Miércoles 16 de Septiembre 2015.
Dos días después…
Después de aquel día y de tan fatídico encuentro, por fortuna no he vuelto a toparme con ninguno de esos chicos.
Pero dudo que la suerte me dure por mucho más tiempo, ya que me enteré gracias a la chismosa de mi amiga Samantha, que los amargados Rockstars en efecto y como lo pensé ese día, sí son una banda de rock y andan de paso por la ciudad.
Y casualmente, darán un concierto en el teatro de la universidad este fin de semana, para recaudar fondos para la fundación de la institución.
Por lo tanto, andarán rondando la universidad haciendo las pruebas de sonido hasta entonces.
Enterarme de eso fue muy interesante.
Quien los viera, tan amargados, atrevidos y groseros, pero caritativos.
Una combinación un tanto extraña.
Pero bueno, ya nada debería sorprenderme, a mi corta edad, he visto de todo en esta vida.
Y una banda de Rockstars amargados, no es ni será la excepción.
Salgo del buffet y camino entre los demás estudiantes en el cafetín hasta llegar a la gran mesa doble donde ya están sentados mis compañeros de clases y me siento justo al lado de mi querido Rupert.
Tengo la fortuna de ser parte de un grupo de amigos muy unidos.
No hay rivalidades entre nosotros, nunca las a habido, la mayoría se conocen de toda la vida, los más recientes somos Rupert, Samantha y yo.
Los tres ingresamos a la universidad hace dos años.
Es por ello que somos muy unidos.
Todos nos recibieron de buena manera y nosotros supimos integrarnos al grupo con el pasar de los días.
La conexión entre todos fue inmediata.
Es increíble estar en un lugar donde te lleves bien con todos. Eso nunca me había pasado y es por ello que no puedo evitar estar más que agradecida con mi papá por traerme de vuelta a la ciudad.
Nací aquí, en Burkley-Remich, pero al año de nacida nos mudamos a la capital del país, Luxemburgo y no regresamos hasta hace dos años, pero ahora, sin mamá.
Nos fuimos juntos y regresamos incompletos.
Así es la vida.
Tengo un hermano, por cierto.
Su nombre es Vals, y suelo confundirme a veces porque toda la familia me tiene de apodo Val.
Dando a entender así, que sí, mi nombre es en honor a mi hermano, una secuela de su nombre.
El tuvo más suerte y por supuesto fue más inteligente, pues decidió librarse de las riendas de papá al quedarse en la capital cuidando de mi abuela y al mismo tiempo ejerciendo su amada profesión. Realmente lo felicito por ello. Al ser el mayor por tres años, tuvo muchas más libertades.
Claro, ser el varón también le ayuda por lejos.
En cambio yo…
Bueno, esa es otra historia.
— ¡Valerie! ¿Cómo les fue el lunes con el profesor Green? Actualícenme de todo lo que me perdí estos dos días.
La voz de Roger, al otro lado de la mesa hace que deje a mitad de camino mi tenedor.
Tengo mucha hambre y la comida está deliciosa, así que lo último que quiero hacer ahora es ponerme hablar.
Conversar con Roger significa nunca terminar de comer, porque este habla sin parar y sus chistes sin gracia son una risa asegurada.
Y ya sé que tal cosa suena incoherente, pero he allí la gracia.
Haciéndole un ademán a Rupert le cedo el derecho de palabra pues a mí lo que me interesa es comer. Este se ríe y niega con la cabeza de manera graciosa mientras toma un sorbo de soda.
Pero al final responde a la pregunta por mí.
— Aprobamos. —Dice sin más y sin gracia.
El bullicio en la mesa inicia y los chicos golpean la palma de sus manos contra la madera.
— ¡Rupert y Valerie han dejado de ser los brutos en historia! —Roger canturrea.
— No se olviden de los otros tres. —La voz de Samantha hace que me vuelva para verla tomar asiento en la mesa, del otro lado, frente a mí.
— ¿Quiénes? —Roger frunce el ceño— ¿Es en serio? —La palma de su mano vuelve a golpear la mesa y todos ríen, su sentido del humor es muy exagerado, pero a todos nos encanta porque nos entretiene, aunque también nació aquí, sus orígenes son Norteamericanos— ¿Quién más reprobó el examen de historia?
— Leslie, Jordan y Skerp. —Rupert dice con evidente sarcasmo y todos vuelven a reír.
— ¡Par de brutos! —Roger vocifera— Cuando quieran les doy unas clases, ya saben, cinco euros la hora.
— ¡Booo!
Todos comenzamos a pitar y trozos de pan comenzaron a volar por todas partes, justo en dirección a Roger. Bien, el desastre en la cafetería de todos los días, a comenzado.
★*★*★*★*★*★
A mitad de la clase de Inglés, la profesora de teatro se adentra en el salón interrumpiendo la clase.
Su particular estilo y manera de andar, me recuerdan mucho a la actriz de una película.
Con solo verla, la sonrisa en mi rostro delata lo graciosa que es.
— Buenos días, jóvenes. —Ella se detiene frente al pizarrón mirando hacia todos nosotros— Disculpe la interrupción profesor Orling. Pero necesito hablar con sus alumnos, no le quitaré mucho tiempo.
Todos cerramos nuestros cuadernos al mismo tiempo y uno que otro suspiro de fastidio se escucha al fondo del salón.
— Vamos profe, que sea rápido. Tenemos cosas que hacer. —Las palabras de Roger nos hacen reír a todos.
— Joven Jenkins, si tiene mucho que hacer puede irse cuando guste. Aunque dudo que tantas inasistencias le ayuden a seguir en el equipo de Fútbol.
Tal cosa me hace ahogarme de la risa y una bola de papel golpea mi espalda.
Muerta de la risa me giro en la silla para ver quién a sido y no me sorprendo en lo absoluto.
— Nos vemos en la salida. —Roger me fulmina con la mirada.
Sé con certeza que su mirada enojada no es para nada cierta y está demás decir que es totalmente fingida.
Rupert y Samantha se ríen cuando Roger se pone de pie y comienza a debatir con la profesora de teatro.
— Usted sabe que mis faltas están justificadas ante el directivo de la institución, soy el jugador estrella del equipo de fútbol, no es mi culpa que me quieran en las ligas mayores.
— Pues estarán justificadas para el director, más no para mí, por lo tanto. Cállese y siéntese, porque lo que vengo a decirles es de mayor importancia y de ello, dependerá su futuro en el equipo de fútbol joven Jenkins.
Roger cae pesadamente sobre su asiento y todos nos volvemos a reír.
— “La estrella del equipo de fútbol a caído” —Jordan es quien mofa y el bullicio reinicia, todos golpeamos nuestros pequeños escritorios de madera con la palma de nuestras manos.
— ¡Silencio! Basta ya de burlas. Ya están demasiado grandes para estas tonterías. ¡Maduren! —La maestra espeta haciéndonos callar de inmediato— O sino, la advertencia irá para todos. —Ella nos inspecciona con la mirada y al estar en completo silencio vuelve a tomar la palabra— Bien, como ya han de saber. Habrá un concierto a beneficio de la fundación de la universidad este fin de semana, el cual se realiza una vez al año y ya saben que todo lo recaudado va para todos los estudiantes de bajos recursos.
La mayoría asentimos con la cabeza algo fastidiados y algunos lo demuestran pitando.
Estamos por graduarnos, que deje de fastidiarnos con eso de madurar. Todos somos maduros o al menos vamos por buen camino, me he dado cuenta que la mayoría hemos madurado mucho en lo que va de año, hemos cambiado demasiado, hoy en día estamos muy seguros de lo que queremos de la vida, cosa que antes no era tema de discusión, pero poco a poco vamos entendiendo que nuestro tiempo juntos se está acabando.
Así que, solo queremos disfrutarnos todo lo que podamos. Ya saben, crear buenas memorias juntos.
Y si eso significa bromear un poco y parecer algo infantiles he inmaduros, pues ni modo.
Lo seremos hasta graduarnos.
— Este año, la banda encargada para recaudar fondos, son unos chicos de los suburbios de Londres, conocidos en su ciudad natal como “The Dorcey’s” —La profesora continúa con su discurso— Y están en pleno apogeo de popularidad, lo cual, le vendría muy bien a la fundación.
— A que bien profe… ¿Y qué tenemos nosotros que ver allí? —Ese es Roger de nuevo haciendo de las suyas.
— Que como encargada del evento, necesito de cuatro voluntarios. Por eso estoy justamente aquí.
— ¿Qué? —Espeto sin darme cuenta y de inmediato me cubro los labios con ambas manos.
Mierda.
— Bueno, ¿Y por qué no va con los otros estudiantes? No somos los únicos de la universidad.
— ¡Ya cállate Roger! Nos van a castigar como hace un mes por tu culpa. —Jordan replica y los murmullos vuelven a iniciar.
— ¡Pero es cierto! —Roger vuelve a quejarse— Ya todos tenemos suficientes actividades. No puede ser que ahora nos den otra más.
— ¡Pero solo son cuatro voluntarios! Cálmate. —Samantha susurra— ¿Qué tan malo puede ser?
— Pues si quieres hacerlo tú, bien, es todo tuyo. Pero conmigo no cuenten. Yo ya estoy enloquecido, no necesito más. —Roger se cruza de brazos y se niega a dar marcha atrás.
— Silencio. —La profesora nos calla de nuevo— Eso es algo que ustedes no deciden y estas son las consecuencias de cursar su último semestre. Deben aprender a trabajar bajo presión. ¿O qué creen ustedes? ¿Que todo se lo van a regalar? Así no es la vida, nada es gratis sin pagar un alto costo por ello. Agradezcan que los estamos preparando de buena manera para un gran futuro. Ahora no lo ven así, pero más adelante nos lo agradecerán. Su educación es nuestra prioridad y el primer voluntario es usted, joven Jenkins.
— ¡Ay no por favor! —Roger replica de mala gana poniéndose de pie— Esto es un abuso, renunció.
Su reacción me es tan divertida que no puedo evitar sonreír, pero disimulo cubriéndome la boca con un mechón de cabello.
— ¿Y se puede saber a qué renuncia joven Jenkins?
— A esto, a todo.
— ¿Está seguro? No creo que sus padres…
Roger maldice y vuelve a tomar asiento, pero no sin antes decir:
— Pues más les vale que por lo menos sean considerados con el horario. ¡Ya no puedo con tantas cosas al mismo tiempo! Solo el entrenamiento son cinco horas diarias. ¡Por Dios!
— Evaluaremos su situación joven Jenkins, no se preocupe. Pero el voluntariado es una responsabilidad que todos deben cumplir de alguna manera u otra, ya que forma parte del cinco porciento de su nota final. Si alguien más no está de acuerdo con ello, entonces pueden irse preparando para un nuevo año universitario. ¡Pero como repitientes!
Palidezco ante lo escuchado y mi momento de oración inicia.
¡Diosito te lo suplico! No permitas que me toque el voluntariado con la banda de engreídos.
— Señorita Thompson, usted es la segunda en este grupo de voluntarios.
El grito de horror en Samantha hizo que todos comenzarán a bromear otra vez.
Menos yo.
Este no es momento de bromas para mí, pues realmente no quiero ir.
— La Sami ya quiere ligar con los Británicos. —Roger murmura entre risas.
— El siguiente es usted, Jordan. —Este se sobresalta ante lo escuchado— Hágame el favor y deje ese teléfono. —Ella alza la voz y Jordan guarda el teléfono al instante— Y por último, la señorita Ackerman.
— ¡Ay no! —Chillo y me pongo de pie— Profesora Jones, no tengo problemas en hacer el voluntariado pero no para esa banda. Por favor, asígneme en otro.
— ¡Upaaa! La Valerie le tiene miedo a los ingleses. —Jordan se burla y maldigo para mis adentros.
— Son unos odiosos, ya los conocí el lunes. —Murmuro— No te agradarán en lo absoluto, así que deja la burla. Jordan.
— Eso es cierto, lo confirmo. —Mi amigo Rupert sale al rescate— Estaba con Valerie cuando dos de ellos entraron de manera abrupta por una de las puertas traseras que dan al jardín y sus caras de pocos amigos no mienten en lo absoluto y créeme que me dieron ganas de partirle la cara a uno de ellos.
Jordan por fin deja de reír y a continuación, se remueve en su asiento.
— Esto cada vez se pone mejor… —Lo escucho murmurar.
La profesora Jones se da la vuelta, dándonos así la espalda y comienza hablar con el profesor Orling.
El cuchicheo entre nosotros inicia pero luego todos comenzamos a bromear sobre Roger, “la estrella de fútbol”.
— Ya cállense, no los quiero ver después suplicándome para que les regale una entrada cuando sea contratado por el equipo nacional.
Todos comenzamos a reír.
— Ya querrás que te supliquemos. —Le digo muerta de la risa.
Pero tal sonrisa no dura mucho tiempo en mi rostro cuando escucho a la profesora hablar de nuevo y decir:
— Por favor, los cuatro voluntarios seleccionados pónganse de pie y síganme de inmediato.
— ¿Qué? —Roger protesta— Estamos a mitad de la clase, no podemos irnos así…
— Pero nada, la clase con el profesor Orling a terminado para ustedes, así que guarde silencio y haga lo que estoy diciendo, sino quiere que lo repruebe ahora mismo joven Jenkins, está colmando mi paciencia.
Puedo ver y sentir como Roger quiere estrangular a la profesora Jones con solo la mirada, esto realmente es un abuso.
Se supone que los voluntariados se hacen por voluntad propia y no por obligación, esto era algo que no sabía. Ahora puedo entender porque en los últimos meses y sobre todo, en sus últimos días, los estudiantes del sexto semestre del año pasado se veían tan estresados.
Me siento mal por Roger, he visto en carne propia el peso que de por sí la universidad le ha puesto por ser el mejor en el equipo de fútbol. Así que ver que también le pongan esta otra presión y responsabilidad, es injusto.
El tiene todo el derecho de quejarse.
Está cansado.
Los cuatro nos ponemos de pie y guardando nuestras cosas en nuestros respectivos bolsos, salimos del salón sin decir nada y sin mirar atrás.
Ignoramos por completo el murmullo que inicio cuando caminamos hacia la puerta.
¡Es oficial! Ahora somos el hazme reír de nuestro grupo.
¡Dios mío! ¿Por qué a mí?
Ruedo los ojos ante mi pensamiento y ante mi mala suerte, pues no importa lo que diga, o cuántas veces me queje.
Ya está hecho, no es tiempo de rebeldía.
O hacemos el voluntariado calladitos, o reprobamos.
Y ninguno de nosotros quiere tal cosa.
Nos hemos esforzado demasiado para estar donde estamos.
★*★*★*★*★
Esta vez para entrar al teatro no lo hicimos por la puerta que da a los tras bastidores, entramos por la puerta principal, como si fuésemos parte de la audiencia que viene a disfrutar de un acto.
Y en efecto, allí están ellos sobre el escenario.
Su música es terriblemente escandalosa. Diría que desagradable.
¿Cuál es la gracia de su disque “Popularidad” en Londres?
No lo entiendo.
— ¿Es una broma? —Roger grita sobre la música y se vuelve hacia la profesora Jones.
— ¿Qué clase de música es esa?
— Creo que Metal Core. —Samantha murmura anonadada mientras su mirada está fija sobre los chicos de la banda.
Todos nos volvimos a verla, totalmente sorprendidos.
Esta no me la sabia.
— ¿Pero que has dicho? —Roger le habla y la saca de su espasmo.
— ¿Qué? —Samantha murmura inocente.
— ¿Metal Core? —Esa es la voz de Jordan quien está oculto detrás de Roger— ¿Es en serio? ¿De cuando acá tu escuchas eso?
Samantha palidece y me mira como pidiendo ayuda.
Pero yo no sé que decir, estoy igual de sorprendida que los chicos.
— Y tan inocente que te ves. —Roger dice antes de bajar las escaleras para seguir de cerca a la profesora Jones.
— ¿Pero qué tiene? —Sami susurra inocente otra vez— A mi hermano le gusta ese tipo de música. Ni modo que yo la ignore cuando convivo con el veinticuatro horas al día y siete días a la semana.
— Ay Samantha… Quien te viera. —Jordan se ríe y me toma de las manos para ayudarme a bajar ya que me atore con una de las sillas.
— ¡Oigan! No sean así, espérenme.
Al terminar de bajar las escaleras caminamos cerca de la tarima y nos detenemos dónde se supone que en los conciertos u obras de teatro está el equipo de seguridad.
Alzo la mirada y me encuentro con que el chico de ojos lindos llamado Danny, el cual ya está viéndome.
Quien sabe por cuánto lo a estado haciendo pero decido ignorarlo.
A él lo recuerdo bien, parecía algo agradable hasta que abrió la boca.
Toca bien la guitarra, por cierto.
Pero luego, todo a mi alrededor deja de existir cuando mis ojos grises, se topan con esos ojos marrón oscuro.
Su mirada es igual de fría, como ese día… Cuando le conocí, está allí, presente muy latente.
Sabia que uno de los dos podía ser el vocalista de la banda pero nunca hubiera imaginado que lo sería el.
El amargado mayor.
Si mal no recuerdo, su voz es suave. Como la brisa del atardecer.
Y estando aquí, de pie frente al escenario. Me llevo la sorpresa, de que grita más que mi abuela.
Tal recuerdo me hace sonreír y de inmediato dejo de mirarlo para observar tocar a los otros miembros del grupo.
He de admitir que físicamente hablando, todos son atractivos.
A de ser por eso su gran popularidad en su ciudad natal. Las chiquillas calenturientas han de estar enloquecidas.
Dejo de mirarlos y me cruzo de brazos para ladear la cabeza hacia la profesora y me doy cuenta que la única que sigue de pie soy yo.
¿En qué momento se sentaron todos?
Puedo sentir como mis mejillas arden por el rubor y de manera inconsciente regreso la mirada hacia la banda.
Él, al verme, sonríe.
Y tal cosa me lleva al borde del colapso.
¡Desgraciado!
No lo soporto.
¿Cómo alguien puede tener la mirada más fría de este mundo y segundos después sonreír como si nada? Voy a tomar asiento y la bendita canción finaliza en ese preciso momento.
Chilló de manera exasperada y veo como rápidamente mis compañeros y la profesora se ponen de pie.
No tengo alternativa.
No hay tiempo de sentarse para mí.
Subimos al escenario y la profesora Jones toma la palabra.
— Buenos días Jóvenes. ¡Que placer tenerlos de vuelta!
Ninguno de ellos le responde el saludo, al contrario, Danny, el guitarrista, le pasa por un lado y deja la guitarra sobre un sostenedor.
El baterista, se pone de pie y coge una botella de agua que le lanza el bajista.
Por otra parte, Ryan deja el micrófono en su lugar y segundos después, lo veo caminar directamente hacia mí.
Sí, recuerdo su nombre.
Recuerdo todo lo ocurrido esa mañana como si hubiese sido ayer y no hace dos días.
Miro hacia mis compañeros para ver si estoy equivocada pero no, el viene directo hacia mí.
Dos pasos de distancia nos separan esta vez cuando el se detiene frente a mí y clava sus ojos en los míos.
— Ryan, ahí te va.
El no deja de mirarme y ataja con su mano izquierda la botella de agua que uno de sus amigos le a lanzado.
La abre frente a mí y lo veo tomar agua. Su nuez de Adán sube y baja cada vez que traga y no puedo dejar de mirarla. No está a plena vista.
Es pequeña.
El se toma más de la mitad de la botella de agua y luego la lanza de regreso, pero nadie la ataja, porque la escucho rugir contra el suelo.
La risa de uno de sus amigos es lo último que logro escuchar antes de volver a perderme.
Ninguno de los dos aparta la mirada del otro.
El invade mi espacio personal y da otro paso, acortando los dos pasos que nos separaban.
El choque de su respiración y la mía es lo único que puedo escuchar hasta que…
— Hola.
Su voz ahora ronca me deja helada. Esta no es la voz suave que recuerdo.
Aunque claro, después de tanta gritadera, no tengo porque tener dudas del porqué ahora su voz esté ronca.
— Dije, hola. —El vuelve hablar.
— Y yo te digo, bye.
Saco fuerzas de donde no tengo y le paso por un lado. No sin antes sentir como su mano roza la mía.
Tal cosa lo hizo a propósito, estoy segura de ello.
Aprieto ambas manos en puños y siento como mi mandíbula se tensa por lo duro que mis dientes chocan entre sí.
Aparte de engreído, amargado y frío. Es un atrevido.
¿Pero cómo se atreve a tocarme?
Así haya sido solo un roce, él se atrevió a tocarme.
Me giro antes de que pueda detenerme y el ya está viéndome, otra vez, ver la sonrisa de mierda en su rostro me hace enojar mucho más y lo fulmino con la mirada.
— No vuelvas a tocarme, idiota. —Espeto.
— ¡Uy…! —Sus compañeros de banda comienzan a burlarse.
— ¡Señorita Ackerman! Cuide su boca con nuestros invitados. —El regaño de la profesora Jones me saca de mis casillas.
¿Es en serio? ¿Es más importante lo que piensen estos idiotas que mi integridad?
Un completo desconocido acaba de rozar su mano en mi brazo ¿Y debo venerarlo?
Pues no.
¡Inaudito!
Y puede que esté exagerando la situación, pero sinceramente no me importa.
No lo quiero ver, mucho menos que roce mi mano.
¡Yo no quiero estar aquí! Así que no necesito de su atrevimiento.
— Pues dígale “A sus invitados” Que mantengan la distancia.
— Por favor… —La voz de Ryan justo detrás de mi me hace dar un respingo— No es para tanto. Solo roce tu mano, fue sin querer.
Pues esa sonrisa triunfante tatuada en su rostro demuestra todo lo contrario.
— Eres un atrevido. —Susurro apenas audible para el. Él se lame los labios a cambio y ladea una sonrisa.
— Lo soy, a veces. Pero no lo seré contigo.
— Pues muchas gracias, porque no me interesa que lo seas.
Dicho esto, vuelvo a tomar distancia y me detengo junto a Roger quien me toma del brazo de manera protectora.
El ya venía por mí, a mi rescate.
Aunque hubiese deseado que se apurase.
El me lleva al centro del escenario, dónde está la profesora Jones junto a Samantha y Jordan.
Mis ojos vuelven a toparse con los suyos, pero Ryan deja de mirarme para fulminar con la mirada a Roger, quien también le corresponde la mirada de la misma forma.
Mi amigo es imponente, su estatura y corpulencia lo hacen muy intimidante y lo mejor de todo, nadie lo intimida jamás.
Bueno, a excepción de sus padres. A quienes el respeta más que a nada.
Y Ryan… Pues a él tampoco nada parece intimidarle. Porque sigue allí mirando a Roger intensamente.
Hasta que su amigo Danny va por él y éste comienza hablar.
— ¿Y qué los trae por aquí profe?
La pregunta de Danny no alivia la tensión ni la hace olvidar, al contrario. Es más palpante porque Ryan no deja de mirarnos.
— Vengo a presentarles a los cuatro voluntarios seleccionados, ellos estarán con ustedes para todo lo que necesiten durante sus días de hospedaje en la institución, incluído el día de la presentación.
Al escuchar tal información, pude ver como los ojos de Ryan brillaron con cierta peculiaridad y supe de inmediato que todo se había ido a la fregada.