Capítulo 30

883 Words
Agradecía que Caroline hubiera llegado en el momento indicado. No quería caer otra vez en el juego de Jev, me lastimaba cada vez más. - Gracias por llegar a tiempo- Jev me había llevado hasta donde estaba Caroline- No se que habría pasado… - Yo si se que habría pasado- Caroline sonreía mirando a Jev- Jev te habría besado, y de seguro mi hermano hubiera muerto de rabia. - Will? - la miraba extrañada, trataba de hacerme la desentendida - Will no se metería en eso. - Té equivocas, mi hermano ya sentía algo por ti- ella me mira y me ayuda a sentarnos en una silla- en estos últimos días me temo que eso se ha agudizado mucho más. - Pero Will…- El era una muy buena persona, pero yo no podría verlo de la misma forma en que veo a Jev. - Will no me merece, merece alguien que se interese en el de verdad. - Eso no le importa- ella sonreía en forma triste- El solo quiere darte todo lo que puede, aunque tú no le respondas. - Yo… lo siento- Sus palabras me hacía sentir culpable. - No lo sientas- ella del encoje de hombros- No es tu culpa, Will sabe que hace mucho estás enamorada de Jev. Eso lo sabe cualquiera, es su culpa, por seguir guardando falsas esperanzas. Estuvimos toda la tarde en los entrenamientos. Caroline y yo no participamos en ninguno de los ejercicios. Eso le había molestado a Candice, por lo que tuvo que quejarse con Jev, por tenernos cómodas y no entrenando. - No es Justo que ellas estén solo allí- ella estaba frente a Jev y nos señalaba- acaso son ellas dos más especiales que todos nosotros? - No lo son- Jev estaba cruzado de brazos- Pero gracias a ti y a tu padre, ellas ya han completado todo el entrenamiento. Ella no tuvo nada más que contestar a las palabras de Jev. Él nos había dedicado una mirada en forma de disculpa. Al final de la tarde yo me sentía muy agotada. Durante el día debía tomar algunos medicamentos que solo me daban mucho sueño. Will y Jev estaban ocupados calificando a la mayoría de nuestros compañeros, así que no tendría que avisarle a ninguno que me iría. Solo le deje saber a Caroline que iría directo a mi habitación, porque me moría de sueño. Decidí salir en ese momento, Jev y Will estaban ocupados supervisando los entrenamientos de los demás. Así que ninguno de ellos se daría cuenta de mi ausencia si me iba en este momento. En el momento en que estaba a punto de cruzar la puerta, pude ver que Jev me miraba, pero rápidamente volvió su mirada a lo que había estado haciendo. El viejo Edward también me veía mientras salía. Yo solo me apresuré a salir. Comencé a caminar hacia mi habitación, aunque estaba muy agotada decidí tomar el camino más largo, solo para pasar por el precipicio. Solo quería escuchar el sonido del agua y el olor fresco que había en el lugar. Ese camino era un poco más largo, pero me llevaba directamente frente a mi habitación. Cuando estaba llegando al lugar escuché algunos pasos, me detuve para mirar detrás de mi. No muchas personas solían tomar este tramo, muchos le temian a este lugar. A pesar de que yo casi muero en este lugar, me fascinaba estar allí. Ver el agua, escuchar el sonido era tan relajante, podía imaginar por un instante que esta fuera de esta cueva. Pude ver que no había nadie detrás de mi, así que decidí continuar mi paso. Al llegar me detuve, el agua tenía un color tan azul, y la brisa que dejaba escapar la caída del agua era refrescante. Cerré los ojos para dar un respiro profundo y disfrutar del aroma. De repente alguien puso su mano con un pañuelo en mi boca y nariz. Me sujetaban fuerte, yo luché con toda mi fuerza, pero solo apretaban más su agarre. Podría sentir un olor dulce y cítrico. Luche más, y con mi pie bueno, pise con toda mi fuerza haciendo que el hombre soltara su agarre. Mi pie aún no podía sostener mi peso, así que caí al suelo, y hice mi mayor esfuerzo para arrastrarme. - Ahh! Eres una maldita- dijo el hombre, tenía una máscara negra en su rostro- Juro que te mataré, perra! - Oye! - dijo otra voz - atrápala, no dejes que se vaya. - Porque no lo haces tú?-le grito al otro mientras caminaba calmadamente hacia mi- solo sujétala y haz que no se mueva! El se abalanzó sobre mi otra vez, lo luché, pero ahora eran dos contra mi. Volví a sentir el olor dulce y cítrico en mi nariz, era tanto que sentía que quemaba mi garganta. Por más que trataba de luchar, podía sentir como mi cuerpo se iba quedando sin fuerzas. - Vamos date prisa- uno de ellos decía- él estará esperando a que la llevemos sin que nadie nos vea. Así que alguien había enviado a estos dos hombres a secuestrarme. Pero quien? Para que? Porque a mi? No quería dejarme llevar por la inconsciencia, luchaba contra ella. Pero me sentía cada vez más cansada, di un respiro y mi conciencia se sumergió en la oscuridad.
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