Estrella sonrió, caminó por la oficina con paso lento, observando su mundo. —No está mal. Aunque esperaba encontrar un retrato tuyo en oro macizo colgado en la pared. Cristian soltó una carcajada y se acercó por detrás, rodeándola con los brazos. —Solo tengo espacio para una presencia dominante en esta oficina. Y ahora eres tú. La besó suavemente, y ella se dio vuelta para devolverle el beso, aferrándose a su cuello con ternura. —Te extrañé —susurró ella. —Y yo a ti. Cristian la tomó de la mano y la condujo al sofá junto a la ventana. Se sentaron juntos, pero la tensión entre ellos seguía ardiendo. Sus labios volvieron a encontrarse en un beso más profundo, más delicioso, como si hubieran estado esperando ese instante desde hacía días. Él deslizó sus labios hacia el cuello de Estre

