Hace calor aquí y no estoy segura de si es por el hecho de estar en la cama de Kieran —con Kieran— o si me ha dado fiebre. Me siento osada y valiente. Voy a echarle la culpa a las pastillas que tomé para la fiebre, el dolor de cabeza, la tos, etcétera.¡Esas cosas adormecen mi buen juicio! Con la audacia corriendo por mi sangre, recorro su rostro con la mirada hasta llegar a mi objetivo. Me acerco con lentitud a su boca, casi rozando nuestros labios. Alargo el preámbulo todo lo que puedo, sabiendo que Kieran desea esto tanto como yo. Cierro los ojos muy despacio y, cuando hasta yo estoy convencida de que lo besaré, me aparto. ¿Por qué? El celular de Kieran se ilumina al recibir una llamada y comienza a sonar desenfrenadamente. Ambos nos sobresaltamos y, como ya se ha destruido el moment
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