Capítulo 2: Confesiones.
Naomi
Él parece entender mi sarcasmo y se devuelve a la casa ya que lo estaban llamando para unos negocios.
Camino hacia la dirección donde está Olga.
Me siento al lado de ella en la banca de madera de roble pintada de blanco. Ella comienza.
—Naomi, te tengo que confesar algo.— No me mira pero yo si a ella.
—Adelante.— Digo intrigada por lo que tiene por decir.
—Desde que trabajo para tus padres, siempre he sentido algo por Erick, pero tenía que guardármelo muy a mis adentros ya que no sería profesional. Jamás tendría una oportunidad con él, Erick para mí es como una estatua tallada por las mismas manos de Miguel Ángel… Hasta que hoy se me insinuó, trate de no ponerme a su alcance pero igual me logro seducir e invente una excusa barata para irme de allí…—
—Hey ya basta, no puedo dejar que te minimizas más, esto es inaceptable… (He subido la voz, lo que la asusta)… perdona por asustarte pero ¡Él está enamorado de ti!, Olga eres estúpida no te habías dado cuenta.—
Sorprendida porque le grito me mira segura.
—¿Desde cuándo?.— Pregunta estupefacta.
—Desde hace meses, ¿Cuándo fue su última novia?, hace siete meses, él me confeso que ellas nada más lo querían por nuestro dinero pero que él ve algo diferente en ti y… estaba en lo cierto porque si estas enamorada de él de verdad. —Afirmo con esperanzas que ella recobre su seguridad pisoteada.
—Sabes, si fui una estúpida porque no me había dado cuenta de hace siete meses hasta el día de hoy. Pero aun sabiendo todo esto, no podría ser novia de Erick ya que trabajo para sus padres.— Me dice decepcionada. Echándose para atrás recostando su espalda al espaldar de la banca llevándose sus manos a la cabeza.
—Cierto, pero si de verdad es amor podrás eliminar todos los obstáculos.— Mi seguridad la calma, poniéndose en una posición más cómoda para poner su cabeza en mi hombro. Acaricio su cabello y le digo que todo estará bien pero…
—Naomi y tú, ¿si te vas a Dinamarca?.— Me pregunta con tranquilidad mezclada de ansiedad.
—Eso no lo sé pero lo arreglaremos.— Delicadamente la alejo para estar frente de ella.
—Olga, siempre has sido mi favorita y eso lo sabes, si quieres que te ayude no hay problema. Si quieres ser novia de mi hermano, está bien con tal de que tus intensiones sean buenas… (Me interrumpe).—
—¿Alguna vez te he pedido dinero?.— Está furiosa.
—Jamás. —Digo seria.
—Sabes cuando yo miento o no así que ¿por qué dudas?. —Esta herida por lo que dije.
—Perdóname, pero sabes que siempre tengo que dudar ya que somos adinerados y no quiero que nadie este con mi hermano por dinero.— Me sincero con ella. Parece entender pero…
—Mírame a los ojos. ¿Qué ves?.— Pregunta amablemente.
—Amor. —Es cierto lo que hay es amor en sus ojos cafés claros.
—Jamás dudes de mí. Que si yo estoy con él jamás los traicionaré. —Dice con determinación y coraje. Lo que me tranquiliza.
—Está bien, yo no te voy a presionar. Lo que se tenga que dar se dará.— Confirmo que tiene mi ayuda.
—Ok, ¿adónde quieres ir?. —Me pregunta para desviar la conversación.
—Mmmm… a… (En eso un carro n***o de marca Ford se aparca en el garaje).—
Son mis padres, siempre llegan a las 3:00 p.m. Para tomar café charlar y preguntar como estuvo el día del otro, cosas por ese estilo.
Caminan juntos agarrados de las manos, diciéndole a Taylor, su guardaespaldas que se tome el resto de la tarde, lo que él accede y se retira. Mis padres tienen una sonrisa maliciosa dirigidas hacia nosotras.
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—Buenas tardes, señorita Olga.— Dice mi madre.
—Buenas tardes, señora Anthonyson, ¿Qué se le ofrece?. —Pregunta Olga con claridad y comprensión.
—Por ahora nada, gracias. —Termina con una sonrisa pasible.
—Me tengo que retirar, con permiso.— Olga se retira despidiéndose con una sonrisa aliviada.
Mi papá se quita lentamente el saco de vestir y se sienta al lado mío depositando un beso en mi mejilla.
—¿Cómo estás?, mi adorada. —Me pregunta sonriente.
—Bien pero preocupada. —Digo con dureza.
—¡Así ya estas enterada!. —Exclama mi mamá con preocupación.
—Estas en lo cierto.— Afirmo.
—Adorada, no te exaltes.— Me dice mi papá con lentitud. Él siempre me ha dicho “Mi adorada” ya que soy la niña de sus ojos.
—Cariño, te explico… (Progresivamente se sienta al lado de mi papá)… Las circunstancias en la que te queríamos decir esto no son estas pero la ocasión lo amerita.— Melancólicamente procede a explicarme mi mamá.
—Por favor, no te sientas mal, solo explícame.— Digo para suavizar las tensiones.
—Te queremos enviar a Dinamarca para que conozcas al príncipe Félix Enrique y…—Se detiene.
—Y ¿casarme con él?. —Acabo para que no termine de divagar.
—Sí, eres astuta. —Me alaga mi papá.
—Entonces, ¿con qué razones quieren que me case con el tal Félix?.—
—Para que tengas un hombre que te amé por lo que eres y no por lo que tienes.— Dice mi mamá sin espacios para refutar. Mi papá asiente.
—No esperen mucho de mí, yo los amo pero no me pueden obligarme a casarme con alguien que ni siquiera conozco. —Digo con crueldad para que les quede bien claro. Ellos parecen sorprendidos porque jamás me he dirigido con ese tono a ellos.
—De todas maneras, adorada, se va a llevar acabo lo que hemos planeado. —Afirma mi papá con una sonrisa innegable.
—Bueno, suficiente, podemos hablar de esto en otro momento.— Me paro, acomodo mi vestido n***o y me marcho.
—¡Naomi! —Grita mi mamá.
—Por favor, no te enojes con nosotros, sabes que hacemos lo mejor para ti y tomamos estas medidas porque en realidad no sales y siempre estas encerrada en casa y solo tienes dieciocho años.—
—¿Con que esa es la verdadera razón?— Pregunto fríamente sin mirarlos.
—Sí.— Afirma con tono decepción mi papá.
—Tranquilos no pasa nada. —Reprimo mis emociones y entro a la casa.
Busco rápidamente a mi hermano.
—¡¡Erick!! ¡¡Erick!!. —Digo con los ojos sollozos
De verdad no se a donde esta Erick, busco por la sala principal, por el comedor, por la segunda sala principal, por su habitación, por la cocina y lo encuentro a punto de besar a Olga. Me callo porque sé cuántas veces él ha imaginado ese momento. Cierro la puerta y corro hacia mi habitación.
***
Erick
Acabo de entrar a la casa ya que la señorita Joy, mi asistente me llama. Tiene la misma edad que yo; ella es muy madura e inteligente pero no es de mi tipo.
—Señor Erick… (Veo que se muerde el labio al decir mi nombre)… Lo he llamado para decirle algo.—
—Dime Joy, ¿algún problema? —Pregunto serio para desviar sus intenciones maliciosas.
—He…tengo que confesarle algo. —Se pone algo pálida pero sigue.
—Lo he llamado para decirle que lo amo.— Ella se abalanza sobre mí queriendo robarme un beso. Pero la detengo y la abrazo para evitar que se incomode.
—Perdóname, Joy sé que te gusto desde hace tiempo pero mi corazón…mi corazón ya le pertenece a una mujer. —Digo mientras que la abrazo, de verdad no quiero que sea incomodo, pero ella tiembla al sentir mis brazos alrededor suyo.
—Perdón… perdón nunca debí… (La interrumpo).—
—No importa, es lo que sientes y está bien —la suelto y me alejo— te entiendo si quieres que finja que nada paso lo haré. Le guiño el ojo para que no se sienta muy rechazada.
—Está bien.— Dice con decepción y se va de la casa.
Me paso la mano por frente secándome el sudor y voy a la cocina. Por una copa de sidra de manzana para olvidar lo que acaba de suceder. Camino unos cuantos pasos y abro la nevera especialmente para los licores. Me sirvo la sidra. En eso escucho unos pasos apresurados, es Olga.
—Hola, ¿pasa algo? —Al percatarse de mi presencia se asusta lo que me hace reír.
—Ho…hola Erick, no pasa nada.— Dice llevándose la mano al pecho lo que me intriga.
Siento como el fuego en mí se intensifica más y más siento que ella también lo desea. Siento como si mis manos ardieran en fuego y solo su cuerpo puede calmarlas.
—Olga, te voy a decir lo que siento, te he amado desde hace siete meses, desde que me di cuenta que te sonrojabas cada vez que me mirabas, he estado cegado todos estos años por chicas que me perseguían por mi dinero.—
Busco otra copa para ella y la lleno de sidra.
Me acerco sensualmente a ella, mientras más me acerco a ella más crece el fuego en mí, parece que a Olga se le subió el ritmo cardiaco en eso me mira y le doy la copa.
Ella titubea pero toma un grueso sorbo de la copa. La acorralo entre el mesón y mis brazos. Tomo un poco de la sidra, bebo nada más la mitad de la sidra que tengo en la boca y me acerco lentamente para besarla veo que cierra sus ojos por consecuente cierro los míos y la beso así pasándole la sidra que tengo en mi boca a su boca, rozo lentamente mi lengua por su labio inferior, escucho a lo lejos como la puerta se abría pero no me importaba.
Solo la quería tenerla, la tomo por la cintura y la siento sobre el mesón y comienzo a comerme lentamente sus labios, poco a poco siento como sus manos pasan por mi espalda, mis hombros y finalmente en mi cuello. Sus manos están calientes.
Muerdo su labio inferior y la miro. Su cara expresa excitación pero no es el momento adecuado porque tengo que respetarla.
Bebo lo que queda de la sidra en mi copa y ella hace lo mismo me mira intensamente pidiendo más pero si le doy más terminaremos en mi cama. Así que desvío la mirada, comienza hablar.
—Erick yo también he sentido algo por ti desde que trabajo con tus padres pero lo resguardo porque no sería profesional y poco ético.— Me aclara.
—Olga… no importa yo te protegeré y te cuidaré, jamás me iré de tu lado.— Le soy honesto.
Parece sonrojarse ante mi franqueza, la miro dulcemente. Me devuelve el gesto. Volteo para agarrar la botella y me abraza por atrás. Lo que hace que me sonroje y me volteo, la beso otra vez comiéndome ferozmente su labio superior.
Me besa en la mejilla.
—Adiós, Erick nos estamos viendo.— Susurró a mi oído con picardía, le sonrió y se va.
Me sostengo de la nevera y tomo aire, jamás pensé que esto sucedería. Me pongo firme para buscar a Naomi porque no me lo puedo guardar.
La buscado por cada salón, jardín y cada cuarto que hay en nuestra casa. Ahh, pero no en su cuarto, si soy despistado.