—¿No deberías estar con tu propio hijo? —reprochó Olivia. —¿No está aquí? —volvió a preguntar Edward. Olivia sintió cómo la ira le subía por la garganta. —Edward Campbell, ¿qué clase de padre eres? Trajiste a Lucas de vacaciones, ¿pero no eres capaz de prestarle atención y cuidarlo? ¿No ves que se ha quemado con el sol?— El gesto de Edward se endureció apenas un instante. —Déjame verlo —pidió. —Por supuesto. Sin pensarlo, Olivia se hizo a un lado para dejarlo pasar. No reparó en el destello astuto que cruzó por los ojos del hombre al entrar. Edward tomó una de las manitas regordetas de Lucas y examinó con detenimiento las marcas de quemaduras en su piel. Con el ceño fruncido, le advirtió: —Hoy no salgas. —¿Qué quieres decir con “no salgas”? —Olivia lo fulminó con la mirada—. ¿Aca

