Al despertar, como no es de extrañar Iliang aún seguía dormida. Fui al sanitario, me di una ducha y poco a poco me vestí con ropa deportiva. Preocupado aproveché llamar al número de Íngrid, no contesta. Luego llamé a unos de los escoltas. - Señor buenos días –me contesta-. - Cuéntame de la rubia –le exijo-. - Hasta ahora todo está tranquilo señor. La señorita no permitió a ninguno dentro de su apartamento, por lo que nos tocó resguardarnos, yo me gané la confianza del portero y me permitió permanecer con el allí en la recepción, por lo que pude pasar largas horas frente al apartamento de ella y dar unas vueltas por las áreas –me informa-. - Está bien, mantenme informado, ya veré si logro hablar con ella –le digo y cuelgo la llamada-. Apenas colgué la llamda es

