—¡Ya basta, Tessa! —grita mi madre con exasperación provocando que me sobresalte —. Sé que eres mi hija pero en este momento quiero lanzarte por la ventana. Dime, ¿qué es lo que te tiene tan nerviosa? Mis uñas recién pintadas de n***o repiquetean en el cristal del auto de mamá. Llevaba haciendo eso desde que subí al coche. Es molesto e irritante, aunque hay peores. Es esto o retorcerme el cabello hasta quedar calva, o morderme el labio —algo que de todas formas hago— hasta que ya no le llegue sangre, o arrancarme hasta las cutículas de mis uñas —cosa que considero desagradable—. Prefiero seguir golpeando el vidrio, no es una manera tan efectiva para liberar el estrés pero funciona. —Nada. Mamá me observa por su periferia dejando claro que no se traga mi corta respuesta. —Theresa, te co

