—Te toca en diez minutos, Freddie. Te daré un poco de tiempo para que te prepares. Estaremos fuera—. El representante de Freddie le dio una palmada en el hombro para animarlo y salió con el resto del equipo. Freddie aceptó en silencio. El vestuario se quedó repentinamente demasiado callado. —¿Todavía te aferras a lo que pasó aquella vez?— La voz de Olivia rompió la quietud. El camerino no era grande, y cada palabra resonó clara, como si desgarrara suavemente las cicatrices que Freddie intentaba ocultar. Y arrancar una cicatriz, por muy suave que fuera, siempre dolía. Freddie frunció el ceño. Recordaba con nitidez cada instante de vida o muerte en el ring clandestino de boxeo. El espejo de maquillaje reflejaba su rostro serio, y él sonrió amargamente, murmurando: —Quiero decir que no m

