Olivia observó cómo Edward entraba en el ascensor. Miró fijamente la puerta metálica y, dominada por la rabia, estuvo a punto de arrancar todas las hojas de la planta que tenía enfrente. Las mujeres tienden a volverse irracionales cuando sospechan de una aventura. Si no reciben una explicación a tiempo, las cosas pueden salirse de control. Olivia esperó un momento antes de volver al salón de la fiesta, pero no vio a Edward por ninguna parte. —Olivia —la voz de Jennifer la sacó de su enojo. —¿Sí? —Olivia ajustó sus emociones y se giró hacia ella. Jennifer le tomó las manos con entusiasmo. —El señor Campbell ha vuelto. Fue a hablar con mi marido. Ven conmigo, tengo algo para ti. Olivia la siguió hasta su habitación. Tres maletas descansaban en el suelo: ya habían hecho el equipaje. —

