Edward tomó una gran caja de regalo púrpura que estaba sobre el sofá y desató el lazo que la adornaba en el borde. Al abrirla, reveló un vestido verde oscuro con bordados de flores rojo carmesí en la solapa. Era una prenda grácil y elegante. —Este será tu atuendo para mañana, cuando acompañes a Hans y a los demás al Jardín H. El tono de Edward sonaba ligero, pero Olivia distinguió la burla escondida en sus palabras. Se sintió avergonzada por su equivocación, y la ironía fue aún más dura cuando él aireó sus trapos sucios: —¿Qué fue lo que dijiste de mí hace un momento?— preguntó, frunciendo las cejas con aparente confusión. Olivia tomó rápidamente la prenda y, evitando su mirada, corrió al dormitorio: —Nada… voy a probármelo primero—. Edward esbozó una sonrisa ambigua. Después de espe

