Al cabo que Isadora quedó rebusnando, yo me alejé de ella, no quería dedicarle de mi tiempo a una persona como ella. Entré a mi habitación, bueno era la habitación de los dos, pero casi no veía a Alejandro por las noches, al perecer él iba a dormir a algún lado yo no sé con quién. Entró una de las sirvientas, era una mujer de rostro arrugado, supongo que el tiempo le había hecho esas líneas, ella me miró y en sus ojos pude notar que había algo de empatía hacia mi. —Hola señora Copoa —dijo mostrando una sonrisa hacia mi. —Hola, ¿Que pasa? —pregunté. Ella me sonrió con una sonrisa discreta y tímida. —Soy su servidora Ann, estoy aquí para ayudarla a elegir un hermoso vestido y ayudarla a vestir, esta noche habrá gala —me lo dice de manera sutil. —No es necesario, yo elegiré algún vestid

