Al cerrar la puerta y acercarse a él, algo en su interior se incendió. Solo bastaron unas palabras. Solo bastó oírlo para darse cuenta de que eso era lo que ella necesitaba, de que él era a quien necesitaba. Necesitaba saber que no se quedaría en una simple fantasía. Luego de ese beso, ella había descubierto que la vida podía tener otros colores, y un solo beso bastó para terminar de darse el valor que requería. —Esto es más que sexo, Vera, y quiero que lo sepas y lo entiendas—La miró a los ojos, sin perder ningún movimiento, verificando que era real, que ella no se arrepentiría de lo que pudiera suceder, que ella estuviera segura de lo que probablemente a punto de hacer. —Alejandro, tuve miedo, lo admito, por un momento la culpa me estaba ganando, pero entendí que también tengo derecho

