Adolorido, rodeado de los escoltas salimos del salón. Nuestros hombres ya habían rastreado la habitación detrás de la otra puerta y no encontraron a Joaquín. Recordando a la mujer que me dio seña de la puerta del área donde conseguimos a Annelise, volteo buscándola con la mirada. La mujer caminaba entre el grupo de mujeres que buscaba abrirse paso para salir del sótano. - Hey –grito-. Todas voltean, inclusive ella, los escoltas me abren paso entre el resto, quedo a unos cuantos metros de distancia de la chica. - Ven aquí –Le exijo-. Asustada, titubeante y con evidentes temblores se acerca hasta unos pocos metros. - Dígame –habla en voz baja-. - ¿Sabes si aquí abajo hay alguna otra puerta, otro pasadizo? –Le inquiero-. Por segundos la vi dudar en responde

