Era una sensación extraña verse al espejo y reconocer que los años sí habían pasado sin darse cuenta. Se peinó de un lado para dejar uno de sus hombros al descubierto y no se maquilló mucho, solo un labial casi como brillo. Esbozó una hermosa sonrisa. Antes de ir a la fiesta, Vera volvió a verse en el espejo y sintió esa confianza que jamás había sentido. Cuando llegó a la casa, vio algunos autos parqueados fuera de esta, la puerta entreabierta, mucha luz y muchos hombres bebiendo. Meseros servían sus copas y pasaban aperitivos. Cuando vio a Alejandro, que conversaba con una rubia oxigenada que le mostraba los pechos —él tenía la paciencia de todo el mundo—, no pudo evitar sentir una punzada en el corazón, pero no podía hacer nada. ¿Qué haría? ¿Acaso tenía derecho a reclamar algo por un

