Cuando Teo despertó, alzó su mano para restregar uno de sus ojos y luego movió su cabeza para frotar su rostro en la cálida almohada. Poco a poco, su cerebro fue despertando, y comenzó a registrar lo blandita que era y un tanto... Velluda. Levantando finalmente sus parpados, miró hacia arriba y se encontró con una enternecida mirada amorosa. —Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien? Luchando contra el instinto de esconderse bajo las mantas, Teo sonrió fingiendo no sentir el calor en su rostro y volvió a apoyar su cabeza en el pecho de su pareja, acomodándose para poder observarlo. —Sí, dormí muy bien —respondió alegre—. ¿Y tú? ¿Pudiste dormir algo? Puedes ser honesto si no fue así, sé que no tengo exactamente un buen sueño. Sonriente, Dominic alzó su mano y acarició ese desordenado cabe

