—Siento haberte molestado. ¿Podemos dejar este asunto para más tarde? —dijo Olivia tras brindar con champán. Caminaba al lado de Edward por el salón del banquete. Bajando la voz, le preguntó sobre cómo planeaba manejar los rumores que acababan de surgir. Edward, impasible, respondió con calma, como si no lo considerara importante: —Déjalo estar. Olivia asumió que con “déjalo” se refería a que otra persona se encargaría de todo por ella. Asintió y cambió de tema. —Por cierto, ¿cómo es que estás aquí? ¿No ibas a ir al bosque? —Tu amiga se quedó cuidando a los niños. Escuché que viniste al banquete de compromiso de tu exnovio, y me dio curiosidad. —¿Curiosidad? —La expresión de Olivia se tensó. —Sí. Curiosidad por ver cómo lloras. —¿Llorar? ¿Yo? Por favor... —Olivia torció la boca con

