Las peleas

1457 Words
"Una mujer es como una colina, si quieres apreciarla bien, debes subirte sobre ella" Al cabo que me instalé en casa de mi nuevo esposo, bueno cual nuevo, el único que he tenido hasta ahora. Pero tan pronto como logré quedarme ahi empecé a notar varias cosas mas con algunas de sus empleadas, una de ellas llamada Isadora, ella en especial, me miró desde un primer momento, con un desprecio, su actitud parecía a la de una mujer despechada. Esta chica joven alrededor de unos veintitantos años, ella era muy despectiva, creo que hasta escupía en la comida que yo debía comer, lo digo por que sin querer escuché a una de las mujeres sirvientes regañar por su acto, ella dijo sin negar, "no me importa si es la reina de Inglaterra" igual no la soporto. "Igual, somos servidoras, ella es la esposa del jefe, debes ser respetuosa, yo tuve algo de idea acerca de su actitud, pero no le presté suficiente de mi tiempo para lidiar con eso. Quizás ella sea la que caliente la cama de su amo, total, a mi ni me va y ni me viene. Por eso es que digo que haga lo que quiera, siempre y cuando no se meta conmigo obviamente. A una semana de estar viviendo bajo el mismo techo que Alejandro, descubrí que su enorme casa, con su Torre al fondo, alcanzaba en los vastos y recónditos del espacio en donde la vista ya no alcanzaba mas, era enorme la propiedad de este hombre, su enorme casa, yo no lo llamaría casa, era un caserón de esas que no sé, no me siento cómoda viviendo en un lugar así, con un montón de sirvientes que hasta podrían matarte si te odiaran tanto como esa tal Isadora. En fin, a mí me gusta mi soledad, mi pequeño espacio propio con algo de nostalgia, no quepo en su sintonía, lo digo en serio, lo único que le veo atrayente a mí, es su físico, es guapo el tipo, pero hasta allí, tampoco quiere decir que quiero con todas los guapos del mundo, me entiendes, no es así. Voy pasando los días sin tantos altibajos, hasta que la tal Isadora, cree conocerme lo suficiente y una tarde que yo estaba en el estudio del susodicho, me metí ahí por que tenía un balcón espectacular, desde allí podía ver el horizonte y viajar en el tiempo con tu mente, incluso sentir retroceder el tiempo, un campo magnético para desconectarme del mundo real y entrar en otra dimensión, solía hacer eso a menudo. El asunto es que mientras me encontraba en el balcón observando el paisaje, estaba tratando de conectarme con la naturaleza, entra el señor Copoa a su estudio, como no pedí permiso para entrar allí, me escondí detrás del balcón, él se sentó en su escritorio, hizo algunas llamadas después vi que recostó su cabeza en el respaldar de la silla y cerró los ojos, se veía endiabladamente atractivo, me atraía a él. Yo estaba mirándolo, así hasta, parecía incluso buena gente, sus párpados se movieron como si tal tuviera pesadillas, como estaba ahí escondida, y el así sin moverse, decidí pintar su rostro, me estaba saliendo de maravillas cuando se abre la puerta de su estudio y entra una persona, y adivinen quién... Si, Isadora la timadora. Ella caminó hacia él, que por cierto seguía con los ojos cerrados, ella sin ninguna verguenza o ápice de cordura o miedo a su acto, dejó caer su larga falda, quedando desnuda de cintura para abajo, no traía bragas, por dios, a esto se le llama actuar con alevosía y premeditación. La mujer abre las piernas y se encaja en las piernas del hombre, él hasta ahora sigue dormido, por que no hay otra explicación para que siga así inerte, ¿tendría el sueño pesado? Me pregunté. Cuando sin querer escucho que el señor Copoa tiene un sueño raro, porque gime en su sueño y llama por un nombre, es el mío... —"¡Jess, no...n...no te vayas, no me dejes... Jess!" —"¡Jess, te he amado desde siempre! —mi cara se calentó al oírle hablar. Yo no sabía por qué estaba mi cuerpo reaccionando así. Isadora se levanta de su regazo con cara de pocos amigos. —¿Tienes que llamarla hasta en tus sueños? ¿Que tiene de especial que no tenga yo? —rebota su cuerpo sobre él y se devuelve para recoger su ropa del suelo. En ese instante, Alejandro ya está totalmente despierto, el gruñe con antipatía. —¡¿Que haces tú aquí?! Parece que debo empezar a castigarte por tus impertinencias. La mujer lanza una carcajada y le dice: —He sido tuya ya, ¿Cuál es el problema? El señor Copoa muestra claro rechazo hacia la mujer, pues no tiene por qué fingir, por que están solos. —¡La vez que te metiste en mi cama! Yo lo dejé pasar por tu padre, por que son respetables, de que dijiste que pasé la noche contigo, ni siquiera tengo algún recuerdo, si no te comportas, serás enviada a la tribu de mi primo. —¡Claro! Ahora como la tienes a ella, me vas a dejar a un lado! ¿No? Ella empezó a sollozar, no es que Copoa la haya enamorado, ella seguro hizo algunos trucos para meterse en su cama, ahora cree que puede seguir siendo su amante. Analicé la trama. —¡Basta mujer! Nunca me gustaste ni para que sirvas en mi casa, pertenecías al clan de mi padre, sabía que cuando pediste que te trasladaran aquí, tramabas algo, sin embargo por consideración a tus padres lo dejé asi. —Si lo de ahora se vuelve a repetir, no solo perderás tu trabajo, también te expulsaré de todas partes. Dicho eso, Alejandro se puso de pies y la arrastró hacia fuera del estudio, luego el volvió al escritorio y resopló con disgusto, estaba muy enojado. Después de eso hizo una llamada, hablaba con alguien, al otro lado del teléfono no sé que decía, pero el dijo: —Esa mujer se atrevió a entrar a mi estudio, yo estaba tomando una siesta sin planear, estoy seguro que me dió algo en la bebida que me ofreció a llegar, no desperté enseguida. —Aha, pero ¿Sabes lo que más me molesta de esto? Que... Que de qué, ... jejeje estaba soñando con ella, nooo, con mi esposa, siiii, soñaba que la encontré en el río que queda a dos kilómetros de aquí bañándose desnuda, si desnuda, aha, se enojó cuando la vi desnuda y se montó en mi caballo, si el potro n***o que nadie excepto yo monto y se estaba alejando de mi. —Ah, ¿quieres saber lo que sigue de mi sueño? Pues que la seguía como un tonto, le pedía que no me dejara, que, jajaja sí el sueño era algo tonto, por que ni siquiera sé como es ella desnuda... —¿Qué, que quieres conocerla? Eso sí ni la mires mucho. —¿Por qué lo preguntas? ¡Por qué ella es para mí, es mía solo mía. Cuelga el teléfono, suspira sin saber que estoy aquí roja, roja no sé si de enojo o de verguenza, ya que dice que me soñó desnuda. Sale del estudio y se va. Así que hago lo mismo. Al salir del estudio a la primera persona que encuentro es a la pisadora, digo Isadora. Ella se atreve a acercarse a mi con desdeño en sus labios y me dice: —¿Sabías lo que estaba haciendo hace un momento? —Me detengo a mirarla, por que lo que más detesto de los demás es la falta de dignidad. —Ademas de falta de amor propio, ¿te hace falta la dignidad también? advierto que es muy mentirosa. —Tu marido, Ummm, me acaba de agarrar de los pelos, me puso en cuatro patas y ... —En tu imaginación supongo. —le respondo y me río a carcajadas, pues aunque no me gusta burlarme de alguien, ella se lo merece. —¿Qué dijiste? —me dice y me sigue los pasos. Me quiere tomar del pelo, según se quiere desquitar conmigo la calentura que no logró que le quitara la pija de Copoa. —Atrévete a meterte conmigo, no durarás el tiempo aquí por que yo misma te echo como gata en celo. Ella me mira sorprendida, así es, la información es poder, y siento el gran poder que tengo respecto a ella, pues me sé sus fechorías. En cuanto a Alejandro Copoa, el me tiene intrigada. ¿Que es eso de soñar conmigo, y soñarme desnuda? Vaya morboso que es, pienso que es.
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