Dominic no podía tener suficiente. Sin importar cuánto saboreara y marcara cada rincón de esa dulce boquita que poseía su compañero de vida, seguía sintiendo que necesitaba más, mucho más. Como el cuerpo completamente desnudo de su dulce chico. Su m*****o enterrado profundamente en él. Y su reluciente marca brillando en su cuello. Un bajo y largo gemido escapó desde lo más profundo del pecho del alfa dominante ante la exquisita imagen que presentó su mente. Su lobo golpeó con ello, animándole a reclamar a su pareja para poder tenerlo para siempre a su lado, con ellos. Y por más que Dominic quiso caer en la tentación de aquel perfecto deseo, se contuvo. Tomo todo gramo de su autocontrol hacerlo, pero lo hizo. Finalmente había logrado que su dulce chico aceptara estar en una relación con é

