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Atrapada Entre dos Alpha's Mi Enesperaba Vida

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Blurb

Millie Klein nunca sintió que perteneciera a Los Ángeles.

No con sus ojos oscuros, su carácter reservado y esa sensación constante de estar al margen de la vida de los demás, observando desde afuera. Después de perder a sus padres adoptivos y ser expulsada del apartamento que compartía con su glamurosa mejor amiga, Millie cree que su vida finalmente ha tocado fondo.

Hasta que un desconocido la llama con una noticia imposible.

Un abuelo cuya existencia jamás conoció ha muerto y le ha dejado todo.

Una enorme mansión victoriana.

Una fortuna.

Cientos de hectáreas de tierra escondidas en lo más profundo de la zona rural de Indiana.

Y un pueblo que desapareció misteriosamente de los mapas hace más de un siglo.

Desesperada por comenzar de nuevo, Millie viaja a Galloway Hollow esperando encontrar poco más que antiguos secretos familiares y una oportunidad para vender la propiedad. Pero, en lugar de eso, descubre un lugar donde todos parecen conocer su nombre, los lobos la observan desde el límite del bosque y los susurros la siguen a donde quiera que vaya.

Y el más peligroso de todos es Han Galloway.

Oscuro, irresistible y ferozmente protector, Han también guarda secretos que podrían cambiarlo todo. A medida que Millie se acerca a él, despierta algo salvaje en su interior que no puede explicar. Y cuanto más descubre sobre Han, más se acerca a la verdad sobre su propio linaje y al aterrador destino que la espera en las sombras de Galloway Hollow.

Porque Millie no es solo la heredera de una propiedad olvidada.

Es la última descendiente de un antiguo linaje de hombres lobo.

Y los lobos llevan más de un siglo esperando su regreso.

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Millie
POV: Millie "Millie, no puedes hablar en serio." No levanto la vista. Mis ojos permanecen fijos en la caja frente a mí, doblando las solapas de cartón una sobre otra hasta que se sostienen. No puedo obligarme a mirar a Chasity en este momento, no cuando las lágrimas amenazan con derramarse de sus ojos. "Millie," su voz sube de tono, quebrándose en los bordes. "¿Siquiera me estás escuchando?" "Te estoy escuchando." Paso la palma de mi mano sobre la parte superior de la caja como si eso hiciera que la cinta se pegara más rápido. Mis dedos trazan la costura dos veces, tres veces. "Solo que no tengo nada más que decir." Ella resopla. Escucho el golpeteo de sus uñas contra su brazo antes de verlas, ese ritmo rápido e irritado que produce cuando la ira se apodera de ella. "O sea, ¿de verdad lo has pensado bien?" Lo he pensado. Más que cualquier otra cosa en toda mi vida. Pero decirle eso se siente como entregarle una cuerda para que tire de mí hacia atrás. Sus ojos ya están vidriosos, y su voz tiembla al final de cada frase, cada palabra vacilante como una hoja a punto de caer. Así que me encojo de hombros en su lugar. Con calma. Como si estuviera eligiendo qué cereal comprar en vez de desarraigar toda mi vida y trasladarla al otro lado del país. ¿Estoy segura de que esto es lo que quiero? No. Si de algo estoy segura, es de que mudarme es lo último que quiero hacer. Solo pensar en irme hace que se me revuelva el estómago. Pero los tiempos desesperados requieren medidas desesperadas, y últimamente, estoy desesperada. Más desesperada de lo que he estado nunca, aunque no lo admita en voz alta. Presiono la última tira de cinta con el pulgar y me pongo de pie, mirando alrededor de la habitación. Todo lo que he conocido en mi vida está aquí, apretujado en las cajas al pie de mi cama, o de pie en el marco de mi puerta con cejas perfectamente esculpidas fruncidas en un gesto que de alguna manera sigue siendo fotogénico. Nunca pensé que diría esto, pero voy a extrañar esto. El ruido de la ciudad que solía mantenerme despierta por las noches. Ser solo una cara más entre la multitud, anónima y segura. Incluso el drama constante que viene con ser mejor amiga de Chasity, por agotador que sea. "Podrías hablar con él," dice ella, apoyándose contra el marco de la puerta con estudiada indiferencia. "Rod, digo. Tal vez si de verdad hablaras con él en lugar de solo asentir cuando está cerca..." "No se trata de Rod." No se trata, no realmente. Rod está bien. Me cae bien, o al menos quiero que me caiga bien. Nunca ha sido más que amable conmigo. Pero lo que yo piense de él no importa. Chasity es la que está enamorada, y es ella la que va a quedarse con él hasta que la muerte, o el divorcio, los separe. Conociendo a Chasity y su inclinación por el drama, apostaría dinero a que habrá un divorcio largo, feo y costoso en algún momento. Del tipo que sale en las páginas de sociedad que tanto le encantan. No necesito una bola de cristal para eso, solo su historial y una comprensión básica de los patrones. Si tuviera que adivinar, Chasity se enamora más de la idea de estar enamorada que de cualquier chico real. Es adicta a la emoción, al romance, al cuento de hadas. La realidad siempre termina decepcionándola. Espero estar equivocada. O que ella se dé cuenta antes de la boda, al menos, antes de hacer promesas que no puede cumplir. Dejé de intentar hablar con ella sobre su vida amorosa hace mucho tiempo, después de una llamada telefónica de más a las tres de la mañana entre lágrimas. Ya no es problema mío. Me pongo de rodillas y reviso debajo de la cama una vez más, solo para asegurarme. Bolas de polvo y un calcetín viejo, nada más. Luego abro de un tirón los cajones de la cómoda y paso la mano por las esquinas traseras del estante del clóset, mis dedos buscando cualquier cosa que se me pudiera haber pasado. Nada. Casi no queda nada en esta habitación que sea mío, nada que demuestre que alguna vez viví aquí. "¿Encontraste algo?" pregunta Chasity, con voz pequeña. "No." Sello la última caja con cinta y le doy un empujón con el pie, haciéndola deslizar hacia el pasillo con las demás. Golpea la pared con un ruido sordo que suena demasiado definitivo. Es un poco deprimente, si lo pienso demasiado. Veinticuatro años en este planeta, y todo lo que poseo cabe en un puñado de cajas de cartón y en la cajuela de mi Honda destartalado. Me gustaría decir que viajo ligero, que soy minimalista por elección, que las posesiones no me definen. La verdad es que, aparte de mi ropa, unas cuantas fotos familiares de las que no puedo desprenderme, y un par de baratijas que guardan recuerdos que no estoy lista para dejar ir, no tengo casi nada. Nunca lo he tenido. Saco los billetes doblados de mi bolsillo trasero y los cuento de nuevo, como si el número fuera a ser diferente esta vez, como si tal vez me hubiera equivocado al contar y en realidad hubiera más. Doscientos veintisiete dólares con cincuenta y ocho centavos, de vender todo lo que decidí que podía vivir sin. No tengo idea de si eso es suficiente para llegar a donde voy. Tendrá que serlo. Siempre tiene que serlo, y de alguna manera siempre funciona, aunque el aterrizaje sea difícil. Me dejo caer al suelo, con las piernas cruzadas en medio de la habitación vacía, y miro hacia arriba, a Chasity. La luz de la tarde le ilumina el cabello, haciéndolo brillar como un halo. "No puedo creer que esté haciendo esto." "Entonces no lo hagas," cruza los brazos, a la defensiva ahora. "Quédate. Encontraremos la manera. Siempre lo hacemos." Las dos sabemos que eso no es verdad. No es culpa de Chasity que me vaya, y tampoco es realmente mía, pero no puedo quedarme. Las cuentas no cuadran. No es que no me quieran, eso me lo ha dejado claro como cien veces en la última semana, con la voz quebrándose cada vez. Pero con Rod mudándose, ellos dos necesitan su privacidad. Vaya que la necesitan. Hay imágenes grabadas en mi cerebro de la única vez que llegué temprano a casa que voy a estar desempacando en terapia por el resto de mi vida, suponiendo que algún día pueda pagar terapia. Simplemente no puedo verlo durando, lo de Rod y Chasity. Ella es tan... Chasity. Esa mujer vive en un estado permanente de "Dios mío", agotadora de tener cerca las veinticuatro horas del día, y ya ni hablar de en un apartamento de una habitación para siempre. Cada emoción es una crisis, cada momento es un drama. Espero que Rod sepa en lo que se está metiendo. Es un buen tipo, de verdad. Tranquilo. Con los pies en la tierra. Nada lo altera, lo cual honestamente podría ser lo único que mantenga ese apartamento en pie una vez que yo me vaya. Alguien tiene que ser la calma en medio de su tormenta. Él también es la persona exactamente opuesta a Chasity, y los dos no tienen absolutamente nada en común más allá de que él luce exactamente como el tipo de hombre que a ella le gusta y ella decidió que eso es amor. Ni siquiera les gustan las mismas películas. No sé qué piensa Rod realmente sobre nada de esto. Con Chasity hablando todo el tiempo, llenando cada silencio con palabras, él apenas logra decir algo. Tiene que haber algo ahí, sin embargo, o él no estaría mudando sus cosas mientras yo mudo las mías. Tal vez él ve algo que yo no veo. Tal vez los opuestos sí se atraen. Si soy honesta, Rod parece un muñeco Ken que aprendió a caminar y hablar. Pertenece a alguna playa, tomando el sol y posando para i********:, y lo mismo Chasity. Juntos son un conjunto perfecto: piel bronceada, cabello aclarado por el sol, ojos azules, prácticamente resplandecientes de salud y privilegio. Y luego estoy yo. Cabello oscuro, ojos oscuros, piel pálida que se quema en vez de broncearse, definitivamente la rara en cada foto que nos hemos tomado juntas. La sombra frente a su luz. Chasity es el paquete completo. Alta, rubia, hermosa como reina de belleza, y completamente convencida de que el universo gira en torno a ella personalmente. Se mueve por el mundo como si fuera dueña de él, como si las puertas siempre fueran a abrirse para ella. Probablemente sea exactamente por eso que terminamos siendo mejores amigas desde un principio. Ella quiere la atención y yo prefiero prenderme fuego antes que ser observada, así que funciona. Nos equilibramos la una a la otra, a nuestra manera peculiar. No soy un ogro ni nada por el estilo, me consideraría promedio, tal vez linda en un buen día cuando de verdad me esfuerzo, pero para nada cerca de su nivel. A su lado, no tengo competencia alguna, lo cual me viene bien. Ella habla, yo escucho. Los chicos se desviven mirándola a ella y apenas notan que estoy parada justo ahí, que es exactamente como prefiero que sea. Ella es la socialité. Yo soy a la que nadie ve, la amiga invisible, y he hecho las paces con ese papel. "¿Estás bien?" pregunta Chasity, más suave ahora, agachándose para quedar a mi altura en el suelo. Sus rodillas truenan mientras se agacha, y hace una mueca. Intento sonreír y verme esperanzada sobre mi futuro, sobre lo que sea que me espera al final de este viaje. Chasity me devuelve un destello de sus dientes perfectos y blanquísimos, como si creyera la mentira que estoy tratando de vender, como si no pudiera ver a través de mí. Bueno, es Chasity, así que tal vez de verdad se lo cree. Siempre ha sido buena para ver lo que quiere ver.

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