Dos

1665 Words
¿Qué pasó? El muy infeliz si se atrevió. La escena fue algo así: Kavinsky levantó su ceja derecha, desafiándome. Corrió por el pasillo, hacia las mesas de afuera, al aire libre. Cruzó el patio a toda velocidad, usándolo como atajo para llegar a la entrada de la institución, siguió y siguió hasta el convertible n***o de Gale. Ellos se conocían y eran amigos. Ambos pertenecían a el equipo de lacrosse, hasta que mi hermano empezó la universidad, para mi mala suerte aquí en la ciudad. No es mal hermano, es molesto aunque nada fuera de lo común, solo que yo quería su habitación como una especie de sala de estar, donde poder acumular cosas; libros, un sillón, pensaba en una televisión y un minirefrigerador lleno de chocolates, caramelos y helado. Hicieron el típico saludo de machos pecho peludo, juntando sus manos, dándose un medio abrazo y palmeándose la espalda. Mientras tanto, yo recuperé el aliento. —Gale, tengo algo que puede interesart ... —Salté sobre Kavinsky, ya que es mucho más alto que yo, y le tapé la boca. Gale nos miró confundido. —¿Qué haces, Tessa? —Na-nada. Kavinsky y yo somos así. Unidos. —Se mostró aún más confundido y me di cuenta de que no se lo tragaba ni un poquito. En su defensa, yo tampoco me lo tragaría. —¿Desde cuándo? —Frunció el ceño. —Desde hace meses, Gale, no estás enterado de todo lo que sucede en mi vida. —Rodé los ojos, sobreactuando demasiado. Soy una pésima mentirosa—. Ya sabes, somos buenos amigos. —Sí, claro... espero que tú no te sobrepases con ella —le advirtió al sujeto que estaba justo debajo de mí. Me espantó el horror de sus palabras y caí hacia atrás. Me levanté por mi cuenta y sacudí mi ropa. Mi hermano no es lo que se dice un caballero y Kavinsky ni se acerca, preferí pararme yo misma a esperar que me ofrezcan ayuda toda mi vida. —¡¿Qué?! —exclamamos Kieran y yo, a la vez. —Ni en sueños. Kavinsky no me gusta, ni nada parecido. Eso es casi imposible. —Y tu hermana no es mi tipo —secundó—. Sin ofender. Los científicos tratan de mandar hombres a la luna, viajar en el tiempo y muchas otras cosas inútiles en vez de crear un chocolate infinito, o averiguar el porqué de que los chicos de este siglo... perdón, me corrijo, los chicos en general son tan idiotas, o, y por esto hablo por el bien de la humanidad, buscar una cura para tal grado de estupidez en el sexo masculino. —No te preocupes. Ese comentario equivale a diez cumplidos. Muchas gracias —le dediqué mi mejor cara de "me importas una mierda", él mostró su lindo dedo del medio. Yo le saqué la lengua. —Hola, sigo aquí —nos dice mi hermano—. Digamos que les creo. ¿Qué querías Kavinsky? —Oh... —Clava sus ojos en mí—. Yo quería... —Pisé fuertemente su pie, haciendo que se detenga y suelte un quejido. Kavinsky me observó como si planeara mi asesinato. Gale observó su teléfono y dijo: —Debo irme. Ya que son amigos, ¿puedes llevarla, Kieran? —Éste me dedicó una sonrisa siniestra. —Claro. ¡Cuídate Grier! —¡Es tan odioso! Mi hermano se fue hacia su auto dejándome sola con el diablo. Kieran alzó una ceja—. ¿Qué dices ahora, Tessa? Aplasté mis labios en una línea. Conté hasta diez para calmarme. Respiré hondo y me dije que debía mantener la calma. —Bien. Pero quiero el video y todas las copias, y si me mientes, encontraré la forma de hacerte sufrir. ¿De acuerdo? —Sí, como quieras. —Solo no olvides que yo tengo un pie y tú dos testículos. No dudaría ni un segundo en dejarte sin día del padre. No te pases de listo —le advierto. —Cállate, Theresa. —Se acercó y tocó mi nariz—. El que amenaza aquí soy yo. —Sí, sí. No quiero que me lleves, tomaré el autobús. —Bien, adiós. —Hizo un saludo estilo militar guiñando un ojo. Ja, ¿este qué se cree? No es el galán de ninguna película. Y así básicamente es como acabé sentada en la biblioteca de la ciudad un viernes en la tarde. —¡Tessa! ¡Theresa! —El idiota de Kavinsky mueve mi brazo y se lleva como recompensa un codazo—. Te estoy hablando. Agradecería que me respondieras. —Bueno, ahora tendrás que repetirlo. —Vuelvo a mi celular. Jen quiere que hagamos algo mañana. Lo veo difícil con Kieran como mi nueva sombra. —Te dije que... —Me arrebata mi teléfono al ver que no le presto ni un poco de atención—. Esto me lo quedo yo. —¿Qué haces? Lo guarda en su mochila. —Elimino las distracciones. —Se sienta—. Obviamente no todas las distracciones, lamento si te distraes por mí. —¿No puede dejar su ego de lado por cinco segundos? —¡Devuélvelo, Kavinsky! —Shhh. —La bruja de la bibliotecaria nos calla. Ruedo mis ojos. —Tienes razón, estoy en grave peligro. Mejor me voy a casa antes de que termine hipnotizada por ti. Tomo mi mochila y justo cuando estoy por levantarme vuelve a hablar con su linda y estúpida voz. —Tú te quedas. Necesito tus consejos. Necesito los consejos de una nerd. Mi paciencia se está acabando. —¿Qué esperas que te diga? —pregunto exasperada —. De los dos tú eres el experto en ligues. —Tienes razón. —¿Kieran sabrá que es la modestia? Lo dudo—. Aunque de los dos tú eres la que tiene v****a. Tú entiendes a las chicas. Lindy es extraña y tú también lo eres. —No soy extraña. Soy única —lo corrijo—. Y Lindy tampoco es extraña. Ella es romántica. Cualquiera que la observe durante unos minutos se da cuenta que lo que espera de un chico es que sea un príncipe azul. Kavinsky frunce el ceño sin comprender. Este chico tiene el cerebro del tamaño de un grano de arena. —Quiere que le regales flores, chocolates, poemas, que le dediques tiempo. Ese tipo de cosas. —¿No puede conformarse con unas cuantas palabras? ¿Qué los playboys no entienden nada? —No. Eso forma parte de hacerse la difícil. Guarda silencio. Supongo que debe estar digiriendo que por una vez él no es suficiente para una chica. —¿Y qué te gusta a ti? —me encuentra desprevenida. Lo miro a los ojos y tomo asiento a su derecha. —A mi no me gustan esas cosas. Están muy gastadas. Hace un buen rato que dejaron de ser originales. Si alguien me regala un chocolate no lo voy a despreciar, digo, amo el chocolate, pero prefiero la originalidad. —¿Cómo qué? Pienso por un momento. —En vez de flores preferiría, no sé, algo que me guste. Con Lindy puede funcionar unos lentes de sol, perfume, o brillo labial... ¡No! Perfume no, las chicas siempre le buscan el doble sentido a todo lo que tenga que ver con chicos y tal vez piense que crees que huele feo. —Creo que entiendo —dice. Esto es grave. ¿Quién es este sujeto y qué pasó con el verdadero Kieran?, me pregunto a mí misma—. Eso suena más especial que una caja de bombones con forma de corazón. Lo miro extrañada. De verdad lo comprendió. —Sí, eso demuestra que te fijas en lo que le interesa y sabes cuales son sus gustos —explico. —Entonces, ¿tengo que observarla? —Sí —asiento. —¿Cómo un acosador? —Casi, casi se me escapa una risita, casi. —¡No! Solo... préstale atención cuando la veas. —¿No la puedes observar tú? —No. Eso no era parte del trato. Tú eres el que quiere algo con ella, no yo. —Bien, pero me ayudarás a comprarle un regalo y a planear citas. —¡Wow! Estás dispuesto a hacer lo que sea para lograr llevarla a la cama. Eres increíble. —Soy el Rey de los ligues, ¿no? Siempre consigo lo que quiero. —Si, ya me di cuenta de eso —lanzo un suspiro cargado de cansancio—, podría estar en el cine con Jen, sin embargo, estoy aquí, contra mi voluntad —le recuerdo. Apoyo mis codos en la mesa y cierro los ojos un momento, acurrucándome en el hueco que forman mis brazos; anoche no dormí muy bien. —Deberías estar feliz. —Siento su respiración muy cerca de mí. Abro mis ojos encontrándolo a centímetros de mi rostro—. Estás conmigo, a solas. —Su tono seductor me repugna—. Muchas matarían por estar en tu lugar. —Lástima que no soy una de ellas —digo impasible. Suelta una risa grave. —No estés tan segura. Ni tú, que eres tan fría podrías resistirte a mí. —¿A qué te refieres? —Lo más probable es que te enamores de mí. —¡Por Dios! Su ego crece a cada instante—. Espero por tu bien que no lo hagas porque no hay posibilidades de que me gustes, terminarías con el corazón roto y te negarías a seguir ayudándome con Lindy. Arruinarías mi perfecto récord con las chicas. Mi escasa paciencia se agota. Agarro el cuello de su camiseta. —Escúchame bien Kavinsky, porque lo diré una sola vez. —Sus ojos están muy abiertos—. Nunca, nunca voy a sentir algo por ti y jamás podría enamorarme de ti. Antes muerta que caer en tus redes. Lo suelto, tomo mi mochila, mi celular, y me voy.
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