Había pasado la noche y, a la mañana siguiente, después de desayunar en casa, Olivia recogió lentamente sus cosas y se dispuso a llevar a Emma a la alberca. —Nos vamos —dijo. Antes de salir, echó un vistazo al sofá y sacudió la cabeza con impotencia. Alayna estaba cómodamente acurrucada, con una mascarilla facial puesta desde temprano, viendo un drama coreano mientras comía papas fritas. Mientras los demás planeaban viajes en sus vacaciones anuales, Alayna sólo quería quedarse en casa, sin ir a ningún sitio. —Esperaré tu mensaje —murmuró con desidia antes de que Olivia cerrara la puerta. Olivia entrecerró los ojos y reflexionó un momento. ¿Quizá lo de invitarla a ir de compras juntas era sólo una excusa para tener compañía? Cuando llegaron a la alberca, la clase de la mañana ya habí

