*Samantha* Despertar, y que lo primero que llegue a mis fosas nasales, sea el olor del perfume de Leonard, me llena de una sensación extraña, pero maravillosa, una calidez que me hace pensar que estoy en casa, y no querer irme jamás. Quiero despertar así todas mis mañanas. Aunque mi felicidad duró poco; se convirtió muy rápido en decepción cuando me volteé en la cama y vi que el otro lado estaba vacío. Estaba sola en esa gigantesca habitación, a oscuras y con frío. Un reloj en la mesita de noche marcaba las tres de la mañana, mi cuerpo estaba cubierto con una cobija suave, pero aun así podía sentir frío, temblaba involuntariamente y mi lado irracional comenzó a llenarme la cabeza de ideas que solo aumentaban mi molestia. -Si decidí quedarme toda la noche era para dormir juntos, y n

