Treinta y tres

3201 Words

—¿Puedo pedirte algo? —digo ya montada en el auto, luego de soltar un estornudo. Kavinsky acaba de encender el motor. Desvía sus ojos hacia mí, brindándome su atención. —¿Qué? —me incita a hablar. Me centro en el esmalte saltado de mis uñas mientras le expreso mi petición. —No quiero ir a casa. —Tessa, debes descansar... —comienza a recordarme como si no lo supiera. —Lo sé —lo corto y suspiro pesadamente —. Solo... ¿Podrías llevarme a otro sitio? Cualquier lugar que no esté plagado con mi familia. En los instantes en que piensa su respuesta mi mente se transforma en un verdadero calvario. Me siento como una tonta. No entiendo cómo soy capaz de pedirle algo así a él. Siento que estoy mendigando por una respuesta afirmativa. No sé ni por qué le permito llevarme; es obvio que soy una c

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD