—Ya veo… ¿entonces está viviendo de ti? —Edward lo miró con frialdad, su tono cargado de sarcasmo. —¿Quién crees que vive de Olivia? —replicó Freddie con firmeza—. Solo me estoy quedando aquí de forma temporal, y además voy a firmar un nuevo contrato con una empresa. —Eso espero —respondió Edward, seco. Olivia, sintiéndose en medio de un intercambio inútil, suspiró con impotencia. —Tengo que preparar algo en la cocina. Ustedes pueden seguir charlando. Freddie estaba a punto de explicarle que no estaba del todo sin ingresos, pero Edward, con movimientos rápidos, recogió las verduras que estaban en el suelo y se dirigió a la cocina antes de que nadie pudiera reaccionar. —¿Qué estás haciendo? —Olivia lo siguió. —Déjame ayudarte. Ambos entraron uno detrás del otro, mientras Freddie se

