Capítulo 3

4166 Words
Ryan por fin deja de mirarme y tal cosa hace que me salga del embrujo en el que me tenía. Es como si su mirada, ahora brillosa, me hubiese encantado. Hechizado. Estaba en una burbuja donde solo estábamos el y yo. Después de esa sonrisa tan genuina... Todo cambio. Algo muy importante dentro de mí, cambio. Es como si un chasquido me hubiera transportado hacia otro lugar. Un lugar en el cual nadie más que nosotros dos, existía. Tal evaluación me hace sentir calor y un extraño nudo en mi garganta me atosiga, se fomenta con fuerza, me confundo, el sentimiento extraño es abrumante y en ese preciso momento, me doy cuenta, que Ryan no a soltado de mi mano. ¿En qué momento volvió a poner sus manos sobre mí? Lo último que recuerdo, es cuando su amigo Danny apareció, el soltó de mi cintura, y ahora está sujetando mi mano. ¿A qué está jugando? —Estaba aquí, con Valerie. —La voz de Ryan me hace volver al presente cuando lo siento apretar mi mano con suavidad— Los perdí de vista, entonces no supe que rumbo tomar, así que antes de inventar y hacer cualquier tontería, los esperaba aquí mientras volvían cuando ella apareció y nos pusimos platicar. ¿Qué? ¿Acaso escuché bien? Es un mentiroso de primera. Si lo que más he tratado de hacer desde que se cruzó en mi camino, es apartarme de su lado. Pero por alguna extraña razón, al final no he podido hacerlo. Es un cretino, un descarado mentiroso. ¡Dios mío dame paciencia! —Hola, bonita. —Danny me susurra al acercarse y darme un casto beso en ambas mejillas. ¿Y éste otro qué? ¿De dónde salió toda esta confianza? Ladeo la cabeza y vuelvo la mirada al frente, el semblante de Ryan es serio y su mirada divaga entre su amigo y yo. Le sostengo la mirada cuando él por fin acaba la inspección hacia los dos. Y ahora, sus ojos son tan fríos, es como si una parte de él no estuviese allí mirándome como lo hace. Como si una parte de él estuviera perdida o confundida, lo cual me confunde a mi también. Porque eso es lo que parte de su mirada transmite, y si me preguntan por la otra parte… Pues, diría que noto cierto interés. Puedo estar equivocada, o fantaseando demasiado, pero eso es lo que su mirada transmite, confusión, interés y frialdad. Los centímetros que separan nuestros rostros él los reduce cuando acorta la distancia al acercarse y susurrarme al oído: —Él no. —¿Él no quién? —Le susurro en respuesta. —Me escuchaste. —No me hables en clave o lo que sea —Me quejo—. Ve al grano conmigo. Ryan aprieta los dientes y su mirada fría está de regreso en mi. Decido acabar con esta locura y de un tirón me suelto de su mano. Él ladea la cabeza y su mirada amenazante me congela por unos breves segundos, pero luego cojo fuerzas y lo ignoro. A continuación procedo a tomar dos pasos de distancia y alisando mi blusa negra, ajusto el agarre sobre mi mochila y me paso por el hombro la otra tira. —Ryan, ya es tiempo de irnos, todo está listo para la entrevista dentro de una hora. —Danny vuelve hablar pero Ryan no le devuelve la mirada porque con ella me está matando a mí. —Dame un momento. —Dice al fin y luego lo veo venir hacia mi. Lo cual me hace tambalear. Así que decido huir alejándome más. —Ya debo irme, que les vaya muy bien. —Ladeo la cabeza para despedirme de su amigo sin esperar respuesta a cambio— Adiós Danny. Miro tras mi hombro y Rupert y Roger siguen allí, cuidando de mí ahora un tanto a distancia. Me giro para decirle a mis amigos que ya podemos irnos, pero no llego a dar ni un paso cuando el brazo de Ryan rodea mi cintura y me atrae hacia él. Otra vez... —Tú y yo no hemos terminado de hablar. —Espeta contra mi oído. —Pero yo sí, déjame en paz. —Grave error, Valerie. —Su aliento me eriza la piel al rozar tras mi oreja— Te vas arrepentir de decir tal cosa. —Suéltame. —Gimo apenas audible— No tengo nada por lo cual arrepentirme, estás mal. No sé cuál sea tu problema pero... ¡Ya déjame en paz!El frunce el entrecejo. —Ahora, nunca. —El me gira bruscamente para quedar frente a frente— Mientras más digas no, más lo tomaré como un sí. —¿Qué te pasa? —Frunzo el ceño— ¿Estás demente o qué? Una risa llena de sarcasmo lo abandona y el asiente con vehemencia. —¿Qué comes que adivinas? —¿Sí lo estás? —Balbuceo y el asiente con la cabeza. —Lo estoy. Y tú, me darás el recorrido por la ciudad que tanto necesito. —Ya basta, deja bromear —Pongo los ojos en blanco— ¡Con eso no se juega! —¿Y quién está jugando? —Sonríe y en ese momento palidezco. Ni siquiera puedo describir lo macabra que su sonrisa es ahora. ¡Está loco! Por supuesto que lo está. —¿No se supone que solo era un recorrido por la universidad? —También —Rie con ironía. —Ryan… Tenemos que irnos. —Danny se acerca y posa la mano en su hombro para apartarlo de mi. Aleluya... —¡No me interrumpas! —Espeta entre dientes— Estoy hablando con ella, así que aléjate y espera que termine. —Ryan, no comiences. —Danny le advierte— Este no es el lugar y ella no es la indicada. —¿La indicada? ¿Para qué? —Susurro para ellos. Ryan suelta de mi cintura y su mirada vuelve a mi. Todo rastro de seriedad o sarcasmo ya no está más. Su rostro, ahora muestra profunda confusión. —Lo sé. —Ryan le responde a Danny en un hilo de voz— Este no es el lugar. —Ahora, sonríe otra vez— Pero en lo demás, te equivocas. Sintiéndome perdida al no entender a qué se refiere, aprovecho que sus manos ya no están sobre mí para tomar algo más de distancia y haciendo un gesto con las manos, le indico a Rupert y a Roger que todo está arreglado. Tengo clases, y estoy segura de que tenemos por lo menos media hora de retraso. ¡El profesor Green nos va a matar! Lo bueno, es que tenemos la excusa perfecta. El voluntariado. Aunque del todo no es excusa, porque es la verdad. Estaba con el vocalista de la banda a la cual debemos ayudar en todo lo que requieran. Y mis amigos, llegaron al rescate. Bueno, aunque Rupert no pertenece al equipo de voluntarios para esta asignatura... Espero que el profesor Green no le perjudique con una falta. —Te buscaré al finalizar el ensayo. —Ryan susurra mientras me pasa por un lado y se va junto a su amigo. Frunzo el ceño y me quedo en medio del pasillo viéndolo alejarse junto a su amigo, hasta que desaparecen cuando ambos cruzan la esquina que da ha una de las tantas salidas traseras de la institución. Y así me doy cuenta en lo que he caído, su actitud es molesta, fastidiosa y patética, pero me lleva a los bordes de mis límites y eso, ahora, detona un sentimiento de ternura y curiosidad. Ryan es todo un extraño, un desconocido, así debería serlo. Pero no lo es para mí. Ya no más. Porque una parte de mi, muy pequeña aunque sea. Solo desea encajar con él. O al menos, hacer de la situación más amena u agradable y no tan tensa. Pero tal acción parece imposible. —¿Estás bien? —Roger pregunta mientras rodea su mano en mi antebrazo. —Sí, lo estoy. Gracias a los dos por quedarse. —¿Qué le pasa a ese tipo contigo? —Rupert se detiene a mi otro costado, me mira, le correspondo y comenzamos a caminar. —No lo sé… —Susurro en un hilo de voz. No sé si estoy preparada para esa pregunta, ni yo entiendo la actitud de ese hombre. ¡Es tan confusa! Es un volátil. Sí, eso es lo que es. ¡Un volátil de primera! En conclusión... Él es un extraño bipolar y yo no sé cuánto más lo pueda soportar. Y sé que quizás me contradiga un poco, pero bueno... Supongo que en algún momento ustedes me entenderán. Cuando estamos subiendo las escaleras al segundo nivel, unos gruñidos nos hacen detener a los tres y mirando hacia atrás, nos damos cuenta que es Samantha. Viene subiendo las escaleras a toda prisa y cuando nos alcanza, se inclina hacia adelante, apoyando ambas manos en sus rodillas. —Espérenme, por favor… —Logra decir con la voz entrecortada por la carrera. —¿No deberías estar en clases? —Pregunto tranquila, pero internamente llena de felicidad porque la presencia de Sami puede ayudar con nuestro retraso. —Sí, pero estaba con Jordan en… —Ella se calla al darse cuenta de lo que ha dicho, pues nuestro ceño fruncido es muy evidente y su palidez también. ¿Jordan y Samantha juntos? Esto es la bomba del siglo, ese par no es que se soporten mucho el uno al otro. No que digamos. O eso, creíamos. —¿Jordan y tú…? —Roger pierde la voz y segundos después una sonora carcajada lo abandona— ¡Te lo dije el otro día! Dame mi dinero… La mano de Roger se alza hacia Rupert y éste rueda los ojos para buscar en su billetera y pagarle veinte euros. —¿Pero qué significa esto? —La voz llena de indignación en Samantha nos hace mirarla de inmediato— ¿Andan apostando a mi costa? La palma de mi mano choca contra mi rostro para ocultarlo de esta locura. Y aunque no soy culpable de nada, no puedo evitar sentir vergüenza. ¡Que horror! Vaya amigos nos gastamos. Me giro y camino los cuatro pasos restantes que me faltan para llegar a mi salón, ya dentro, el profesor Green detiene la clase al vernos llegar. —Voluntariado… —Roger espeta mientras toma asiento en una de las sillas frente al escritorio del profesor. Junto a mí. Él mayormente es de sentarse en los mobiliarios que están en el centro del salón, pero hoy por lo que veo, eso ha cambiado. Antes de sentarme por completo, hecho un vistazo por todo el salón en busca de Jordan, por si tuvo tiempo de regresar antes que Samantha, pero no está. —Entiendo lo del voluntariado chicos, pero tienen que tratar de avisarme a tiempo. No puede ser que esto se vaya a convertir en… —El profesor Green guarda silencio cuando la puerta del salón se abre abruptamente y Jordan aparece a la vista de todos— Joven Potterhard, ¿Qué modales son esos? ¡Definitivamente, ustedes son un caso perdido! —Lo siento profesor, se me hizo tarde y… —¡Claro! —El profesor alza la voz— Ya sé a donde va, el voluntariado. Otro más que no avisa nada al respecto. Jordan frunce el entrecejo y en ese momento va a responderle al profesor Green cuando Roger capta lo que está apunto de hacer y, aclarándose la garganta para hacerle unas señas muy bien disimuladas, lo calla. Si no es porque los conozco, no lo habría notado en lo absoluto. Jordan asiente ante los gestos visuales de Roger y camina hacia él para sentarse a su lado. A continuación, el profesor Green continúa con su discurso barato, más también nos da un pequeño regaño por nuestro retraso. Y así… Nuestra mañana de tortura ha iniciado. ★*★*★*★*★ 16:25 PM Sentada junto a mis mejores amigos en una de las pocas mesas disponibles en la cafetería de la universidad. Saboreo con evidente placer cada bocado del rico postre que me devoro en estos momentos. Una deliciosa marquesa de chocolate. Dios... ¡Me encanta! —¿Qué les parece si nos reunimos esta noche en el bar de la esquina de mi casa? —Jordan propone a lo cual todos asienten menos yo. —¿Qué pasa? —Rupert golpea un costado de mi brazo suavemente con su hombro y lo miro después de tomar un trago de agua. —Nada, ¿Por? —Mi entrecejo se frunce levemente y el suyo también, aunque me sonríe. —¿Escuchaste la invitación de Roger? —Suspira— ¿Irás al bar con nosotros? Siempre saltas de emoción cuando planeamos salidas. —Ah… Eso. ¡No! No puedo. —Susurro pero Roger escucha a la perfección. —¿Qué? —Espeta— ¿Cómo que no? ¡Vamos Val! Necesitamos distraernos un poco, o sino, todo esto del voluntariado nos va a consumir. —¡Pero si apenas y comenzamos! —Samantha chilla— Son unos pesados. —¡Cállate! ¿Estás en contra o qué? —Jordan es quien habla y todos lo miramos boquiabiertos. ¿No se supone que estos dos…? ¡Ahhh! Claro, ahora entiendo todo. Este es el método de ellos para disimular que andan entre sí a nuestras espaldas. Se tratan mal ante nosotros. Pero no somos tontos. Ya el chisme se regó, no estamos todos los del salón en la misma mesa esta vez, pero no tardará mucho para que los demás sepan lo que hay entre estos dos. —¿Val? —Roger roza mi mano con la suya por unos segundos para llamar mi atención. —Lo siento, pero no puedo ir. —Digo con desinterés mientras pico otra rebanada de mi marquesa— Sigo castigada. Las carcajadas de todos me hace ladear una sonrisa mientras disfruto a gusto otro bocado de mi delicioso postre. Todo esta de maravilla hasta qué… Una voz suave, susurrando tras mi oído derecho, me hace saltar de un respingo. —Vengo por mi recorrido. Me giro de inmediato y ahí está Ryan de pie tras de mí, cruzado de brazos y con unos lentes Rayban que ocultan su expresión sombría de todos a nuestro alrededor, menos de mí. Ruedo los ojos al notar su impaciencia, y luego al ver como uno de sus pies no para de moverse de un lado a otro. De arriba hacia abajo. Como si fuese algún tipo de tic nervioso. Sinceramente, no necesito este tipo de presión. Estoy o estaba de buenos ánimos, disfrutando a todo gusto de mi delicioso postre y él ahora interrumpe mi momento feliz y lo estropea con su singular actitud. Me giro dándole la espalda y mirando hacia mi amiga Sam, susurro: —El necesita un recorrido por la universidad o lo que sea, ¿Te gustaría ayudarme con ello y dárselo tú? Yo no puedo, debo volver a casa. Samantha asiente con entusiasmo y dice a medias: —Si claro, yo… —Ryan la interrumpe. —No la quiero a ella, te quiero a ti. Me giro de nuevo para encararlo. —Pues yo no puedo y ella sí. —Digo entre dientes. —No se lo pedí a ella. —Sonríe con evidente malicia y se quita los lentes— O lo haces tú, o nadie. No me hagas hacer una... —¿Qué? —Lo reto. —Llamada. Cierro los ojos con evidente molestia y por consecuente, aspiro con fuerza, necesito aire, necesito respirar porque siento el estrés calar mi interior. Cuando abro los ojos, veo como mi amigo Rupert se pone de pie y Roger lo sigue en el acto. —Ella no quiere hacerlo y no puedes obligarla, eso no está permitido. Ryan ni siquiera se inmuta en mirar a mi amigo, sus ojos están con los míos. No los abandona en ningún momento. Estoy que tiemblo. Él logra hacerme sentir inquieta y ansiosa. —Si necesitas un recorrido, nosotros con gusto podemos ayudarte con eso y todo lo que necesiten, no es necesario llegar a esto. —Es Roger quien habla ahora. —La quiero a ella. —Ryan deja de mirarme para mirar a mis amigos y su mirada tan fría, me congela de pies a cabeza. ¿Cómo puede ser tan inestable? ¿Tan insensible? ¡Dios! Me frustra mucho. Demasiado. —Bueno, entonces creo que esta situación es algo que debemos discutir sin duda alguna con la profesora Jones. —El comentario de Rupert hace que el ceño de Ryan se profundice. —Yo no tengo nada que discutir con ella. Mucho menos contigo o con alguno de ustedes. —Responde con desinterés. —¡No seas grosero! —Espeto enojada— Son mis amigos, ten más cuidado. Ryan por fin vuelve a mirarme y al notar mi evidente molestia, puedo ver como su semblante serio se relaja. —Lo siento, discúlpame. —Su voz es tan suave ahora, igual que hace unos días, igual que a esta mañana cuando susurro mi nombre— Lamento sonar tan grosero, solo diles que no intercedan y ya está. —Imposible. —Roger y Rupert dicen en unísono— Valerie es una amiga y siempre vamos a interceder si vemos que es necesario. —Aquí no hay nada que interceder porque nada malo está pasando. —Claro que sí, ella no quiere hacer el recorrido y tampoco es obligatorio. —Lo es. —Ryan dice entre dientes. —No si estamos otros disponibles para hacerlo también. —Rupert no desiste. Ryan deja de mirarlos para encontrar sus bellos ojos con los míos otra vez. La tensión en su mandíbula es tan evidente. Que mi pecho se contrae. Esto es tan, extraño. —Valerie… —Su tono de voz ahora es ronca, en total advertencia. Es como si su tono de voz fuese amenazante. Tal cosa me hace tragar saliva con fuerza una y otra vez. Me siento tan intimidada y eso es algo que no es tan fácil de lograr en mí. Nadie después de Darek, mi ex novio, lo había logrado. El fue mi primer novio, mi primer beso, mi primer amor de verano. Mi primer todo. Y cuando digo todo, es todo. Mis mejores recuerdos de adolescente los tengo con el. No hay nada malo que pueda decir sobre nuestra historia. Simplemente, el fue lo más lindo que pudo pasarme incluso hasta el final de nuestra relación y después de terminar, porque la enseñanza que me dejó, es algo que nunca podré olvidar. Pero esa historia ya es parte de mi pasado y está superado. El punto es, que sentirme así me hizo recordarlo y hace mucho que no lo hacía. No para comparar lo que alguna vez me hizo sentir con un recién llegado. Bajo la mirada y poniéndome en pie, me vuelvo hacia la mesa y tomo el envase donde está mi marquesa, lo cierro y después lo guardo en mi mochila. Cuando me giro, Ryan está donde mismo y mirando sigilosamente cada movimiento que hago. Camino hacia él y cuando ya estoy frente de sí, susurro: —Basta. —Dicho esto, voy a retroceder un paso pero su mano rodeando mi antebrazo me lo impide. Me vuelvo para mirarlo y noto de inmediato lo agitada que su respiración está— Suéltame y deja de actuar como un demente. —Lo haré si te vas conmigo. —Su voz apenas fue audible para mí. —Si no me sueltas ahora, no me iré contigo y me importará una mierda si llamas a la profesora y repruebo el voluntariado. —Espeto cerca de su rostro para que nadie más escuche. La tensión en su mandíbula regresa, al mismo tiempo que ladea su cabeza, como si estuviera debatiendo qué hacer. O si creer en mi palabra o no. No me importa si lo hace, la verdad es que su actitud me frustra tanto, que en estos momentos no estoy dispuesta ha ceder ante sus amenazas. Me importa una mierda si en efecto el resulta ser bipolar. ¿Qué rayos le pasa conmigo y con qué derechos se cree para manipularme así? No sé cuál sea su problema conmigo y me importa muy poco quién sea el, pero que no crea que me voy a dejar manipular. Puede que después sí me duela perder mi nota de voluntariado, pero ahora, en estos momentos, no me importa hacerle creer y saber que conmigo se ha equivocado. Después de unos segundos, su mano lentamente abandona mi antebrazo y por fin vuelvo a ponerla en mi costado. Me giro mirando hacia mis amigos y murmuro con desgana: —Me voy con él. Nos vemos mañana. —Valerie… —Rupert da dos pasos hacia mí pero se detiene cuando Ryan se coloca delante de mí dándome la espalda. Ocultándome de la vista de mis amigos. Okey… Está actitud es muy preocupante. Ladeando la cabeza para que mis amigos puedan ver mi rostro, susurro: —No pasa nada, me haré cargo. Yo le prometí que le daría el recorrido y eso haré. —Finjo una sonrisa— Discúlpennos. Tomando la mano de Ryan lo insito a seguirme. —Val… —Me vuelvo para ver a Rupert y le sonrio nuevamente para tranquilizarlo. Yo lo entiendo, somos muy cercanos, es mi mejor amigo y siempre ha sido mi mayor apoyo y protector. —No te preocupes, te llamaré al llegar a casa. La mano de Ryan se aferra a la mía con fuerza y ese calorcito que siento me hace mirarlo. Pero su vista está hacia el frente, así que dejó de hacerlo para ahora mirar nuestras manos entrelazadas. Al salir del cafetín hacia el jardín de la universidad, caminamos aún tomados de las manos hacia el estacionamiento y las miradas de todos los estudiantes caen sobre nosotros. Sé que algunos ya saben quién es el, pero no entiendo el porqué de toda la atención. Simplemente… Bueno sí, la chica del sexto semestre que está apunto de graduarse ya anda de manos con el vocalista de la banda principal, la cual dará un concierto este fin de semana y apenas están recién llegados a la ciudad. Okey… Viéndolo de ese modo, sí, entiendo todas las miradas. Me han de estar devorando en pensamientos. ¡Listo! Estoy quedando como la facilonga de la universidad y de toda la ciudad. Porque no. Intento soltar su mano pero él no lo permite, al contrario, aferra la suya en la mía con más fuerza, tanta que sus nudillos están amarillos. —Auch. —Gimo en queja. —Entonces, no me sueltes. —¿A dónde me llevas? —A mí auto, Valerie. —¿Y dónde está? —Miro hacia todas partes— Ya hemos recorrido más de la mitad del estacionamiento, de hecho, ahora has visto lo suficiente de las áreas verdes, este recorrido ya no es que tenga mucho sentido. —Puede que para ti no, pero para mí sí. —Susurra y vuelve a colocarse sus lentes oscuros— Llegamos. El se detiene frente a un Camaro n***o, me abre la puerta pero dudo en subir por unos segundos, la verdad es que me tomo el tiempo para detallar el hermoso auto antiguo. Realmente está de lujo, Ryan tiene un auto clásico pero de alta gama. Y al por fin entrar, no me queda la menor duda. ¿De quién será este auto? A de ser costosisimo. Salgo de mis pensamientos analíticos al darme cuenta qué, por lo menos tiene algo de educación y es caballeroso al cerrarme la puerta. Lo veo rodear el auto y segundos después, ambos estamos dentro y en un total silencio. — Y bien... ¿No vas a encender el auto? —Pregunto en un hilo de voz. Mi pregunta no lo sorprende ni le molesta en lo absoluto, de hecho, su rostro es inexpresivo. —¿No me dirás a dónde vamos? —Vuelvo a preguntar. A cambio de responder a mi pregunta, el me mira y antes de colocarse el cinturón de seguridad, se acerca demasiado y me pone el cinturón con fuerza. El cinturón aprieta tanto, que asfixia. Me quejó ante lo apretado que ajusto mi cinturón y en ese momento, me doy cuenta de lo demasiado cerca que él está de mi rostro. Su nariz, puede rozar la mía sin problema y su aliento, puede besar mi boca sin impedimento. Ryan reposa su brazo en el cabezal de mi asiento y su mirada traspasa todo de mi. Trago saliva pero también le sostengo la mirada, el me intimida, por supuesto que sí. Pero eso es algo que no le demostraré. No se lo haré saber. No hasta que me dé la gana. Lo juro.
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