El rostro de Kevin palideció ante la voz de piedra de Edward. —Yo… solo estaba bromeando. No diré nada—. Recobrando su inexpresión habitual, Edward se giró hacia la salida del centro comercial. —Cuida tu boca cuando llegues allí—. Kevin entendió lo que eso significaba, apresurándose a caminar a su lado. —No diré nada. No sé nada. ¿Vamos a casa de Olivia? ¿Qué vamos a comprar?— —Algo caliente. —¿Con este clima abrasador?— —No tienes que venir si no quieres—. —Un estofado estaría bien, hace sudar y limpia el cuerpo. Edward, ¿compramos algo en el camino?— —¿Crees que podrás quedarte más tiempo solo por aportar algo?— —No me expongas. Nos conocemos hace años. Déjame algo de orgullo—. —Ya veremos cuando lo pierdas—, respondió Edward con cierta insinuación. Kevin no captó la adverte

