en una risa forzada.
—Papa, ámbos sabemos que tu hoy me lanzarás a la boca del lobo —era solo una expresión dicha, no sabía que así iba a ser.
El se detuvo de comer y me miró, susurró, "ese es solo su apodo" mientras su mirada se perdía.
Desde luego que yo no sabía a qué hacia referencia al decir lo de lobo era su apodo, en ese momento yo no lo había ni analizado.
—¿Hace cuánto tuviste una relación con un hombre? Desde lo de Scott, pienso que ha pasado mucho tiempo.
—Si, unos años. —Dije sin brindar la mayor importancia a eso.
—Quiero que te cases. —levanté mi cabeza para mirar a mi Padre con sorpresa, mi padre nunca había hecho imposiciones conmigo, así que obviamente me sorprendió su intención.
—Pero, padre, eso de quererme ver casada lo hacía mi madre, no tú, ¿A qué viene esto?
—No lo hago por las mismas razones que ella, además te pediré que dejes de llamarla tu madre.
—¡Papá, nos guste o no, es mi madre aunque no realmente sea como una madre para mí! —traté de aclarar.
—Esta bien, de eso hablaremos luego, vayamos a lo que vinimos. —dice sin más que esperar.
Su actitud me puso los pelos de punta. Papá hablándome así, al grano.
—Dime papá. ¿Estoy escuchando bien?— Mi Padre se puso de pies e hizo señas a alguien, de pronto vi aparecer a un hombre delante de mi, él lo invitó a sentarse a la mesa con nosotros.
—Sr. Copoa, siéntate aquí con nosotros. ¿Puedo pedir algo para usted?
—Un poco de tequila estará bien —respondió el sujeto.
Los ojos del sujeto rodaron sobre mi, y la intensidad de su mirada me hizo sentir extraña.
—¡Papá! ¿Que significa esto? —pregunté con incomodidad.
Me pongo en pies, a lo que el extraño hombre también se pone de pies y me dice.
—¡Hola, cariño! —¿Hola cariño? acaso todos están locos aquí. —pienso de manera que me irrita.
El hombre me toma del hombro y me hace mirarle a los ojos. —"Soy el hombre con quien te casarás, o mejor dicho, ya lo estás" —me dice sin ningún remordimiento.
El afirma de forma segura. Me suelto de su mano y me agacho a la altura de los ojos de mi padre y le hablo a él ignorando al tipo.
—Padre, si querías pedirme, sugerirme que era hora de que ya pensara en matrimonio y esas cosas, lo hubiéramos discutido en casa, no delante de este extraño.
—¡Él ya es tu esposo! —¿Qué? —Dije con la mandíbula endurecída.
—¡Que el señor Alejandro Copoa y tú ya son esposos!
—¡Padre!... —dije casi en un alarido.
—¡Por lo que yo sé, no me he casado con nadie. Mucho menos con este hombre.
—Lo hiciste hija mía, hace una semana te pedí que firmaras unos documentos, —puse cara de no creerle, él insistió —, si esos documentos se trataban de tu herencia, pero entre ellas incluí un certificado de matrimonio.
Abrí grande mis ojos, pues no daba crédito a sus palabras.
—¿Por qué harías eso? —Cuestioné al hombre a quien ya no reconocía, pues mi padre no haría eso según yo.
El hizo algo de silencio y luego dijo:
—Si te pedía que te casaras con el señor Alejandro Copoa, no lo hubieras querido hacer, por eso lo hice.
—Pero aún no entiendo, ¿Por qué querrías que fuera él? Hasta ahora no lo había ni mirado bien al tipo este.
—Por que probablemente ya no esté a tu lado, y tú necesitas estar al lado de una persona honrrrr... auhhhh.
No permití acabar su oración, yo ya había caído en llanto, pues me dolía que mi propio padre hiciera una estafa así en mi contra.
Él estaba sentado con la expresión más fría que podría mostrar, mientras mi papá estaba pálido y estático, pude notar que a mi padre le costaba hablar incluso.
—Papá, no debiste engañarme así, solo debiste hablar conmigo, ya vez las cosas de parejas no son a la ligera. —Dije mordiendo mis labios.
Me sacó un expediente, me dijo: —Moriré pronto, estoy enfermo. La Empresa está casi al colapso, la única forma de dejarlo a flote es que tu nuevo marido haga algo al respecto, así que quería que te casarás con él por eso.
Espera, era demasiada información en un solo momento, yo me volví loca al oír lo de morir. Quedaría sola entonces...
—Papá, la empresa está bien, ¿Por qué estaría en la ruina? —Pregunté asombrada de los nuevos cambios.
Mi padre no podía hablar, así que el tal señor Alejandro Copoa tomó los documentos y empezó a sacar los documentos hoja por hoja.
Las puso ante mí y explicó.
—La madre que siempre creíste tu madre, en realidad no lo es.
—En realidad, tu verdadera Madre está encarcelada, hemos hecho una investigación y ella fue víctima de una trampa impuesta por Yadira su hermana, así entró a la vida de tu Padre y se casó con él, tu padre muy enamorado aceptó todas las condiciones de tu tía Yadira, hacerte creer que eras su hija.
—Estos últimos años tu tía Yadira ha estado chantajeando a tu padre por lo que le ha seguido sacando dinero, si no había amenazado con venir y hablar contigo, contarte toda la verdad que ahora te estoy contando.
Las lágrimas en el rostro de mi padre eran correntadas.
—¿Ahora ya no habrá forma de chantajearme? —consulté.
—Tiene al borde de la quiebra a la Empresa que alguna vez será tuya, profirió el hombre.
—Y ¿Quién eres tú? Cuestioné.
—Preciosa, soy tu esposo. —me sonrió de manera maliciosa.
Entonces mi padre dijo: —el es mi ahijado, créame que jamás te usará, no te hará ningún daño y ya que la muerte pronto me visitará, quiero verte con él y no con cualquier otro aprovechado.
Sonreí de manera fingida, ya que de la confíanza que hablaba, mi padre, no había visto por ningún lado. Hasta él me ha tomado por tonta.
—Deja que la Empresa se vaya y se pierda, dije. __Mejor vamos a buscar una cura para ti. —lo dije abrazando.
—Eso no es todo hija mía. —me dijo mi padre.
—¿Acaso hay más? —dije de manera sorprendida.
__¿Te acuerdas de Scott?, él es el nuevo esposo de tu madr... bueno de Yadira, tu tía, Scott te abandonó por ella. —dijo mi padre.
Asentí con la cabeza, ahora empezó a encajar todo en mi cabeza, después de la última vez que viajé a casa con Scott, las miradas entre ellos, yo creía que Yadira era coqueta en su naturaleza, pero no, ella se había involucrado con Scott.
Puse mi corazón en plan de guardarse bajo diez candados, los hombres eran demasiados malos, yo me enojé al ver que este tal Copoa me miraba como si tuviera un interés enorme en mi.
__¿Que miras? lo abochorné, —no creas que me engañas —lo encaré de frente, nada de hablarle de espaldas.
Mi padre al siguiente minuto empezó a toser, así que salí de allí con mi Padre hacia el hospital, al salir noté como el tal Copoa metió el hombro a mi padre y lo sacó hacia el carro, era bastante alto, con una juventud plena, era joven, si no fuera por que me sentía tan molesta diría que hasta era guapo.
Unas dos horas después estaba en el hospital, mi padre había sido ingresado, según los documentos y según todo lo que dijeron, yo estaba casado con este hombre, fue de manera turbia, pero lo estaba.
Así que eran tantas cosas en mi cabeza que no sabía cómo ordenar mis ideas en mi mente.
—Vaya a descansar, esta noche yo me quedaré a acompañar a tu padre. —me dijo el tal Copoa, lo miré de mala manera y le hablé con odio.
—Yo soy su hija, usted es el extraño aquí, así que puedes marcharte.
Se acercó a mí y me habló con majadería.
—Soy como si fuera su hijo, cuidó de mí, así que yo debo estar con él.
Al final por el resto de la noche, nos quedamos los dos. Yo empecé a medio dormitar en el sofá y él estaba en un asiento al lado de mi padre.
A la mañana siguiente, el doctor se acercó después de revisar a mi padre, dió su diagnóstico.
—¡No hay nada que hacer con tu Padre, les comunico que el no podrá soportar mas esta enfermedad.
Lloré estrepitosamente, yo no podía creerlo, miré al doctor y luego a mi papá, pregunté.
—Dr. Apenas ayer me enteré que está enfermo, ¿Cómo dirás que está en sus últimas horas de vida?
El sujeto a mi lado, mi tal marido, me miró y chasqueó la lengua, dijo lo siguiente:
—Tiene dos años luchando contra esto, y sin querer contar la verdad, si ayer lo hizo es por que ya no tenía mas tiempo ni opciones. Te lo dijo para que entiendas tu nueva situación.
"¿A qué situación se refería?