Cuando escuchó eso, Olivia sintió que cada gota de sangre en su cuerpo se congelaba. El collar era tan exclusivo y costoso… ¿cómo podía ser él? Al repasar sus recuerdos más profundos, comprendió que, probablemente, aquel collar había sido encargado comprometiendo incluso el futuro del Grupo ST. Aparte de la familia Campbell, no podía imaginar a nadie más capaz de algo así. En ese momento, Edward ya no estaba tumbado en la silla; parecía haber regresado al hotel por algún asunto. Olivia se quedó mirando hacia un punto no muy lejano, donde un pequeño cuerpo construía un castillo de arena junto a su hija. Se quedó absorta, grabando en lo más hondo de su memoria sus rasgos delicados. Más allá del súbito terror que la invadía, no tenía dudas de que era cierto. El hijo al que había echado

