Capítulo 2

2689 Words
A la mañana siguiente… Bajo las escaleras a toda prisa ya que mi padre me está esperando y no para de tocar la bocina del auto. Eso de la paciencia no se le da a mi padre. En lo absoluto. — ¡Ya para! —Digo con evidente molestia— Pude matarme bajando las escaleras a toda prisa por tu culpa. — Eso te pasa por lenta. —Le escucho decir mientras pone el auto en reversa. — Este castigo no tiene sentido papá, ya soy mayor de edad. Necesito mi auto. ¡Mi libertad! — Dime algo, Valerie. —El se muerde el labio sumamente concentrado mientras conduce por la angosta carretera que está en nuestra comuna— ¿Trabajas? — ¡Ay por favor! Ya vas a empezar. — Responde a mi pregunta. —Dice en voz suave. — No. —Digo a secas. — Bien. —Carraspea— Yo sí, y no es por sacar en cara todo lo que hago para darte una vida digna de ti. —Su mirada está fija en la carretera— Pero quiero que entiendas, que no me importa si ésta a sido la primera vez que reprobaste un exámen, pudo ser la primera y la última vez hija. Quiero que entiendas, que si esto hubiese pasado el próximo mes, ya no habría una segunda oportunidad para recuperar el exámen reprobado. Has luchado mucho para llegar donde estás, Valerie. Y puedo entender que estés bajo mucha presión, pero este no es tiempo de fallar hija. Este no es el momento. Asiento, entendiendo su punto y a dónde quiere llegar. Si mi madre estuviese aquí estoy segura que muchas cosas serían diferentes. Mi madre fue mi pilar durante mi tiempo en la secundaria, fue como mi maestra en casa, ella me ayudó en todo. Y cuando la perdí, cuando falleció, tuve que empezar de cero. Sola. En mi graduación, tuve la oportunidad de dedicarle unas palabras y de también dedicarle mi título. Ella murió unos pocos meses antes de mi acto, y estuve a punto de perderlo todo. Ya que el dolor ante su perdida tan abrupta me cegó tanto, que mis faltas en la institución se hicieron notar. Pero tuve la fortuna, de que mis profesores y el directivo fueran tan comprensivos conmigo, que me permitieron volver y ponerme al día, cuando ya estuve más recuperada y consiente de lo que estaba pasando y de que estaba apunto de repetir mi último año de secundaria. Mis buenas notas y promedio también fueron de gran ayuda. — Sabes que con mi trabajo es complicado poder ayudarte, hago todo lo que puedo Valerie, pero ser Comandante de la policía estatal no es de gran ayuda cuando de tiempo se trata. — Lo sé papá. Y lo siento, te prometo que no se volverá a repetir. — Confío en ti, recuerda que esto no es por mi. —Suspira— Es por y para ti. Y es lo que tú madre hubiera querido, independientemente, ella está muy orgullosa de ti. Me vuelvo para darle un abrazo cuando estaciona el auto frente a la universidad y me susurra al oído: — Soy estricto, pero es porque te amo. — Yo también te amo. —Beso su mejilla— Pero ya deja de tratarme como una bebé y quítame el castigo, dame mi auto. Su hermosa risa resuena en el auto y lo veo negar la cabeza. — Tú nunca dejarás de ser mi bebé. —Dicho esto, la seriedad en su rostro regresa— Pero con lo que respecta al auto, tráeme el examen aprobado y te devuelvo las llaves. Que no creas que se me olvidó el castigo que les dieron el mes pasado y por el cual… — ¡Ay no papá! —Lo interrumpo— Otra vez con lo mismo, eres un caso perdido. ¡Adiós! — Valerie... Vuelvo a ignorar su llamado y me encamino hacia la puerta principal de la universidad, en el trayecto, los saludos de los estudiantes de los otros semestres no faltan. La verdad, pocos pude devolver. Estoy muy cansada y no tengo muchos ánimos de socializar. No es culpa de ellos y no tienen porqué pagar mi amargura, claro está. Pero no lo puedo evitar. Me costó dormir anoche, me costó continuar el resto de mi día como si nada hubiera pasado. En realidad. La mirada de Ryan se quedó profundamente clavada en mi memoria. Es como si él hubiese ganado un trofeo con lo que escuchó. Después de lo que la profesora Jones dijo, el se marchó sin tan siquiera despedirse. Aparte de amargado, engreído, grosero, atrevido y pare de contar. También es un mal educado. Su lista de defectos es enorme. Y eso no lo hace para nada agradable o atractivo. A pesar de que física y facialmente sí lo sea. Estoy por cruzar la puerta cuando alguien se atraviesa en mi camino. Ando tan perdida en mis pensamientos, que no me había dado cuenta que andaba caminando cabizbaja. Me quedo mirando las botas negras de estilo motorista de la persona que está de pie frente a mí por unos largos segundos y después caigo en cuanta de dónde me encuentro y de que los estudiantes entran y salen por la puerta. Sé que estoy algo atravesada, bueno estamos. Pero no me importa. Nada me importa. Porque ya presiento quien puede ser. Mi mirada asciende y sus pantalones negros y un poco rasgados llaman mi atención justo allí. En la rasgadura, es donde su piel blanca predomina. Tiene pocos vellos en la poca piel que logro detallar. Sigo detallándolo cuando lo veo dar dos pasos hacia a mi acortando la distancia. Su camiseta blanca es lo siguiente que veo y luego una chaqueta marrón. De cuero. Cuando mis ojos recorren sus labios, vuelvo la mirada a su cuello, su nuez de Adán sube y baja con persistencia y el collar de plata que rodea su cuello llama mi atención, porque la cruz que guinda en el, es única en su especie. Es... Sumamente hermosa. Trago saliva con fuerza y consigo valentía suficiente para alzar la mirada y confirmar lo que ya sabía. Él. Sus ojos ya no son marrones oscuros. Son de un color miel o caramelo quizás… Me confunden tanto. — ¿Ya terminaste la inspección? —Su voz suave está de regreso. Pero no respondo a su pregunta. No sé porque él me está intimidando tanto. Apenas lo conozco, pero estoy mejor cuando no lo tengo cerca. No me gusta tenerlo cerca, su aura es muy pesada. ¿Ustedes creen en eso? Porque yo sí. Creo que las auras existen y sé muy bien que hay auras buenas y malas. Y no estoy muy segura del aura que rodea a éste chico. Me genera mucha inquietud. Pero mucha. — Te. Hice. Una. Pregunta. —Dice entre dientes. Lo miro de mala gana. ¿Qué parte de que no me agrada el no ha entendido? — ¿Puedes darme permiso por favor? — Claro —El dice así, sin más—. Hasta que respondas a mi pregunta. Vuelvo a mirarlo directamente a los ojos y me niego a ceder. — No tengo tiempo para preguntas absurdas. Tengo cosas más importantes que hacer. — Yo también. Pero tengo la manía de que me gusta que me respondan las preguntas que hago. — ¿Y si no qué? — No me doy por vencido hasta conseguirlo. — ¡Jodete! Lo empujo he intento pasarle por un lado, pero su mano rodeando mi antebrazo me lo impide. En un segundo me aferra contra su pecho, gimo de la impresión y su boca choca contra mi oído, su aliento contra mi cuello y segundos después, lo escucho aspirar con fuerza. Para decirme al oído: — Jodeme. Y en ese preciso momento, mi corazón se acelera descontroladamente. Sé que estoy temblando, sé muy bien que mis manos lo hacen. — Suéltame. —Gimo contra su pecho. — Respóndeme. —El gruñe contra mi cuello. Es tan descarado. No lo puedo soportar. El está haciendo, el está aparentado que esto, que nuestra cercanía es genuina y no forzada. Por eso nadie puede notarlo, nadie puede notar que me tiene aferrada a su lado contra mí voluntad. Quisiera gritar por ayuda, pero pienso en mi voluntariado y que luego, quizás, esto me podría traer problemas y decido callar. Quien sabe lo que este loco pueda decir en su defensa. Y no voy a perjudicar mi último año de carrera por culpa de un lunático. — ¡Está bien, ya! Sí, termine la inspección. ¡Suéltame! —Gimo eso último tratando de apartarme de su lado. Pero tal cosa me es imposible. Su mano en mi antebrazo me tiene bien sujeta. Me aprieta demasiado. Al punto de sentir dolor. — Basta, me estás lastimando. —Espeto contra su pecho— Si no me sueltas voy a gritar. — Hazlo, bebé. —El gime eso último contra mi oído y no puedo evitar que todo el aire contenido salga de mi. Palidezco. Luego me ruborizo. ¡Me está retando! Me está... Mi mano, la del brazo que él sujeta, se aferra con fuerza a su pecho. — Por favor, déjame ir. — Quisiera, pero no puedo. Vuelvo a palidecer. — ¿Qué? ¿Cómo que no puedes? — Verás… —Su agarre en mi antebrazo se afloja— Tu universidad es algo grande y pues, no soy de aquí. — ¿Y? —Digo entre dientes porque el aún no suelta de mi brazo. — Me perdí. —Susurra creído— Necesito que me guíes. Increíble. ¿Esto es una broma cierto? Este idiota solo está jugando conmigo. — ¡Ay por favor! —Chillo de manera exasperada— Déjate de tonterías, tengo cosas que hacer mucho más importantes que andar contigo dándote un recorrido. — Tienes que hacerlo. — No, no tengo qué. ¡Suéltame! — No. — Voy a gritar. — Hazlo. Vaya… A este imbécil le gusta retarme. Se nota que no sabe con quién está hablando. Aspiró con fuerza y cuando estoy a punto de gritar, la voz de Rupert me detiene. — Valerie, ¿Todo bien? Ryan frunce el ceño y deja de mirarme para mirar a mi amigo. — Sí, todo estaba muy bien hasta que nos interrumpiste. Mi boca se abre de par en par por su gran mentira. — No respondas por mí. Yo puedo… — Nada. —El suelta por fin mi antebrazo. — Valerie. —El llamado de Rupert hace que lo mire— ¿Estás bien? Vamos a clases. — Ella no va a ninguna parte. — ¿Por qué no? — Eso no es de tu incumbencia. — ¡Basta! —Espeto y después de sobarme el brazo, lo empujo— No tengo porque hacer lo que no quiero hacer. Y definitivamente no seré yo quien te de ése recorrido. Me doy la vuelta para irme y la mano de Ryan vuelve a sujetar con fuerza mi antebrazo. Rupert intenta tomar de mi mano pero Ryan de inmediato la vuela lejos de un manotazo. — No te metas. —Espeta entre dientes. Su molestia es latente. — ¿Cuál es tu maldito problema? —La voz de mi amigo se alza dejándome perpleja. Nunca lo había escuchado así. — ¿Qué pasa? —Roger aparece en ese preciso momento y se detiene junto a Rupert. — Este idiota está molestando a Valerie. Ryan deja de mirarlos para ahora mirarme. Le sostengo la mirada, le demuestro esa misma molestia que él me muestra. — ¿Es cierto eso Val? No tengo cabeza para responder a esa pregunta. Debería decir que sí. No hace hasta unos segundos estaba por gritar. Pero no puedo. Pienso en mi madre, en mi padre. Necesito esta nota del voluntariado. Y si mal no recuerdo, la profesora Jones fue muy específica con nosotros ayer, al decirnos que debíamos ayudarlos en todo lo que estos chicos requerían. Sobre todo en lo que sea que necesitasen de la institución. ¡Pero no así! No de esta manera tan ridícula y manipulada. No lo soporto. Eso es cierto, es real. Sí, su aura es pesada. Eso también es muy real. ¿Pero qué tan mal puede salir darle un recorrido por la universidad? Tal vez si lo hago, ya no tendría que lidiar más con él. Ryan ladea la cabeza y su mirada me eriza la piel. El está esperando una respuesta. Pero también he de recordar que su actitud y grosería hacia Rupert, fue demasiado lejos. Me las debo cobrar. — ¿Valerie? —Roger me habla de nuevo mientras se acerca. — Estás demasiado cerca. —Ryan le susurra entre dientes— Aléjate. — ¿Cuál es tú problema? —Roger espeta— Estoy hablando con mi amiga, no contigo. — ¡Que te alejes! —Ryan vuelve a susurrar en tono de advertencia. Algo no anda bien aquí. ¿Qué pasa con este chico? Su actitud no es normal. No es correcta. No la entiendo. ¿Estará tomado? Peor aún… ¿DROGADO? Es bien conocido que el mundo al cual él pertenece, las drogas nunca faltan y en su mayoría, la consumen. No huelo alcohol en el. Tampoco sustancia ilícitas. Tampoco es que sea experta pero... Vamos. ¿Tal vez sea bipolar? O amargado al extremo por naturaleza. Sí, estoy segura que a de ser eso último. Veo de reojos como Roger intenta acercarse más y Ryan de inmediato me atrae a su lado. Soltando de mi brazo, el rodea la parte baja de mi abdomen en un abrazo y aferra mi espalda contra su amplio pecho. — Dile que se aleje, Valerie. —Otro escalofrío me invade de pies a cabeza cuando lo escucho decir mi nombre en un susurro y siento como mis mejillas arden— Estoy sintiendo ansiedad y en ese estado no me suelo controlar. Oh vaya… Entonces sufre de ansiedad. Por eso el es tan raro. Ahora quizás pueda entender su amargura. Y su aura tan pesada. — Está bien Roger. —Mi voz sale más frágil de lo normal y eso me hace maldecir a mis adentros, no quería sonar así, ahora mis amigos van a creer que algo más pasa, cosa que no es del todo falsa— Todo está bien, simplemente no podemos ponernos de acuerdo con lo del recorrido. — ¿Cuál recorrido? —Es Rupert quien pregunta. — Sí… ¿Cuál? No me informaron de eso. —Roger frunce el ceño al mismo tiempo que mira el brazo de Ryan rodando mi cintura— ¿Por qué te está abrazando? Voy a responder cuando siento como el brazo de Ryan se tensa a mi alrededor. — Estoy aquí, puedes hacerme la pregunta a mi. —Ryan espeta. — Respóndela entonces. — No se me antoja. Oh por Dios... Me muerdo el labio inferior para evitar sonreír, pues definitivamente, Ryan es... Olvidenlo. Veo como Roger lo fulmina con la mirada y como sus manos se forman en puños, está listo para pelear si es necesario. Y la verdad, es que la actitud de Ryan no es de ayuda en lo absoluto. Provocar a Roger no es una buena idea. — ¡Ryan basta! —Murmuro hacia el con suavidad— Por favor. — ¿Dijiste mi nombre? —Su mirada se encuentra con la mía y en ese momento, él ladea una sonrisa. Su sonrisa es genuina, es sincera. Y es la sonrisa más linda que he visto en mucho tiempo. Su brazo afloja la tensión sobre mi abdomen y lentamente el suelta de mi. — ¡Ryan! —Esa es la voz de Danny— Aquí estás. ¿A dónde te fuiste? Te hemos estado buscando por más de media hora. Ryan lo ignora por completo, sus ojos no abandonan los míos en ningún momento. Esto es raro. Muy raro. De odiarlo, solo bastó verlo sonreír para ya no sentir tal cosa. No siento nada más que curiosidad. Y dicen que la curiosidad mató al gato...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD