5. Sentimientos

1351 Words
Era tan difícil hablar de sentimientos que Madison se quedaba corta, se bloqueaba incluso cuando le tocaba hablar de amor, alegría o de cualquier emoción positiva. Ethan le había dado el mayor desafío de su carrera cuando le pidió escribir la parte romántica de su escrito. Cuando la besó por primera vez, Madison obtuvo la inspiración que por mucho tiempo le faltó al pensar en ese beso ella escribió dejando florecer los sentimientos que jamás imaginó tener. Es así cómo surgió la Madison romántica. La escena con Jason fue desafiante y sacó de ella lo peor. Salió a flote de nuevo la Madison que no creía en el amor pues ver que su ex le reclamara cuando ella era totalmente libre de estar con quién quisiera provocaba que Madison quisiera golpearlo y sacarle en cara todas las faltas, sin importarle lo que pudieran decir los demás. Ethan le sugirió calmarse y pensar con claridad. El muchacho de cabello cobrizo cerró la puerta de la oficina y le invitó a sentarse de nuevo en el sofá. Ethan le buscó agua y se la entregó. Madison, mientras tanto, procuraba calmarse. —¿Puedo saber quién es él? —Le preguntó Ethan con curiosidad. —La escoria humana más grande que pudiera existir —escupió la morena Madison con desprecio. Ethan elevó una ceja y sus labios se curvaron en una sonrisa divertida—. ¿Qué? —inquirió antes de tomar agua de nuevo. —¿Así describen a los ex ahora? —Ante aquella interrogante, Madison no pudo evitar escupir toda el agua y Ethan socavó una carcajada—. Tomaré eso como un sí rotundo. —————❤————— Ese día, fue Ethan quien la llevó de regreso al hotel donde se estaba hospedando. Ethan le preguntó si pensaba quedarse mucho tiempo en Miami, Madison, con toda la sinceridad del mundo, respondió que duraría lo que fuera necesario hasta que hiciera su sueño realidad. Ethan asintió comprendiendo de qué hablaba la morena. Madison había dejado claro que su viaje era solo por temas de trabajo, no planeaba enamorarse ni mucho menos. —¿Y piensas quedarte en este hotel toda la vida? —Preguntó Ethan, apenas apagó el vehículo, con sus ojos puestos sobre ella. Por supuesto, esa interrogante le hizo ruido a Madison y lo miró de inmediato. —¿Qué propones? —Le demandó ella, con serenidad en el rostro y su tono de voz. —Bueno... —Ethan parecía nervioso y la respuesta que tenía en mente se le fue al quedarse prendado de su mirada. Por suerte, reaccionó a tiempo para poder responder—: Puedo ayudarte a encontrar un mejor lugar para vivir —comentó con una sonrisa sincera. Madison lo miró incrédula—. ¿No me crees? —¿Por qué harías eso? —Ethan le dio una sonrisa. —¿Por qué no hacerlo? —inquirió a la vez que encogía sus hombros. Ella bajó del auto, se despidió de él y sin decir nada más, él emprendió camino hasta su casa. Un poco más tarde, Ethan se encontraba en su apartamento, desvistiéndose para darse una ducha. Había ido primero al gimnasio a entrenar y drenar lo que sentía. Estaban pasando muchas cosas en los últimos días, y la llegada de esta chica suponía el inicio de una nueva etapa en su vida. Durante la ducha, llegaron a su mente algunas palabras producto del latente recuerdo de sus besos. Así que, para no dejarlo escapar, tomó su móvil y lo escribió en la app de notas. Sus besos eran medicina para mí. Besarla me ayudaba a desconectarme del mundo y sus problemas; si de droga se tratara, ella era mi marca personal de heroína. ¿Y qué decir de su sonrisa? Era tan preciosa, nunca antes vio nada igual. Aquella dentadura tan perfecta, sus labios rojos y gruesos, sabor a miel. Su mirada era tierna por las buenas, pero ay del que la lastimaba. Conocería la peor parte de su vida y no tendría escapatoria alguna. «¿Qué demonios estás escribiendo, Ethan?», se reprochó a sí mismo luego de leerlo. «Parece que estuvieras enamorado de ella». ¿Y si lo estaba? ¿Habría algún inconveniente con ello? ¡Bah! Se deshizo de esos pensamientos y se acostó a dormir, con una enorme sonrisa en el rostro. Tal vez sí estaba enamorado de ella, pero no se daba cuenta o no quería admitirlo delante de ella para no salir lastimado. Ya Madison había dejado claro que no planeaba enamorarse pero el beso de esa tarde reflejaba algo completamente diferente a lo que estaba acostumbrado. Aquella noche fue la primera vez que Ethan y Madison se soñaron. Fue tan romántico, tan especial. Al día siguiente, Madison se levantó temprano. Más de lo usual, a decir verdad. Tomó su cuaderno e inspirada por el sueño que tuvo con Ethan, decidió escribir algo. Ese día no tendría sesión, pero como quiera, él fue a verla en el hotel, lo que la sorprendió. No esperaba su visita. Antes de que Ethan llegara, Madison hablaba con Christian, su mejor amigo, y este le dijo: «ese chico realmente está interesado en ti, no lo eches a perder». Madison colgó al ver la figura de Ethan tallada sobre el marco de la puerta de su habitación. —¿Qué haces aquí? Ethan la miró y respondió "Pues vine a verte" cómo si fuera algo obvio. En sus ojos, Madison pudo ver la sinceridad y recordó las palabras de Christian. Su mejor amigo nunca le mentiría al respecto. Eso lo tenía bastante claro. Un mensaje le hizo volver la mirada al portátil. Decidió ignorar el mensaje y a la persona cuando vio que no era nada importante. Miró a Ethan y este le sonrió. —Se me antoja un vaso de chocolate o café. Sonriente, Ethan asintió —¿Frío o caliente? —Cualquiera de las dos está bien. Ethan esbozó una amplia sonrisa antes de sacar de una bolsa dos vasos de café mocca. Revisó el correo y se percató de varios mails que no había leído. La mayoría eran cartas de las diferentes universidades de Estados Unidos a las que había aplicado. Pero la portátil decidió colgarse y ella, en su impaciencia, movía los dedos sobre la mesa, mientras esperaba a que la portátil reaccionara; golpeaba el tablero de forma entrecortada, mostrando mi ansiedad. De pronto, Madison sintió los dedos del rubio sobre los suyos, manteniéndolos quietos. —Parece que estás algo nerviosa hoy, ¿no? — murmuró en su oído, él sabía bien como activar los nervios. Madison levantó la mirada, intentando soltar una contestación sarcástica, pero el rostro de Ethan estaba más cerca de lo que esperaba. Sus ojos pendían apasionados a pocos centímetros de los ojos de la morena, y notaba su aliento cálido contra sus labios abiertos. Podía sentir su sabor en mi lengua. Ya no podía acordarse de la respuesta ingeniosa que había estado a punto de soltarle. Ni siquiera podía recordar su nombre. No le dio siquiera la oportunidad de recuperarse. De ser por ella, pasaría la mayor parte del tiempo besándolo. No había nada que hubiera experimentado en su vida que pudiera compararse con la sensación que le producían sus labios. Eran suaves y tan dulces al deslizarse sobre los de ella. Por lo general, no solía salirse con la suya. De hecho, se sorprendió un poco cuando sus dedos se entrelazaron dentro de su pelo, sujetando el rostro de ella contra el suyo. Madi tenía los brazos firmemente asidos al cuello de Ethan y hubiera deseado ser más fuerte para asegurarse de que podría mantenerlo prisionero así para siempre. Solo unos segundos más, y la apartaría con destreza, diciendo que había arriesgado su vida lo suficiente para una tarde. Por supuesto, Madi no dudó en aprovechar al máximo los últimos segundos y se aplastó contra él, amoldándose a la forma de su cuerpo. ¡Era tan perfecto en todos los sentidos! No existía nada en el mundo humano que pudiera competir con semejante criatura.
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